
REVISTA
ELECTRÓNICA DE PSIQUIATRÍA
Vol. 1, No. 3, Septiembre
1997
ISSN 1137-3148
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| Sentido
y contrasentidos en la Psiquiatría del presente. C. Ballús Catedrático de Psiquiatría Universidad de Barcelona |
EDITORIAL |
En sus principios la Psiquiatría hace ya un siglo y medio- tuvo sus precariedades e insuficiencias, propias del recién nacido al que le falta pasar por los distintos estadios evolutivos hasta constituirse como un cuerpo maduro o, en el caso de una especialidad médica, hasta pertrecharse de una suficiente base doctrinal y de unos medios diagnósticos y terapéuticos eficientes.
Pero no es menos cierto que no les faltó, a los padres y pioneros de nuestra especialidad, ni energía ni tesón para abrir camino a unas nuevas formas de afrontar e interpretar la "locura", ni sentido y coherencia consigo mismos y con el estado y nivel de la ciencia médica de su época. Médicos la mayor parte de ellos, cirujano alguno como nuestro A. Giné y Partagás, autor del "Tratado teórico-práctico de frenopatología" que se publicó en 1876 habían vivido y se habían formado dentro del marco, constreñido pero consistente, de la medicina científico-natural que cobró vigor con la obra de Claude Bernard, entre otros autores, unos años antes. Fue así como acordes con sus propios conocimientos empezaron, en líneas generales, a descubrir y experimentar una psiquiatría bajo el modelo científico-natural de la época. Todo lo cual nos parece coherente y con sentido, ya que los inicios se benefician partiendo de algo ya establecido, que "tiempo habrá" para el polifacetismo cuando no para la diáspora y los contrasentidos.
Y fue así, en el transcurso de los años, como el modelo científico-natural resultó insuficiente en psiquiatría, como lo siguiente resultando, hoy en día, en muchos campos de la mismísima medicina. Entonces muy coherentemente con el desarrollo que iba adquiriendo nuestra especialidad, surgieron de un lado y otro nuevas orientaciones; escuelas a menudo divergentes entre sí; se establecieron hipótesis variopintas que pretendían, o pretenden todavía, asumir la realidad del hombre y de la enfermedad mental, y se difundieron modelos cada uno de los cuales se realimentaba en su "torre de marfil" al margen, con frecuencia, de lo que pretendieran aportar los otros en aras del conocimiento de nuestras patologías. Recordemos simplemente los modelos psicoanalítico, reflexológico, conductista, cognitivo, ciertos modelos sociales, los modelos biológicos, etc., etc., advirtiendo, sin embargo, que no siempre los llamados "modelos" merecen ser considerados como tales, tratándose más bien, a veces, de marcos teóricos o formas de pensamiento, cuando no de actitudes personales o de escuela, que toman los estudiosos ante múltiples problemas y cuestiones que se le plantean a nuestra especialidad.
De hecho es, en tal y por tal polifacetismo de opiniones, aportaciones, tesis e hipótesis, cuando no creencias, de criterios, normas sanitarias, programas de formación universitaria, subespecialidades, etc. donde se producen los contrasentidos de nuestra especialidad en el presente. Entre ellos, a modo de ejemplos, cabría recordar la frecuente disyuntiva entre ejercicio de la profesión y formación académica, la creciente importancia de las problemáticas psicológicas y psicosociales reconocidas en medicina y la decreciente dedicación que, en muchos ámbitos se concede a la preparación del futuro médico en estas temáticas; el frecuente desinterés de ciertos psiquiatras por las terapéuticas psicológicas y los planteamientos psicosociales y la adscripción consecuente de las mismas a otras especialidades o tipos de formación universitaria no médica; el elementalista encapsulamiento de ciertos psiquiatras en unos esquemas biológicos o neurológicos cuando propagamos a los "cuatro vientos" las hipótesis psico-bio-sociales; la desproporción en las publicaciones de la especialidad entre trabajos de investigación biológica y especialmente psicofarmacológica, auspiciados en general por la industria farmacéutica, y las investigaciones en los campos clínico-psicopatológico, epidemiológico, psicológico-clínico, psicoantropológico, psicoterapéutico, cultural etc. que con frecuencia se desarrollan sin un apoyo económico y subestructura suficiente (en nuestro país); la confusión que se produce entre "medios" y "finalidades" o la caída en maximalismos de escuela en detrimento de una asistencia "integral", etc.
Todo lo cual, que el lector considerará con prudencia dado que, presumiblemente, no es aplicable en todos los ámbitos y a todos los niveles psiquiátricos, debe ser conocido y reconocido, sin ver en ello necesariamente un caos deteriorante, antes bien la consecuencia del crecimiento acelerado de ciertos ramajes y, con ello, de cierto "embarrasse de richesse" en nuestra joven especialidad. Insistimos en la necesidad de ser conscientes de tal plétora, en lo conceptual y en la praxis, para evitar que los árboles -de nuestros conocimientos a distintos niveles de la enfermedad psíquica- no nos impidan o alejen de ver el bosque, cabe decir la totalidad del enfermo y la enfermedad.
Por lo que, como el clásico afirmara que "la vida es una contradicción llena de sentido" podemos entrever, por nuestra parte, el sentido de la psiquiatría actual, considerando, a mayor abundamiento, que a los contrasentidos de la misma no hay que atribuirles mayor transcendencia que a una crisis transitoria, en el proceso de estructuración y maduración de nuestra especialidad y de nuestra profesión.
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Referencia a este artículo según el estilo Vancouver: Ballús C.
Sentido y contrasentidos en la Psiquiatría del presente
[editorial]. Psiquiatría.COM [revista electrónica] 1997
Septiembre [citado 1 Oct 1997];1(3):[4 screens]. Disponible en: URL:
http://www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol1num3/art_1.htm |
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