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Viene siendo clásico remarcar la importancia de la enfermedad de Alzheimer (EA) con la estadística epidemiológica, por la que se calcula en un 6-10% la prevalencia de demencia en mayores de 65 años. Esta cifra se puede matizar tanto a la baja como al alza; por un lado, bajaría la tasa si se considera que un tercio de casos de demencia pueden ser debidos a entidades distintas a la EA, y por otro, aumentaría si se pudieran incluir en los estudios los casos más leves. La prevalencia de depresión se sitúa en cifras ligeramente menores en el mismo grupo de edad, manteniendo el mismo orden de magnitud. Por ello, resulta sencillo apoyarse en los datos epidemiológicos para introducir la importancia del tema que nos proponemos desarrollar. Pero además, la relación entre depresión y EA es un tema de gran interés por varias razones. La relación es muy complicada, lo que en parte motiva este análisis y en parte lo limita irreversiblemente por cuestiones conceptuales y metodológicas (1-3), que intentaremos exponer en esta revisión con la que pretendemos alumbrar un tanto este complejo asunto, si bien nos centraremos fundamentalmente en los síntomas depresivos propios de la enfermedad de Alzheimer.

Concepto de demencia y enfermedad de Alzheimer

El DSM-IV define la demencia como el desarrollo de déficits cognitivos múltiples, incluyendo afectación de la memoria y al menos uno entre afasia, apraxia, agnosia y disfunción ejecutiva, que sea suficiente severo para causar afectación en la ocupaciones cotidianas sociales o laborales, y que suponga una disminución sobre un nivel previo mejor (4).

La enfermedad de Alzheimer es definida por el NINCDS-ARDRA como la presencia de demencia, con déficits en más de dos áreas cognitivas (memoria, lenguaje, praxias, gnosias, planificación), con empeoramiento progresivo, inicio entre 40 y 90 años, y en ausencia de enfermedades sistémicas que pudieran ser la causa. Ofrece una serie de hallazgos que apoyan el diagnóstico, pero que no son necesarios : la afasia, apraxia, agnosia o disfunción visuospacial progresivas, la afectación de las actividades de la vida diaria con cambios de comportamiento, la historia familiar positiva y que en los exámenes complementarios se obtengan cambios inespecíficos o incluso que resulten normales. También se menciona la existencia de posibles periodos de estabilidad clínica (plateaus), la presencia de síntomas psiquiátricos (la depresión entre ellos, con el insomnio, delusiones, alucinaciones, cambios de conducta, del sueño) y vegetativos (pérdida de peso), y la presencia de anomalías plenamente neurológicas en fases avanzadas (mioclonía, parkinsonismo, hipertonía, alteración de la marcha, crisis convulsivas) ; incluso que la TAC sea normal para la edad. En cambio, certifica que son muy atípicas la presentación súbita, y con crisis o trastornos de la marcha al principio y los signos focales precoces. Ofrece la posibilidad de etiquetar como posibles aquellos casos con atipicidades como las descritas o con algún otro trastorno que pudiera ser la causa pero que se piensa que no lo es (5).

“Las personas con retraso mental exhiben todo el rango de trastornos psiquiátricos descritos en la población general”. En el presente trabajo se exponen las razones por las que no siempre esta afirmación, indiscutible actualmente, ha sido tomada en cuenta y que han determinado que históricamente las personas con retraso mental y enfermedad mental hayan estado infradiagnosticadas y mal tratadas. Sin embargo, en las últimas décadas se está llevando a cabo un importante esfuerzo por comprender las causas de la enfermedad mental, elaborar herramientas de evaluación y diagnóstico e instaurar programas de intervención adecuados a las especiales características de las personas con retraso mental, lo que repercute en la mejora de la calidad de vida de estas personas. Los instrumentos de evaluación utilizados en psiquiatría y psicología deben ser modificados para su aplicación en el retraso mental a causa de problemas en la recogida de información (expresión verbal de los sujetos, dificultades en la comprensión de los ítems) y en las formas de manifestación de los cuadros psiquiátricos. En nuestro medio existe una notable carencia de instrumentos de evaluación psicopatológica estandarizados para el retraso mental. Se efectúa una revisión de los instrumentos para evaluación psiquiátrica del retraso mental, con una especial mención a aquellos adaptados en castellano.

