Hay que elogiar la modalidad con que ha sido organizada esta mesa, con tres enfoques tan diferentes: no es común contar con la oportunidad de reunir estas distintas perspectivas; en un tema que, como muy bien planteó el Dr. Marietán en su introducción, no se puede considerar completo, cerrado en ninguna de las tres perspectivas que intervienen en esta mesa.

Lo que se designa con el término de psicopatía no es exactamente coincidente en cada uno de estos enfoques, la superposición es sólo parcial. Pero es notable la cantidad de puntos de contacto. Esto no es raro; que se trate de niveles o abordajes diferentes no quiere decir que sean incompatibles.

No sé si se sabe que Freud, el creador del psicoanálisis, estaba convencido de que, con el tiempo, todo lo que él enunciaba con los conceptos psicoanalíticos que estaba inventando encontraría su traducción y su modo de ser enunciado en términos químico-biológicos. En su época no existían los conocimientos que tenemos en este momento sobre genética, ni sobre neurotransmisores; ni siquiera se había descubierto entonces la neurona como elemento fundamental del sistema nervioso. Sin embargo, en muchos sentidos podemos decir que ciertos conceptos freudianos anticipan el descubrimiento de la neurona, y por eso muchas de sus hipótesis están formuladas en esos términos: de facilitación o resistencia en el pasaje de los estímulos entre diferentes elementos de lo que él consideraba un aparato psíquico.

La posición de los psicoanalistas actuales no podría ser la de Freud. Tenemos claro que psicoanálisis y biología son dos disciplinas completamente diferentes. Lo que no impide que, cuando se aplican a un mismo campo, surjan algunas conclusiones convergentes.

Por motivos de extensión, no me detendré a comentar especialmente algunos de los puntos en común con las exposiciones precedentes; pero el lector podrá reconocerlos, ya desde el primer ordenamiento presentado por el Dr. Mata de los distintos niveles de determinación, genéticos, ambientales, etc., en los que se puede reconocer claramente el concepto freudiano de series complementarias.

En otro orden de cosas, desde la perspectiva de la semiología psicoanalítica, lo que la psiquiatría tradicionalmente delimitó como psicopatías aparece como una categoría compuesta por grupos heterogéneos ya que conviene distinguir la psicopatía propiamente dicha de las personalidades antisociales. Una cosa es el antisocial que en su acto delictivo utiliza la violencia y la coerción contra la voluntad del otro, y otra muy distinta es el psicópata que para ese mismo acto logra obtener, con una habilidad notable, la complicidad, o por lo menos el consentimiento de la voluntad del otro. Es por eso que resulta sorprendente la coincidencia con la distinción de Lewis y Siever introducida desde la perspectiva de la biología.

En la orientación lacaniana dentro del psicoanálisis, las psicopatías no tienen un lugar claramente determinado. La clásica clínica freudiana, la nosología freudiana recuperada por Jacques Lacan, organiza el campo psicopatológico fundamentalmente en tres categorías clínicas: las neurosis, las psicosis y las perversiones; y las psicopatías no tienen claramente un lugar en este sistema.

En la propuesta inicial del Dr. Marietán, organizador de esta mesa, el primer bosquejo de la distribución de los temas, el abordaje psicoanalítico figuraba bajo el nombre de perversiones. En ese momento, me pareció que, dado que el término perversiones en la psiquiatría y el psicoanálisis se refiere muchas veces específicamente a patologías de la sexualidad, ya sea en el orden fálico –fetichismo, travestismo– o en el del objeto -exhibicionismo, sadismo, etc.–, me pareció conveniente que estableciéramos como título: patologías de la acción y de la culpabilidad, tomando dos rasgos esenciales de lo que, de una manera más o menos constante, se ha categorizado como psicopatía, ya que delimita rasgos específicos en la modalidad de la acción y también en la culpabilidad.

En el psicoanálisis no tenemos una perspectiva conductista; cuando hablamos de acción no necesariamente nos referimos a algo equivalente a movimiento. Desde el punto de vista psicoanalítico, la acción implica siempre necesariamente el lenguaje y, por lo tanto, también la relación con el otro. Esta relación con el otro puede determinar una acción fundamental muchas veces con un movimiento mínimo. En el diálogo, simplemente contestar que no, o no contestar, lo cual es una forma de respuesta, puede constituir una acción muy determinante. Es decir que cuando hablamos de acción desde el punto de vista psicoanalítico nos superponemos sólo parcialmente con el abordaje de ese campo desde otras perspectivas.

Dado que existen estos dos rasgos esenciales, una patología en la acción y en la culpabilidad, había pensado organizar mi exposición en términos de ciertas patologías de la acción que han sido estudiadas y descriptas por el psicoanálisis en sus diferentes corrientes y orientaciones. Por ejemplo, el concepto de acting-out y el concepto de pasaje al acto. Sin embargo, a medida que elaboraba el tema he llegado a la conclusión de que la propuesta inicial del Dr. Marietán era la correcta, y que si podemos, no extrapolar, sino generalizar lo que en el psicoanálisis ha sido caracterizado para la perversión, si podemos generalizarlo para campos que no sean específicos del ejercicio de la sexualidad, es allí donde encontraremos las categorías fundamentales para describir los rasgos de la psicopatía.

Freud definía las perversiones en su relación con las neurosis como el derecho y el revés; él decía: el negativo y el positivo. Las neurosis son a las perversiones –decía– como en una fotografía el negativo es al positivo. Hoy podríamos aplicar esta oposición a la relación entre las neurosis y las psicopatías, haciendo una comparación con lo que el psicoanálisis construyó como concepto de neurosis obsesiva. Podemos ver de esta manera cómo los rasgos se oponen punto por punto en el obsesivo y en el psicópata. Del lado del obsesivo está la patología del autorreproche, el remordimiento, la culpabilidad; del lado del psicópata, lo que podríamos llamar: la inocencia, es decir –en los términos con que lo destacó el Dr. Marietán–, la creación de códigos propios. Pues son códigos que, efectivamente, en relación con los códigos comunes y compartidos, hacen que la culpa quede siempre del lado del otro. En estas categorías psicoanalíticas para describir la acción, que son inseparables de la relación con el otro, tenemos del lado de la obsesión, entonces, la autoculpabilidad; del lado de la psicopatía, la héteroculpabilidad. Lo cual quiere decir que en términos psicoanalíticos podríamos incluir a las psicopatías también como una patología del superyó, en la medida en que esta instancia tiene como origen la internalización de ciertas pautas sociales, entre ellas, las éticas o morales.

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Un comentario

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  1. 01
    francy 19 septiembre, 2001 21:23

    mas dudas. hola…
    se podria tener conducta psicopatica narcisista
    y a la vez un gran sentimiento de culpa que se
    resuelve proyectandola en otras personas y ó
    sumergiendola en el inconciente hasta olvidarla..
    podria ser?

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