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Conferencia


57-CI-B


PRESENTE Y FUTURO DE LAS ENFERMERAS DE SALUD MENTAL

Autores:
  • Germán Pacheco Borrella
Enfermero especialista en Enfermería de Salud Mental
Presidente de la Asociación de Enfermería en Salud Mental.



En primer lugar, hemos de agradecer a los organizadores de este "Congreso Virtual" la consideración que han tenido para con las enfermeras y los enfermeros de salud mental, invitándonos a participar en él.

Esta intervención pretende analizar algunos hechos que se han producido en las dos últimas décadas, que han contribuido a que se haya transformado el rol profesional de la enfermera de salud mental . Y por otro lado, hacer referencia a algunas de las cuestiones que hoy tenemos planteadas en el presente y con proyección de futuro, importantes para nuestra profesión.

La Enfermería española ha pasado por muchas vicisitudes: cambios de nombre, cambios en los planes de estudio y cambios ideológicos, que han impulsado la búsqueda de alternativas asistenciales y docentes acordes con el conocimiento enfermero; y a partir de los cuales se han generado procesos de autocrítica, cuestionando y buscando la función social de la Enfermería. Esta función hoy está bastante clara y no es otra que la prestación de servicios -preventivos y asistenciales- a aquellos ciudadanos que presentan alteraciones de salud y déficits en sus autocuidados. Lógicamente, estos cambios también han afectado a la Enfermería de Salud Mental.

Gracias al avance en la profundización del conocimiento enfermero, a la actitud de las propias enfermeras de salud mental y a los procesos de Reforma de las estructuras de atención de la salud mental, que se iniciaron en España a principios de la década de los años 80, la Enfermería de Salud Mental ha sufrido una gran transformación.

Si tomamos como referencia los procesos de Reforma Psiquiátrica iniciados en Andalucía y Asturias -a principios de la década de 1980-, podemos decir que, hasta entonces, la prestación asistencial de las enfermeras de salud mental se daba fundamentalmente en el ámbito de la institución manicomial; lo cual condicionaba su ejercicio profesional y les confería unas características especiales, de entre las cuales podemos citar:

-La inexistencia de un rol definido (en el sentido más sociológico del término), puesto que mayoritariamente se estaba anclada en el Manicomio y, por consiguiente, aisladas y sin que se produjera una evolución paralela al resto de la profesión.

-La acción terapéutica se limitaba a la aplicación de tratamientos biológicos exclusivamente.

-El tipo de actuaciones, por lo común, se centraba en la contención y custodia.

-El velar por el cumplimiento de las normas de la Institución y practicar el direccionismo en cualquier acción con el interno.

-Horarios de trabajo tan dispares que imposibilitaban cualquier planeamiento o un mínimo seguimiento de casos. Era imposible una atención continuada; y, por tanto, un planeamiento racional de la tarea.

-Como consecuencia de todo lo anterior, era imposible el trabajo en equipo.

-Escasez de enfermeras cualificadas y, por supuesto, sin especialización, frente a una gran mayoría del personal auxiliar de enfermería con escasa formación básica y sin apenas preparación técnica.

Como ustedes saben, el marco legal de la Reforma Psiquiátrica en España es el artículo 20 de la Ley General de Sanidad (14/86, de 25 de abril), que es la respuesta normativa fundamental al mandato constitucional que consagra el derecho que tienen todos los ciudadanos a la protección de la salud. No obstante, el documento que orienta esta Ley y sirve de base para la Reforma es el Informe de la Comisión Ministerial para la Reforma Psiquiátrica que se hizo público en abril de 1985. Este documento y aquélla Ley, constituyen el "Programa Marco" que teóricamente afecta a todos por igual, pero que en la práctica cada Comunidad Autónoma ha desarrollado en "su" momento y a "su" manera.