Nuestro trabajo describe la implentacion de un programa de Mejora Continua de la Calidad (MCC) a fin de mejorar la gestion clinica de la violencia, en una unidad de agudos de psiquiatria. Aproximadamente, un 10% de los ingresos puede presentar un comportamiento agitado o violento (FAVRE, 1998). El stress que ello representa afecta a la evolucion de otros pacientes y contribuye al « burn out » de los cuidadores. La confrontacion con la violencia constituye una experiencia en la que el factor humano juega un papel importante y puede ser fuente de variabilidad en las reacciones tanto de los profesionales como de las organizaciones. De este modo, la calidad de la atencion al paciente agitado puede sufrir un deterioro. El objetivo de nuestro proyecto consistio en la monitorizacion del proceso clinico a fin de poder medir el cambio. La formalizacion del proceso permitio el desarrollo de una escala de indicadores de la calidad de la organizacion. Esta escala fue aplicada tras cada incidente a lo largo de un periodo de tres meses. La cuantificacion de todos los aspectos del proceso clinico nos indujo a situar en perspectiva los diferentes problemas de nuestra organizacion. La participacion de todos los actores del proceso en el proyecto facilito el consenso a la hora de decidir las modificaciones de la organizacion. En definitiva, la metodologia de la calidad resulto ser un instrumento util al servicio de una gestion clinica basada en la evidencia.

Hacer el diagnóstico de la prevalencia de trastornos psiquiátricos en población mayor de 12 años, con el fin de generar información útil para la planificación de programas de prevención y servicios de tratamiento. Caracterizar el comportamiento de los trastornos estudiados por las variables demográficas y sociales.

Diseño: Estudio de prevalencia, mediante la aplicación del Composite International Diagnostic Interview – Segunda Versión (CIDI-2) en Español, para el diagnóstico de trastornos mentales de la Organización Mundial de la Salud.

Población y muestra: La población de estudio estuvo constituida por las personas mayores de 12 años residentes en el país en el momento del estudio y localizables dentro del marco muestral de hogares, por tanto no incluye a las personas de vida callejera, ni las institucionalizadas, diferentes de la población atendida por instituciones especializadas en tratamiento por trastorno mental o las que atienden a la tercera edad.

Población y Muestra: Sobre un marco muestral de población mayor de 12 años, se diseño una muestra probabilística, con un tamaño de: 14.654 personas. Se incluyó una submuestra de población institucionalizada compuesta por 1067 individuos hospitalizados en instituciones especializadas en salud mental y residentes en centros de atención a la tercera edad.

Medición de resultados: Prevalencia de Vida y Prevalencia anual, según las principales variables sociodemográficas.

Resultados: Al analizar la prevalencia de vida, el trastorno por dependencia al tabaco, con 28.3%, ocupa el primer lugar, seguido de la depresión mayor con 19.6% y el abuso/dependencia al alcohol con 16.6%. Un segundo grupo en relación a la frecuencia, lo presentan los trastornos de somatización con una prevalencia de 4.9%, el estrés postraumático con 4.3%, las fobias con 3.8%, el trastorno obsesivo- compulsivo con 3.6% y la ansiedad generalizada con 3.1%.

De los trastornos evaluados se encontró que los hombres y las mujeres tuvieron una frecuencia similar de trastornos. Los trastornos que presentaron mas alta prevalencia en el sexo femenino que en el masculino fueron depresión, fobias, somatización y trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos de la alimentación y esquizofrenia. El resto de trastornos fue mas frecuente en los hombres.

El análisis del comportamiento de la prevalencia anual, nuevamente muestra como los trastornos por consumo de drogas, ocupan los primeros lugares. Llama la atención la prevalencia del 3.5% de estrés postraumático, con mayor frecuencia para el género masculino con 5.9% de prevalencia anual versus 1.2% para el femenino, posible indicador de la exposición a situaciones de violencia. Por el contrario la depresión mayor, en forma consistente con otros hallazgos es más alta para la mujer con 3.0% versus 0.7% en el hombre.

Según edad, el grupo que presentó la más alta prevalencia de vida fue el de 38 a 49 años. Para la prevalencia anual, por grupos de edad llamó la atención la tan alta prevalencia de estrés postraumático en el grupo de 25 a 29 años. En forma sorprendente, es más alta (el doble) que la prevalencia de dependencia a tabaco en el mismo grupo de edad. Esta hallazgo es preocupante ya que refleja el alto nivel de estrés al cual esta sometido este grupo de edad en el país.

