Hacia la medicina de precisión para la depresión: admitiendo la ignorancia y enfocándose en los fracasos

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Reconocí por primera vez lo que R. Perlis1 llama “práctica artesanal” cuando era estudiante de medicina en Liberia. Los curanderos –básicamente los proveedores de atención primaria y psiquiátrica local en esa época– con regularidad ponían en práctica el “lanzamiento de los huesos”. Huesos de pollo, a menudo en una bolsa pero a veces en las manos, eran agitados y lanzados al suelo, dando lugar a un patrón singular que servía de base para las recomendaciones que ofrecían a cada “paciente”. “Lanzar los huesos” era una práctica común y bien aceptada. Tanto así que era raro que llegaran los recién nacidos deshidratados al hospital sin estiércol derramado sobre sus fontanelas deprimidas, cortesía del “doctor”. Tratamiento personalizado, tal vez; medicina de precisión, no tanto. Sin embargo, permítanme defender algunos aspectos importantes del tratamiento personalizado. Organizar los pasos del tratamiento con base en los principios y la lógica aceptable es adecuado2 . Evitar medicamentos que disminuyan los umbrales epilépticos en pacientes con riesgo, sobre todo cuando existen opciones más inocuas, es prudente. Supongo que tal vez un 7% a un 15% de los pacientes deprimidos debieran evitar determinados medicamentos por motivos médicos. En suma, reconozcamos que también estamos lanzando los huesos cuando seleccionamos entre los medicamentos antidepresivos para pacientes específicos, en tanto que evitamos determinados tratamientos en algunos pacientes por motivos de seguridad..

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