REVISTA ELECTRÓNICA DE PSIQUIATRÍA
Vol. 3, No. 4, Diciembre 1999
ISSN 1137-3148

Patología psíquica y demanda de atención médica
Villaverde Ruiz, M.L. * - Fernández López, L. * - Cejas Méndez, R. ** - Gracia Marco, R. **

*Departamento de Enfermería (área psiquiatría). Universidad de La Laguna
**Departamento Psiquiatría. Universidad de La Laguna
Psiquiatras.

Correspondencia:
Dra Mª Luz Villaverde Ruiz.
Escuela Universitaria de Enfermería.
Campus de Ofra s/n, C.P. 38200.
Universidad de La Laguna. Tenerife.
Islas Canarias. España.
Tfno: 922 319288
Fax: 922 319427, 922 319402.
E-mails: Mª Luz Villaverde Ruiz y Ramón Gracia Marco
ARTÍCULO ORIGINAL

 

Introducción.
Objetivos
Material y método
Resultados
Discusión
Conclusiones
Referencias bibliográficas.


Introducción

La demanda de atención médica parece estar influenciada por la morbilidad psiquiátrica y son múltiples los estudios que constatan que los personas afectas de un desorden psíquico consultan casi el doble con sus médicos de atención primaria que las personas no afectas de un desorden psíquico (Finlay-Jones & Burvill, 1978 (1) ; Burvill & Knuiman, 1983 (2); Williams y cols, 1986 (3); Anderson & Laake, 1983 (4); Vazquez Barquero y cols, 1990, 1992 (5,6)). Otro factor que parece influir en la demanda de atención es el sexo, siendo la mujer más proclive a consultar que el hombre (Gove & Tudor, 1973 (7); Finlay-Jones & Burvill, 1978 (1); Goldberg y Huxley, 1980 (8); Williams y cols, 1986 (3); Briscoe 1987 (9); Vazquez Barquero y cols, 1990, 1997 (5,10)).

La primera evidencia empírica respecto a la magnitud de la contribución de la morbilidad psiquiátrica menor a las consultas de los médicos generales fue realizada por Shepherd y cols (1966) (11), con posterioridad muchos estudios recientes han confirmado que aproximadamente el 20% de las personas que acuden a centros de atención primaria sufren un trastorno psíquico bien definido, alcanzando el 40% si consideramos desordenes menores, (Williams y cols, 1986 (3); Barret y cols, 1988 (12); Ormel y cols, 1990 (13); Martínez Alvarez y cols, 1993 (14); Üstün y Sartorius, 1995 (15); Goldberg 1995 (16); Vazquez Barquero 1997 (10)).

A pesar de la contribución de la morbilidad psiquiátrica a los servicios de atención primaria, diversos autores estiman que aproximadamente la mitad o más de los pacientes con enfermedades psíquicas que acuden a servicios de atención primaria no son correctamente diagnosticados por su médico (Bellantuono y cols, 1987 (17); Ormel y cols, 1990 (13); Araya y cols, 1994 (18); Higgins, 1994 (19); Üstün y Sartorius, 1995 (15); Coyne y cols, 1995 (20); Tiemens y cols, 1996 (21); Vazquez Barquero y cols, 1997 (10)), este porcentaje de patología que no es correctamente identificado se conoce como morbilidad psiquiátrica oculta (Goldberg y Blackwell, 1970 (22)). Las dificultades en la identificación se relacionan tanto con factores ligados al paciente, entre ellos destacamos la presentación somática de los síntomas (Bridges & Goldberg, 1985 (23) ; Gater y cols, 1991 (24); Kirmayer y cols, 1993 (25); Ustun y Sartorius, 1995 (15); García-Campayo y cols 1996 (26)) y la intensidad de la psicopatología, a menor intensidad de la misma menor identificación, (Ormel y cols, 1990 (13); Coyne y cols, 1995 (20); Tiemens y cols, 1996 (21)) como con la capacidad del médico para diagnosticar estos trastornos. Por otra parte, el reconocimiento no siempre conlleva un adecuado tratamiento, bien porque el psicofármaco prescrito no sea el adecuado o porque se utiliza a dosis más bajas de las recomendados o por menos tiempo del recomendable (Eisenberg L, 1992 (27); Kerr, 1994 (28)).


Objetivos



Material y método


Diseño y muestra: El estudio fue realizado en una muestra representativa de población urbana en el Municipio de La Laguna, Tenerife (Islas Canarias, España), utilizando un análisis transversal en dos fases. La muestra de la 1ª fase se elaboró a partir del censo electoral, con carácter aleatorio y estratificado según edad y sexo de la población con 16 años o más, y consta de un total de 660 personas (340 mujeres y 320 hombres). La muestra de la 2ª fase incluye el total de personas que puntuaron 5 ó mas en el cuestionario de screening GHQ-28 (probables casos) y a un número similar de personas con puntuaciones inferiores a 5 puntos (probables no casos) seleccionadas al azar. El tamaño total de la muestra fue de 249 personas, 124 GHQ positivos y 125 GHQ negativos.