Conclusiones: Se puede concluir que el 30% de las personas ha sufrido al menos un trastorno psiquiátrico. Finalmente, la importancia de estos hallazgos, tanto para el Ministerio de Salud, como para todos los que tienen que ver con la atención de la Salud Mental en el país, se verá reflejada en su utilizaciónpara reorientación de las intervenciones en este importante campo.

La demanda de atención médica parece estar influenciada por la morbilidad psiquiátrica y son múltiples los estudios que constatan que los personas afectas de un desorden psíquico consultan casi el doble con sus médicos de atención primaria que las personas no afectas de un desorden psíquico (Finlay-Jones & Burvill, 1978 (1) ; Burvill & Knuiman, 1983 (2); Williams y cols, 1986 (3); Anderson & Laake, 1983 (4); Vazquez Barquero y cols, 1990, 1992 (5,6)). Otro factor que parece influir en la demanda de atención es el sexo, siendo la mujer más proclive a consultar que el hombre (Gove & Tudor, 1973 (7); Finlay-Jones & Burvill, 1978 (1); Goldberg y Huxley, 1980 (8); Williams y cols, 1986 (3); Briscoe 1987 (9); Vazquez Barquero y cols, 1990, 1997 (5,10)).

La primera evidencia empírica respecto a la magnitud de la contribución de la morbilidad psiquiátrica menor a las consultas de los médicos generales fue realizada por Shepherd y cols (1966) (11), con posterioridad muchos estudios recientes han confirmado que aproximadamente el 20% de las personas que acuden a centros de atención primaria sufren un trastorno psíquico bien definido, alcanzando el 40% si consideramos desordenes menores, (Williams y cols, 1986 (3); Barret y cols, 1988 (12); Ormel y cols, 1990 (13); Martínez Alvarez y cols, 1993 (14); Üstün y Sartorius, 1995 (15); Goldberg 1995 (16); Vazquez Barquero 1997 (10)).

A pesar de la contribución de la morbilidad psiquiátrica a los servicios de atención primaria, diversos autores estiman que aproximadamente la mitad o más de los pacientes con enfermedades psíquicas que acuden a servicios de atención primaria no son correctamente diagnosticados por su médico (Bellantuono y cols, 1987 (17); Ormel y cols, 1990 (13); Araya y cols, 1994 (18); Higgins, 1994 (19); Üstün y Sartorius, 1995 (15); Coyne y cols, 1995 (20); Tiemens y cols, 1996 (21); Vazquez Barquero y cols, 1997 (10)), este porcentaje de patología que no es correctamente identificado se conoce como morbilidad psiquiátrica oculta (Goldberg y Blackwell, 1970 (22)). Las dificultades en la identificación se relacionan tanto con factores ligados al paciente, entre ellos destacamos la presentación somática de los síntomas (Bridges & Goldberg, 1985 (23) ; Gater y cols, 1991 (24); Kirmayer y cols, 1993 (25); Ustun y Sartorius, 1995 (15); García-Campayo y cols 1996 (26)) y la intensidad de la psicopatología, a menor intensidad de la misma menor identificación, (Ormel y cols, 1990 (13); Coyne y cols, 1995 (20); Tiemens y cols, 1996 (21)) como con la capacidad del médico para diagnosticar estos trastornos. Por otra parte, el reconocimiento no siempre conlleva un adecuado tratamiento, bien porque el psicofármaco prescrito no sea el adecuado o porque se utiliza a dosis más bajas de las recomendados o por menos tiempo del recomendable (Eisenberg L, 1992 (27); Kerr, 1994 (28)).

En este artículo se presenta la descripción, análisis e intervención en un caso de Fobia Social, caracterizado por crisis de angustia que se desencadenan ante las situaciones más temidas, como por ejemplo hablar en público.

La intervención se estructuró en las siguientes fases: a) manejar y controlar de los efectos fisiológicos de la ansiedad con relajación muscular progresiva de Jacobson y técnicas de respiración abdominal, b) aumentar los niveles de autoestima de la paciente, c) ofrecer y entrenar estrategias de afrontamiento eficaces para hacer frente a situaciones interpersonales mediante habilidades sociales, d) disminuir su ansiedad ante situaciones de la vida cotidiana que interprete como amenazantes y que supongan una toma de decisiones, e) afrontar con bajos niveles de ansiedad las situaciones en las que tenga que hablar en público y f) disminuir la percepción exagerada de sus tics.

