30/sep/2004 · La Voz de Asturias. 2004;:30-Septiembre.
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Están ya lejanas aquellas épocas en que trabajar se consideraba un castigo. Y así, la etimología de la palabra trabajo nos lleva a encontrar en castellano los términos laborar, obrar, derivados del latín vulgar tripaliare, que significaba torturar, pues provenía del tripalium, un instrumento de suplicio similar a un cepo. Y quizá todavía quedan restos de esta realidad en latitudes y sociedades del castigado Tercer Mundo --que nunca hay que olvidar--, o en ambientes marginales de países desarrollados. Pero hoy, por fortuna para la mayor parte de los miembros de nuestra sociedad desarrollada, la labor profesional, la ocupación responsable y remunerada, es un deseo y un derecho que todos buscamos. El trabajo es una fuente de desarrollo personal y social, facilita la madurez psicológica y emocional, obtiene beneficios materiales necesarios para mantenerse y adquirir propiedades, es cauce de relaciones interpersonales, de servicio a los demás e incluso, si se quiere ver así con perspectiva trascendente, es la co-laboración del hombre con Dios en la co-creación material y espiritual del mundo. Es, pues, un caudal enriquecedor y satisfactorio que lógicamente anhelamos y deseamos para nosotros y para los demás. Precisamente por todo eso, su ausencia o el temor de perderlo, es ya la causa del primer desasosiego que amenaza su misma existencia. Por otro lado, una excesiva devoción a trabajar, derivada casi siempre de trastornos obsesivos, de personalidades ansiosas, es también motivo de problemas de salud psíquica y física a través de mecanismos complejos que forman parte de lo que denominamos estrés. El Diccionario de la Real Academia define el estrés como la "situación de un individuo vivo, o de alguno de sus órganos o aparatos, que por exigir de ellos un rendimiento muy superior al normal, los pone en riesgo próximo de enfermar".
Se detectan diferencias en el cerebro que predisponen a sufrir ansiedad.
El origen de los trastornos de ansiedad y angustia pueden estar en las relaciones personales.
El ejercicio físico mejora el estado general de salud y síntomas como la ansiedad y la angustia.
La ansiedad, un mal más grave de lo que se cree.
Ansiedad y diabetes gestacional.Suzie Daniells, MSC1, Brin F. S. Grenyer, PHD2, Warren S. Davis, FRACOG3, Keith J. Coleman, FRACOG3, Julie-Anne P. Burgess, MSC1 and Robert G. Moses, MD1
Balanceo postural inducido de forma visual en los trastornos de ansiedad. Mark S. Redfern, Joseph M. Furman and Rolf G. Jacob
Desarrollo de una nueva escala de creencias sobre las consecuencias de la preocupación.Jose María Prados
Características psicométricas del Inventario de Movilidad (IM) en un estudio longitudinal de trastornos de ansiedad: Replicando y explorando una solución de tres componentesBenjamin F. Rodriguez, Maria E. Pagano, Martin B. Keller
Propiedades psicométricas de la MASC en una muestra psiquiátrica pediátrica.Moira A. Rynn; Jacques P. Barber; Sarosh Khalid-Khan; Lynne Siqueland; Michelle Dembiski; Kevin S. McCarthy; Robert Gallop.
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