Tabla 1
Muestras de la 1ª y 2ª fase del estudio según puntuaciones en el GHQ
  Muestra de la 1ª fase según puntuaciones en el GHQ Muestra de la 2ª fase según puntuaciones en el GHQ
   Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total
 EDAD 0-4 ³5 0-4 ³5 0-4 ³5 0-4 ³5 0-4 ³5 0-4 ³5
16-24 75 7 78 9 153 16 14 7 12 9 26 16
25-34 62 11 57 18 119 29 13 10 12 18 25 29
35-44 49 7 39 18 88 25 12 7 10 17 22 25
45-54 39 4 33 14 72 18 10 4 10 14 20 18
55-64 25 8 22 15 47 23 8 7 8 14 16 23
³65 27 6 30 7 57 13 8 6 8 7 16 13
Total 277 43 259 81 536 124 65 41 60 79 125 120

Tabla 2
Casos psíquicos, evaluados con la entrevista CIS,
y puntuaciones en el GHQ en la muestra de la 2ª fase por sexo

Puntuaciones CIS Puntuaciones GHQ (2ª fase) Total muestra2ª fase
Hombre Mujer
0-4 ³5 Total 0-4 ³5 Total Número %
Nº casosCIS < 2 62 16 78 55 27 82 160 87,1
Casos psíquicosCIS ³ 2 3 25 28 5 52 57 85 12,9
Total 65 41 106 60 79 149 245 100,0

Evaluación de la patología psíquica: Todas las personas incluidas en la muestra de la primera fase del estudio fueron entrevistadas en sus domicilios con la versión española del cuestionario de screening GHQ-28 (Goldberg & Hillier, 1979 (29); Lobo y cols, 1986 (30)). Todos aquellos que obtuvieron 5 ó mas puntos en este cuestionario fueron considerados probables casos psíquicos. Todas las personas incluidas en la segunda fase del estudio fueron entrevistadas, en sus casas por un equipo de dos psiquiatras, usando la versión española de la entrevista clínica semiestructurada CIS (Goldberg y cols, 1970 (31); Lobo, 1984 (32)). El criterio de caso psíquico fue obtener una puntuación igual ó superior a 2 puntos en la sección objetiva de esta entrevista. Los diagnósticos fueron emitidos siguiendo los criterios DSM-III-R (A.P.A, 1989 (33)).

Contacto con servicios de atención primaria: Incluye a todos aquellos sujetos, de la muestra de la primera fase, que admiten haber consultado con su médico de atención primaria en las dos semanas previas al estudio.

Evaluación de los tratamientos: Todas las personas fueron preguntadas respecto a los tratamientos que tomaban, a la dosis que lo hacían y al médico que les había prescrito el tratamiento.

Análisis estadístico: El análisis univariante entre los grupos se realizó utilizando el estadístico chi cuadrado. Se estableció un valor de P<0.05 como indicativo de significatividad.



Resultados

  1. Prevalencia psiquiátrica en la comunidad: En la muestra de la 1ª fase del estudio encontramos 124 personas (43 hombres y 81 mujeres) "probables casos psíquicos" (puntuaciones ³ 5 puntos en el GHQ) y en la 2ª fase del estudio, de evaluación psicopatológica con la entrevista clínica CIS, confirmamos 85 "casos psíquicos" (27 casos entre los hombres y 58 entre las mujeres), tablas 1 y 2. Los trastornos más frecuentes son los de ansiedad y los depresivos.
    Tabla 3
    Distribución de la patología psíquica según diagnósticos DSM-III-R
    Diagnósticos Hombres Mujeres Total
    nº de casos nº de casos nº de casos %
    T. ansiedad 10 23 33 38.8
    T. adaptativos 4 6 10 11.8
    T. depresivos 8 24 32 37.5
    T. psicóticos 1 1 2 2.4
    T. abuso/
    dependencia alcohol
    4 2 6 7.1
    Demencias 1 1 2 2.4
    Total 28 57 85 100

  2. Morbilidad psiquiátrica y consultas al médico de atención primaria por sexo: El 15.3% de la población no enferma psíquica (12.3% hombres y 17.7% mujeres) consultó con su médico de atención primaria en las dos semanas previas al estudio frente al 29,5% de la población enferma psíquica (25% hombres y 31,6% mujeres). Los enfermos psíquicos consultaron casi el doble que los no enfermos psíquicos, confirmándose una asociación significativa entre morbilidad psiquiátrica y consultas al médico general en ambos sexos (X2 = 62.86, g.l.=1 1, P<0.001, hombres x2 = 23.00, g.l.= 1 , p<0.001¸mujeres X2=32.22, g.l. =1, p<0.001). En relación al sexo, las mujeres en general consultaron significativamente más que los hombres a los médicos de atención primaria (X2 = 4.570, g.l. =1, p<.05).
    Tabla 4
    Morbilidad psiquiátrica y contactos con el médico de atención primaria por sexo.
      Hombres Mujeres Total
    nº de casos casos nº de casos casos nº de casos casos
    % % % % % %
    Contacto Médico general 37 12.3 7 25 50 17.7 18 87 15,3 25 29,5
    No contacto Médico general 255 87.7 21 75 233 82.3 39 488 84,7 60 70,5
    Total 292 100 28 100 283 100 57 100 575 100 85 100

