REVISTA ELECTRÓNICA DE PSIQUIATRÍA
Vol. 2, No. 4, Diciembre 1998
ISSN 1137-3148

Psiquiatría integral e integrada.
V. Conde
Catedrático de Psiquiatría. Jefe del Departamento de Psicología Médica y Psiquiatría.
Hospital Clínico Universitario, Valladolid (España)

Correspondencia:
Valentín Conde López
Hospital Clínico Universitario (Psiquiatría, Planta 11)
Avda. Ramón y Cajal, 3 - 47011 Valladolid (España)
Tel.: +34 983 42 00 00
E-mail: v.conde.l@intersalud.es
EDITORIAL

Psiquiatría integral en determinadas tradiciones filosóficas podría significar la formada por aquellas partes necesarias para su configuración global, pero no para su esencia, en caso de postularse o admitirse ésta; por ejemplo, la psiquiatría es la teoría y práctica de las enfermedades mentales que integra las dimensiones y niveles biológicos, psicológicos y socioculturales de aquéllas.

La psiquiatría integrada recuerda que forma parte de ese todo que es la medicina; también su complementariedad y relaciones entre los elementos, fenómenos, instrumentos, métodos, reglas, leyes de transformación y consecuencias resultantes de los componentes postulados. Piénsese en la necesidad de complementar diferentes conocimientos y saberes en el acto médico frente a un caso de trastorno depresivo o esquizofrénico. Al mismo tiempo, la experiencia parece mostrar que los errores surgen más por falta de información e interpretación adecuada de las relaciones entre los hechos clínicos e instrumentales que por enjuiciamientos defectuosos.

Hoy en día, quizás desde hace siglos, es difícil encontrar una actividad médica "ateórica". Siempre subyace a todo acto clínico una representación más o menos abstracta y simplificada de un conjunto de fenómenos –denominados psicopatológicos en nuestro caso– que logra una explicación científicamente plausible de los mismos, aunque parcial, transitoria y antidogmática. Parece esta rapidez en los avances y cambios científico-tecnológicos fuente de un cierto escepticismo antiteórico, cuando lo que fuerza es a diferenciar y explicitar las partes, dimensiones y niveles de la realidad clínica por una parte, de las dimensiones "esenciales", "existenciales", "fenomenológicas" o como quieran denominarse, por otra.

Si la ciencia trata de fenómenos, la filosofía de la ciencia, y en general, trata de fundamentar críticamente su profundidad y límites. La psiquiatría fenomenlógico-antropológica pretendió también en su día enraizar genética y comprensivamente los modos de ser y estar psíquicos, individuales y colectivos, así como los de los diferentes procesos, trastornos y enfermedades psiquiátricas, entendidos como modificaciones y alteraciones regulares y regladas –en el sentido de sometidas a leyes y principios de transformación y desarrollo– del comportamiento, vivencias, cogniciones, sentimientos, etc., que derivan de su naturaleza, condición y contexto humanos. Su crepúsculo no deja de impregnar la psiquiatría clínica europea cuando se plantea qué es la enfermedad mental o tal enfermedad mental, sus modos de vivenciarse, y tantas otras cuestiones que suelen englobarse como "psiquiatría, psicopatología, psicoterapia... humanísticas". También impregna más o menos conscientemente el destino de toda relación médico-paciente, aunque ésta cada vez se considere más excéntrica en relación a una medicina sin sujetos, basada en "evidencias", que desequilibra la propia relación o la deja sin identidad ni sentido.

Tampoco parece suficiente especular sobre los innumerables síndromes de deshumanización y situaciones límites propuestos en nuestro siglo y en nuestro "primer mundo", en los que se sufre hacia dentro y se trata hacia fuera. Más bien se intenta centrar lo nuclear de cada fenómeno psicopatológico como tal e integrar permanentemente nuestros conocimientos teóricos y prácticos en claridad y distinción, más allá de las descripciones en las que se ha quedado con frecuencia una supuesta psiquiatría antropológica. En último extremo se trata del viejo proyecto filosófico: sozein ta fainomena, dar soporte a lo aparente.

No se trata tampoco ahora de profundizar en las milenarias dicotomías del pensamiento europeo entre ciencia y arte clínicos, técnica y epistemología, ciencias de la naturaleza y del espíritu... Entre otras razones, porque se avanza en complejas ambiguas e inabarcables redes de conocimientos que se autorregulan, interactúan, y a veces se ensombrecen mutuamente. Sí, de llamar la atención sobre los desequilibrios entre unas y otras que crean un cierto sentimiento de desasosiego y provisionalidad en el psiquiatra clínico.