La contribución más relevante que se presenta ha sido el empleo de sugestiones aplicadas a una exposición imaginada.

Al finalizar el tratamiento se hace balance de los logros obtenidos, y tras seis meses de seguimiento, la paciente se encuentra con una reducción considerable en las conductas problemáticas y una mayor adaptación global, viéndose además superadas las expectativas de su pronóstico.

El presente trabajo revisa las principales fuentes de estrés entre los familiares de personas con daño cerebral sobrevenido. Asimismo se comentan algunas investigaciones centradas en el aspecto diferencial que suponen las lesiones cerebrales adquiridas (traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares…) sobre los distintos componentes del grupo familiar. Finalmente, se destaca la importancia de los programas de intervención destinados a las familias de los afectados y se señalan algunas sugerencias para su adecuado tratamiento.

Nuestro cerebro podría considerarse un gran sistema dinámico con diferentes subsistemas en equilibrio que pueden ser perturbados por estímulos procedentes del medio interno o externo (biológicos y psicosociales). Estos cambios normalmente son transitorios y el sistema puede reequilibrarse. Pero si el estímulo tiene suficiente amplitud, especificidad o duración como para superar la capacidad de amortiguación en un área del cerebro, puede dar lugar a un nuevo equilibrio local de interacciones entre subsistemas que permita la formación de una estructura autónoma estable. Dicha estructura, al persistir en el tiempo operando de forma paralela y parásita, obliga al resto del sistema con el que compite a un reajuste global compensatorio.

Este tipo de comportamiento ha sido reconocido en muchos sistemas complejos, como por ejemplo, los involucrados en la predicción del tiempo. Se han explicado a través de modelos teóricos derivados de la teoría de sistemas dinámicos no lineales. Desde este mismo enfoque el artículo examina diferentes terapias neurobiológicas y psicosociales y propone un paradigma que pretende explicar sus mecanismos de acción.

En el presente estudio se comparan un grupo de pacientes con cáncer de mama (N=34) y un grupo control (N=32), también de mujeres, equiparados ambos en edad, estado civil y ocupación, sobre ocho medidas de ansiedad (Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad, ISRA -Miguel Tobal y Cano Vindel, 1986, 1988), racionalidad y armonía (Interpersonal Behavioral Scale, IBS -Spielberger, 1988) y optimismo (Life Orientation Test, LOT -Scheier y Carver, 1985). Los resultados indican que las pacientes con cáncer presentan niveles de ansiedad más bajos en las ocho variables de ansiedad estudiadas (ansiedad en los tres sistemas de respuesta -cognitivo, fisiológico y motor-, nivel general de ansiedad, y ansiedad ante cuatro tipos de situaciones o rasgos específicos -situaciones de evaluación, interpersonales, fóbicas y situaciones cotidianas), racionalizan más sus emociones, buscan más las relaciones armónicas (siendo más altruistas) y presentan un nivel igual de optimismo que el grupo control. Este perfil psicológico del grupo de mujeres con cáncer de mama supone una especie de estilo represivo de afrontamiento.

Este artículo revisa los temas relacionados con anorexia y bulimia nerviosas, prestando especial atención a la descripción clínica de ambos trastornos, su etiología, criterios diagnósticos, evaluación y tratamiento, aspectos todos ellos relevantes para el clínico que está tratando con sujetos que tienen alguno de estos problemas.

Los trastornos de la alimentación se caracterizan por intenso miedo al sobrepeso, preocupaciones relacionadas con el alimento y la comida, distorsiones cognitivas relacionadas con el peso y la imagen corporal, y uso excesivo de métodos de pérdida de peso (p.ej.: dieta restrictiva, vómito autoinducido) para prevenir la ganancia de peso.

También hay que tener en cuenta la psicopatología asociada comúmente a estos trastornos, tales como trastornos de ansiedad, depresión, abuso de sustancias y trastornos de la personalidad.

Diferentes modelos teóricos han enfatizado la importancia de factores biológicos, psicológicos y sociales en la etiología y mantenimiento de los trastornos de la alimentación.

La terapia cognitivo-conductual es la intervención psicoterapéutica más estudiada en los trastornos de la alimentación y se considera generalmente como el tratamiento de elección (Agras, 1993; Fairburn, Marcus & Wilson, 1993).

