 El proceso de hominización, el proceso de transformación de los primeros homínidos hasta llegar a convertirse en la especie humana actual, ha primado la apetencia por el placer, convirtiendo a éste en el instrumento clave que ha tenido el cerebro para conseguir los objetivos evolutivos”. Estas declaraciones las ha realizado el neurólogo Nolasc Acarín con motivo de la conferencia El cerebro del rey, dentro de la XXXV Semana de Humanidades de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. El contenido de dicha conferencia se centra en la transformación del cerebro humano a lo largo de la evolución y su repercusión en la memoria, el aprendizaje, el sexo y la adaptación al entorno.
Acarín es profesor en la facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra y presidente de Mutual Médica; asimismo, fue jefe de la sección de Neurología del Hospital Universitario Valle de Hebrón de Barcelona desde 1972 hasta 2006. Así, ha indicado que “todos los actos de la conducta humana regida por el cerebro tienen tres objetivos de existencia: crecer, defenderse y perpetuarse —bien sea a través de las obras o a través de los hijos—, siendo el placer el instrumento para obtener estos objetivos”.
Esta característica se da en otros animales, pero es precisamente en el cerebro de la raza humana durante el proceso de hominización “en donde ha tenido un desarrollo superior al de otras especies, fomentando el desarrollo evolutivo de nuestra raza”. Para el especialista en neurología y psiquiatría, “el objetivo universal es la perpetuación de la especie a partir de la máxima eficacia biológica” y el instrumento que el cerebro utiliza para esto es el placer.
Un cerebro que crece por dentro y por fuera
En el repaso por el desarrollo del cerebro humano desde sus orígenes hace más de 200.000 años, el neurólogo barcelonés señaló que aunque “todos los humanos tenemos el mismo cerebro y el mismo origen”, existen notables diferencias entre unos y otros.
Por un lado, desde el punto de vista de la masa cerebral, “ésta crece de manera ininterrumpida desde el nacimiento hasta aproximadamente los veinte años”. Posteriormente, “entre los treinta y los cuarenta años”, el volumen se mantiene, “para empezar a mermar, ligeramente, desde esta edad hasta el final de la vida”.
Por otro lado, el cerebro también se puede desarrollar de manera interna. “El cerebro es plástico y crece a partir de la estimulación y del aprendizaje. Todo lo que hacemos los humanos implica cambios físicos en el cerebro”. En este sentido, Acarín señaló que las dendritas (las ramificaciones de las neuronas) “se desarrollan en función de lo que aprendemos y de lo que las estimulan y, si no hay estimulación, no crecen las dendritas”.
Tal y como mostró, existen una serie de trabajos en los que se ha demostrado que la longitud dendrítica total “es mayor en personas que han ido a la universidad con respecto a los que han realizado la educación secundaria” y, a su vez, la longitud dendrítica de éstos últimos es superior a la de los que no han realizado educación secundaria. Así, “se puede determinar el desarrollo cerebral que una persona ha tenido a lo largo de la vida analizando la longitud de las dendritas una vez fallecido”, indicó, “y por lo tanto se puede decir que el saber sí ocupa lugar porque cuanto más estimulación hay, más crecen las dendritas dentro del cerebro”.
Conducta sexual
En cuanto a la conducta sexual dentro del proceso de hominización, Acarín apuntó varios aspectos relativos al cerebro que han dado a este tipo de comportamiento un cariz específico frente a otras especies, como “la disponibilidad sexual continuada, el emparejamiento continuado (oxitocina), y la contención sexual”. Además, señaló la intervención de otros factores, también fisiológicos pero ligados a otras áreas del cuerpo, “como la ovulación oculta, los niveles de estrógenos y la influencia del estrés” como elementos que han llevado a configurar la sexualidad y humana “tal y como la entendemos hoy en día”.
Más de cien años de historia
La Academia de Ciencias Médicas de Bilbao es una institución centenaria fundada el 9 de enero de 1895 en Bilbao y que a lo largo de su trayectoria durante los siglos XIX, XX y XXI ha contado con la participación y colaboración de los médicos más insignes de la ciudad. Desde entonces, la Academia ofrece la posibilidad de avanzar en la formación continuada de los profesionales de la salud mediante la organización de cursos, talleres, simposios, jornadas y cualquier tipo de reuniones científicas en las que se profundiza y debate sobre los avances médicos, integrando además otras disciplinas médicas y sanitarias, como odontología, farmacia, biología y veterinaria.
La XXXV Semana de Humanidades Médicas está organizada por la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao y cuenta con la colaboración de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea y con el patrocinio de la Bilbao Bizkaia Kutxa y la Diputación Foral de Bizkaia.
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