La psiquiatría actual impresiona por el inmenso y necesario crecimiento de las ciencias físico-químicas, neurobiológicas y formales. De las dos primeras no es preciso dar ejemplos por conocidos; aunque sí desterrar el temor de algunos a que los avances de la genética, la bioquímica, la neurofisiología o la neuroimagen dejen sin sujeto o sin objeto a la psiquiatría o la reduzcan a otras especialidades. Se trata aquí de recordar que aquéllas –y tantas otras– deben integrarse y ser integradas en la psicopatología general y en la psiquiatría clínica; pero lo esencial sigue siendo cada hombre enfermo mental individualizado, y en las instituciones y contextos naturales o creados por él, que le condicionan y troquelan en unos tiempos determinados (vital, vivencial, patográfico, histórico-cultural, etc.), en unos contornos que le identifican y en unos entornos en los que se desarrolla, adapta y desenvuelve.

Respecto a los avances formales, las aspiraciones a una "nosología y nosografía universales" con sus "criterios operativos", "protocolos consensuados", etc., acompañados aquéllos de epidemiologías también aspirantes a la universalidad por analogía, constituyen correctos ejemplos de cuestiones irresueltas de fundamentación filosófica, si no se quiere recaer en nuevos reduccionismos o sobregeneralizaciones con sus consecuencias en la práctica clínica cotidiana. En pocas palabras, se pueden y deben integrar los conocimientos científicos de la medicina en la psiquiatría, pero se deben intentar fundamentar los puntos de partida, al menos, de los saberes que actúan en la decisión clínica, a partir de una propedéutica que aspire a un conocimiento etiopatogénico, fisiopatolófico y patofisiológico cada vez más científico.

La aparente "falta de practicidad" de estos planteamientos, en la búsqueda de la acción inmediata, compartida en recomendaciones con frecuencia más dominantes, defensivas, socialmente correctas y únicas que basadas en la diversidad, complejidad y variedad de la experiencia clínica, es una de las limitaciones de la psiquiatría holística o comprensiva, que sigue pareciendo más aspiración que realidad. Otras limitaciones pueden ser las dificultades de tales análisis antropológicos y la falta también de una crítica ideológica y científica de las consecuencias de unas y otras prácticas y teorías psiquiátricas.

En todo caso, la psiquiatría actual parece intercurricular, interfacultativa y multidisciplinaria, lo que no dejan de ser otros pleonasmos cuando no se dispone de los necesarios equipos y foros. La psiquiatría ha estado siempre en encrucijadas científicas, tecnológicas, sapienciales y especulativas. El psiquiatra quizás debiera reflexionar, comunicar e influir más en ámbitos públicos, como hace cotidianamente en su quehacer privado, sobre los fundamentos de sus decisiones. Entre otras razones y motivos, porque una sociedad cada vez más complicada, contradictoria, diferenciada, exigente y judicalizada –entre otras características de las que sólo dan cuenta y pretenden interpretar las marginadas "ciencias humanas"– le exigirá un cierto esfuerzo de análisis consciente, crítico y razonable de su quehacer esencial, en el que se integran, junto con sus acumulativas técnicas y tecnologías, la interpretación y comprensión de la individualidad de cada ser humano enfermo mental y de sus dimensiones existenciales. Todo ello parece plantear un reequilibrio en nuestra formación, educación y en cierto modo cultura psiquiátrica, que nos permita ser más convincentes, satisfactorios y realistas en el futuro, sin renunciar a las experiencias útiles del pasado.

Referencia a este artículo según el estilo Vancouver:

Conde V. Psiquiatría integral e integrada [editorial]. Psiquiatría.COM [revista electrónica] 1998 Diciembre [citado 1 Ene 1999];2(4):[5 pantallas]. Disponible en: URL: http://www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol2num4/art_1.htm
NOTA: la fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo.


E-mail Psiquiatría.COMinfo@psiquiatria.com         Sumario Sumario      Arriba Principio de página        PSIQUIATRIA.COM. Página principal Página principal

© INTERSALUD, 1998. Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida sin la autorización por escrito del titular del copyright.