La coexistencia de sintomatología depresiva y ansiosa en los trastornos psicopatológicos es evidente, y no plantea discusión alguna.

El problema, en muchos casos, lo encontramos ante la dificultad de emitir un diagnóstico diferencial entre trastornos de ansiedad y trastornos depresivos, y que dicho diagnóstico sea estable en el tiempo.

Las perspectivas sobre esta cuestión son dispares. Por un lado, se defiende que las diferencias entre trastornos depresivos y de ansiedad son sólo cuantitativas (modelo unitario) y por otra parte, que dichas diferencias son cualitativas (modelo pluralista). Además, encontramos un modelo mixto que defiende la existencia de un síndrome ansioso-depresivo.

En este artículo, se revisan los trabajos de investigación en los que se fundamentan cada una de las perspectivas descritas, y cómo influye este problema de diferenciación entre ambos trastornos en la evaluación psicológica y en la práctica clínica.

Las conclusiones a las que podemos llegar, en la actualidad, sobre esta controversia, nos mantiene aún lejos de resolver el problema que se nos plantea.

La obesidad es un problema de salud que afecta a un porcentaje elevado de la población en los países occidentales.

En la actualidad la investigación en este campo apoya un trabajo multidisciplinar que tenga en cuenta no sólo la vertiente física u orgánica asociada, sino también los problemas sociales y psicológicos relacionados con el exceso de peso. Este hecho justifica que en las dos últimas décadas se diseñen e implanten programas multidisciplinares para el control de la obesidad, en los cuales se aúnen los conocimientos médicos, nutricionales y psicológicos.

En este trabajo se presenta un programa cognitivo-conductual cuyos objetivos principales son la modificación de hábitos de alimentación no saludables, la reducción del peso y el cambio de factores psicológicos asociados (ansiedad, autoestima, control, pensamientos distorsionados, etc). El programa se ha llevado a cabo de forma grupal entre los meses de febrero a junio de 1996, en el Centro de Salud “Panaderas II” de Fuenlabrada (Madrid). La muestra está formada por 11 sujetos que presentan obesidad moderada (73%) y leve (27%), destacando, con respecto a las variables emocionales asociadas, niveles elevados de ansiedad.

Tras su aplicación se consigue una reducción media del sobrepeso de 8’9%. El seguimiento a 6 meses avala la eficacia de la intervención multidisciplinar en este campo.

La aplicación al ámbito clínico de los conocimientos científicos que se van desarrollando dentro de la Psicología constituye una especialidad psicológica que se denomina Psicología Clínica. Este ámbito clínico cubre los llamados trastornos mentales, que vienen recogidos en las clasificaciones internacionales

El psicólogo clínico en su práctica diaria ayuda a personas que sufren problemas tales como retraso mental, trastornos del aprendizaje, demencias, trastornos relacionados con el consumo de sustancias, esquizofrenia, trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, etc.

Pero siempre es un problema clasificar los trastornos en mentales y físicos, porque esta dicotomía creada por el hombre no existe en la realidad.

El cáncer no es un trastorno mental y sin embargo se hace necesaria la aplicación de los conocimientos desarrollados por la Psicología a los problemas que sufre el paciente con cáncer. Se ha ido así desarrollando una nueva especialidad psicológica que se denomina Psicología de la Salud. En realidad no es nueva, puesto que previamente existía una especialidad interdisciplinar denominada Medicina Conductual, con objetivos similares

El daño cerebral traumático, objeto de esta obra, supone un importante y creciente problema social y clínico. Teniendo en cuenta solamente los traumatismos craneoencefálicos, comprobamos que en la actualidad suponen la segunda causa más frecuente de muerte entre los menores de 45 años, a lo que habría que añadir las secuelas que en muchos casos acompañan a supervivientes durante años, lo que conlleva serias alteraciones personales, familiares y sociales, así como considerables repercusiones económicas.

La obra que aquí reseñamos, realizada por Carmelo Pelegrín, Juan Manuel Muñoz Céspedes y José Ignacio Quemada, es un serio intento de abordar esta problemática desde distintos ángulos y de forma integradora, tarea esta sumamente compleja y, sin duda, muy bien resuelta.

Para ello se han unificado los esfuerzos de 27 autores, algunos de ellos provinientes de EEUU e Inglaterra, de alta relevancia internacional. La Neuropsicología, la Psicología Clínica, la Neuropsiquiatría, la Neurología, la Neurocirugía, la Logopedia y la Terapia Ocupacional se dan la mano en busca de la necesaria integración de planteamientos biológicos, conductuales y sociales que permitan la comprensión y el tratamiento integral de los complejos problemas que presentan estos pacientes.