  3. Proporción de patología psíquica reconocida y tratada por el médico de atención primaria (MAP): El índice de identificación de patología psíquica por parte del MAP fue del 60% (57,1% hombres y 61,1% mujeres), porcentaje que se reduce al 44% (42.8% hombres y 44.4% mujeres) si consideramos sólo los casos adecuadamente tratados.
    Tabla 5
    Proporción de casos psíquicos identificados y correctamente tratados por el médico de atención primaria por sexo.
      Casos psíquicos Contacto médico Casos Identificados Casos Tratados correctamente
    % % %
    Hombre 28 7 4 57,1 3 42,8
    Mujer 57 18 11 61,1 8 44,4
    Total 85 25 15 60 11 44

  4. Porcentaje total de patología psíquica tratada: Entre las 85 personas afectas de algún desorden psíquico, sólo 26 (6 hombres y 20 mujeres) recibían tratamiento para su patología, lo que representa un porcentaje del 30.6% (21,4% en hombres y 35,1% en mujeres).

Discusión

En este estudio encontramos que el 29,5% de los enfermos psíquicos (25% hombres y 31.6% mujeres), evaluados con la entrevista clínica CIS, establecieron contacto con su médico general en las dos semanas previas al estudio, cifras muy similares a los obtenidos por Williams y cols (1986) (3); Vazquez Barquero y cols (1990) (5); también encontramos, en concordancia con estos autores y otros (Goldberg y cols, 1976 (34); Burvill & Knuiman, 1983 (2); Anderson y Laake, 1987 (4); Vazquez Barquero y cols, 1992 (6)), una relación significativa entre morbilidad psiquiátrica y consultas al médico general, confirmándose que la enfermedad psíquica es un factor importante de demanda médica. Al igual que en otros estudios de referencia, las mujeres consultan significativamente más que los hombres, independientemente de la presencia de enfermedad psíquica, (Kessler y cols, 1981 (35); Briscoe, 1987 (9); Williams y cols, 1986 (3); Vazquez Barquero y cols, 1990, 1992 (5,6); Gater y cols, 1991 (24)). Estas diferencias sexuales respecto al establecimiento de contacto con profesionales de la salud podrían ser parte de un patrón de conducta enferma (Mechanic 1978 (36)), y diversos autores han sugerido que las mujeres están más preparadas para reconocerse como enfermas y más dispuestas a buscar la ayuda de un profesional (Briscoe, 1987 (9)).

El índice de identificación de patología psíquica por parte de los médicos de atención primaria fue del 60% y el porcentaje de "morbilidad psiquiatrica encubierta" del 40%, porcentaje de casos que no han sido correctamente identificados, (Goldberg y Blackwell, 1970 (22)), alcanzando el 56% si consideramos sólo la patología correctamente tratada. Estos resultados se asemejan a los encontrados en otros estudios recientes, en los que los índices de identificación de patología psíquica por parte del médico de atención primaria se sitúa en torno al 50% (Bellantuono y cols, 1987 (17); Ormel y cols, 1990 (13); Higgins, 1994 (19); Üstün y Sartorius, 1995 (15); Coyne y cols, 1995 (20); Vazquez Barquero y cols, 1997 (10)).

A pesar de la significatividad en la interacción entre morbilidad psiquiátrica y contactos al médico de atención primaria, se comprueba en este estudio que una alta proporción (69.4%) de población enferma no ha establecido contacto con ningún servicio médico y permanece en la comunidad sin ser tratada. Estos hallazgos han sido también confirmados por otros autores (Burvill y Knuiman, 1983 (2); Williams y cols, 1986 (3); Vázquez Barquero y cols, 1990 (5); Regier y cols, 1993 (37); Kessler y cols, 1994 (38)).

Estos hechos demuestran, como indican Vázquez Barquero y cols, 1990 (5), la necesidad de capacitar al médico general para llevar a cabo una mejor identificación y tratamiento de la patología mental, y de sensibilizar a la población general para que aprenda a reconocer sus necesidades de atención psiquiátrica y a demandar más fácilmente ayuda para sus problemas psicológicos. Por otra parte, esta discrepancia entre presencia de síntomas y búsqueda de ayuda profesional podría explicar las diferentes proporciones de morbilidad encontradas entre los estudios comunitarios y los estudios realizados en poblaciones bajo tratamiento.


Conclusiones



Referencias bibliográficas


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