Los 16 capítulos y el apéndice que conforman la obra ocupan 372 páginas de cuidada edición en las que se pasa revista a los aspectos conceptuales, epidemiológicos y clasificatorios, los trastornos neurológicos, psiquiátricos y neuropsicológicos y su evaluación, la rehabilitación y el tratamiento realizados desde un enfoque multidisciplinar, las alteraciones en la comunicación y la familia, y los aspectos médico-legales asociados a esta problemática, siendo este último punto un tratamiento novedoso y poco frecuente en los manuales de daño cerebral. Se cierra la obra con un práctico apéndice que incluye las direcciones de las asociaciones que trabajan en este área existentes en nuestro país.

Aunque es imposible resaltar en el breve espacio que ocupa una reseña los muchos aspectos de interés que se incluyen en esta obra, no querría dejar de destacar las múltiples referencias a los cambios emocionales y conductuales que sufren los afectados por estos trastornos, ya que con frecuencia las obras que abordan esta problemática se centran casi en exclusiva en las alteraciones de tipo neurocognitivo y funcional, lo que hace de ella una obra de indudable valor para el psicólogo clínico.

En su conjunto, el libro aquí reseñado presenta un alto rigor científico acompañado de una gran claridad expositiva, lo que le convierte en una obra de obligada referencia y de gran interés para todos los profesionales implicados en la evaluación, tratamiento y rehabilitación del daño cerebral traumático.

En suma, se trata de un libro muy recomendable y por cuya realización deseo felicitar a los autores de estas

Este libro presenta un análisis psicosociológico de los procesos que tienen lugar durante la hospitalización y los efectos que produce sobre el ajuste del paciente, la calidad de su cuidado y su calidad de vida. La tesis fundamental es que la hospitalización es un acontecimiento vital estresante y la obra es el producto de una revisión actualizada de más de 200 trabajos publicados sobre diferentes aspectos de la hospitalización en España, en Europa y en el hemisferio occidental.

Los autores son profesionales con mucho prestigio y con una vasta experiencia docente y de investigación en el campo de la psicología de la salud y de la psicología social.

La obra está estructurada en 15 capítulos agrupados en seis partes: I. Marco hospitalario, estructura y funciones; Il. Enfermedad, estrés y afrontamiento; III. Hospitalización y su impacto psicológico en el paciente; IV. Hospital como estresor; V. Un modelo explicativo; VI. Conclusiones.

Esta publicación, única en su género, será de indudable valor práctico para médicos, enfermeras, psicólogos, asistentes sociales, gestores y políticos de nivel de decisión sobre políticas, programas y asignación de recursos del sector salud.

Hasta hace poco tiempo eran escasos los trabajos dedicados a la intervención psicológica en paciente psicóticos, y más concretamente, esquizofrénicos. Una excepción a este olvido por parte de la Psicología Clínica son los trabajos relacionados con el Entrenamiento en Habilidades Sociales (EHS), que sí han tenido cierta continuidad en la literatura específica y de los cuales uno de los mejores ejemplos, pese a haber sido publicado hace ya algunos años, es el libro de Liberman (un investigador clásico en este campo), DeRisi y Mueser. En él se realiza un exhaustivo repaso a esta técnica con especial referencia a sus aspectos aplicados.

Al igual que otras publicaciones de este estilo, el libro puede dividirse en tres secciones que abordan respectivamente los temas de conceptualización, evaluación y tratamiento. En la primera se examinan algunos aspectos básicos sobre las habilidades sociales, con especial referencia a los pacientes psiquiátricos, y se analiza la necesidad de utilizar el EHS en tales pacientes según un modelo de la esquizofrenia en el que tiene un peso especial la vulnerabilidad al estrés.

En la segunda parte se recogen una serie de criterios prácticos referidos a la selección de pacientes y al establecimiento de objetivos terapéuticos, así como una revisión de los principales instrumentos estructurados de evaluación.

La tercera parte del texto, a la que corresponden los capítulos 3, 4 y 5, se centra en la técnica del EHS. Se discuten sus ventajas e inconvenientes, se describen paso a paso sus distintos elementos y se dan instrucciones sobre diversos aspectos prácticos: cómo facilitar la generalización de resultados, el entrenamiento en pacientes refractarios, procedimientos para mejorar la motivación de los participantes, el entrenamiento en habilidades específicas (expresar emociones, “hacer amigos”), etc.

Por último, existen una serie de apéndices que constituyen uno de los aspectos más valiosos del libro. En ellos se recogen diversos instrumentos para evaluar a los pacientes (códigos de observación, autoinformes, etc..) así como textos de orientación que pueden ser utilizados para explicar a los propios pacientes y a otros profesionales en qué consiste el EHS.

Al final del libro existe una exhaustiva lista de referencias bibliográficas divididas en diversos apartados (fundamentos, desarrollo histórico, estudios de tratamiento,…), que será sin duda de gran utilidad para el profesional interesado en profundizar en la investigación de alguno de estos aspectos.

Aunque la orientación subyacente es básicamente conductual, los propios autores reconocen que las técnicas que se explican pueden ser aplicadas con cierta independencia del marco teórico adoptado. El libro está especialmente dirigido a psicólogos o psiquiatras clínicos que trabajen con pacientes psicóticos, aunque su estilo lo hace fácilmente comprensible para otros profesionales que trabajen en este campo. El enfoque adoptado es eminentemente práctico y al leer el manual uno se da cuenta de que ha sido escrito por profesionales en la materia con una gran experiencia en la utilización de las técnicas que describen. Esto se demuestra en los numerosos ejercicios prácticos expuestos así como en la constante anticipación de las posibles dificultades que pueden surgir en el transcurso del entrenamiento. Además, se incluyen apartados poco frecuentes en este tipo de textos como una sección dedicada a la evaluación de la competencia del terapeuta.

En nuestra opinión es un libro altamente recomendable para todos aquellos que trabajen con pacientes psicóticos e imprescindible para quienes desarrollan esta tarea en ámbitos hospitalarios.

1. Motivo de consulta y comportamiento durante la sesión.
La paciente viene a consulta porque cree necesitar ayuda en ciertos aspectos sociales y emocionales.
Relata dificultades en las relaciones interpersonales. Se pone muy nerviosa si tiene que hablar en público y si, a pesar de todo, consigue hablar, su activación continúa aumentando.
Otra de sus quejas iniciales es que se preocupa por cosas que no considera importantes.
Durante la exploración está colaboradora, respondiendo a todas las preguntas de forma participativa.

2. Breve historia personal.
Es la pequeña de 4 hermanos, los 3 mayores están casados y ella vive con sus padres. Su padre es pensionista a causa de una lesión en la espalda y su madre está de baja debido a una reciente operación.
Vivió su infancia en un pueblo, trasladándose a la capital posteriormente.
Sus padres se casaron muy jóvenes. Su madre tuvo su primer hijo a los 16 años.
La situación económica familiar es difícil.
Durante dos años de su vida, cuando estaba en el Instituto, vivió con una de sus hermanas. Este periodo de su vida fue bastante problemático.

3. Evaluación. Instrumentos aplicados.
Los métodos de evaluación utilizados han sido los siguientes:

Entrevista.
Observación.
Cuestionario biográfico.
Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad. – ISRA.- (Miguel Tobal y Cano Vindel, 1986).
Test de Automanifestaciones en la Interacción Social. – S.I.S.S.T.- (Glass, Merluzzi, Biever, y Larsen, 1982).
Autoinforme sobre la Seguridad de Hablar en público. – P.R.C.S.- (Paul, 1966).
Autorregistros.
3.1. ENTREVISTA

Las entrevistas, de 55 minutos de duración, están dirigidas a la obtención de información relevante para comprender más adecuadamente el problema y conseguir un Análisis Funcional.

El propósito de este estudio es investigar las relaciones entre la alexitimia y el estilo represivo de afrontamiento. Se utilizó la Escala de Marlowe-Crowne Scale (MCS) y el Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad para seleccionar los sujetos “represores”, así como los grupos de control. Posteriormente todos los sujetos completaron la escala de Alexitimia de Toronto (TAS-20). Los resultados muestran que los sujetos calificados como represores (altos en deseabilidad social y bajos en ansiedad) obtienen las puntuaciones inferiores en alexitimia, en comparación con el resto de los grupos. Estos resultados sugieren que la alexitimia y el estilo represivo de afrontamiento son constructos emocionales diferentes.