Es un hecho, que las Reformas Psiquiátricas han contribuido a que la Enfermería de Salud Mental y Psiquiátrica saliera del ostracismo y evolucionara acorde con las exigencias de su tiempo; pero no es menos cierto, que las propias enfermeras de salud mental han tenido una relevante intervención en esos procesos de Reforma. Intervención que ha sido posible gracias a la existencia del conocimiento enfermero, a la capacidad las profesionales para exigir la puesta en práctica de la mejor prestación de cuidados -eje de nuestra labor- y a su habilidad para modificar actitudes en el propio colectivo. Todo ello ha contribuido a que la transformación del rol profesional sea una realidad.

Tanto es así, que desde el modelo comunitario, y al amparo de las funciones propias, la enfermera de salud mental ejerce en diversos ámbitos de actuación y en su intervención:

-Potencia la promoción, mantenimiento y prevención de la salud integral, así como la asistencia, tratamiento y rehabilitación.

-Practica abordajes individuales, familiares y grupales.

-Diversifica sus actividades y usa métodos y técnicas de Enfermería para personalizar, capacitar y socializar al paciente psíquico.

-Potencia las capacidades individuales que permiten al sujeto un afrontamiento eficaz de los hechos para mantener la vida, la salud y el bienestar y conseguir así una autonomía que le lleve a la normalización y la mayor calidad de vida posible.

-Formula diagnósticos enfermeros, referidos a los procesos de autocuidados.

-Asume el incremento de responsabilidades, derivadas del ejercicio autónomo de su profesión.

-Postula la Filosofía Humanística, que es esencial para la prestación del cuidado enfermero.

-Conoce y asume los postulados y filosofía de la Atención Primaria de Salud, en el contexto del Sistema Nacional de Salud.

-Se nombra y desea ser nombrada como ENFERMERA que presta cuidados integrales y cuyo eje de intervención es la incapacidad que tiene el usuario ante la salud y la enfermedad.

Por consiguiente, la transformación producida ha puesto de manifiesto que, hoy, ya no somos un colectivo subordinado a otras disciplinas, sino profesionales autónomos y con grandes posibilidades de evolución; o sea, hemos dejado de ser "ayudantes" para ser "enfermeras", con lo que nos hemos equiparado con las enfermeras del entorno sociocultural de occidente.

Desgraciadamente, en España, las percepciones erróneas sobre la profesión enfermera son muchas, y todavía condicionan a gestores y políticos a la hora de plantearse cuestiones tan importantes como el dimensionamiento de plantillas, el servicio que debe prestar un dispositivo o la formación en la que se precisa invertir para conseguir profesionales competentes y capacitadas.

Y aún deberemos seguir esforzándonos para que se cambien esquemas en las mentes y en las estructuras sanitarias, para que el usuario no se vea privado de un servicio, el enfermero, que es reconocido universalmente y a veces nombrado imprescindible por altos organismos internacionales.

En definitiva, hay que significar que, las enfermeras de salud mental, hemos caminado de lo custodial a lo terapéutico, del manicomio a la comunidad, de la dependencia a la autonomía profesional y que, hoy, en el quehacer enfermero lo importante no es el uso de la jeringa, sino el uso de la palabra como herramienta terapéutica.

Con todo, hay que poner de manifiesto que la transformación del rol profesional es un proceso dinámico, sujeto a múltiples contingencias y que, además, tiene su tiempo y espacio. Y así tenemos que, en varias Comunidades Autónomas, las enfermeras de salud mental aún no han podido desarrollar su potencial, porque no tienen los espacios adecuados, esto es: nuevas estructuras de atención a la salud mental, y porque el tiempo parece haberse detenido en las arcáicas estructuras manicomiales y todavía no se disponen de Programas de Salud Mental ni de proyectos de Reforma Psiquiátrica, a pesar de la Carta Magna y de la Ley General de Sanidad.

Lo que nos hace pensar, dicho sea de paso, que existen ciudadanos de primera, segunda y tercera división, cuando menos; dado que a quien se le disloque la mente en Extremadura o Baleares, no tendrá las mismas oportunidades de atención y de cuidados que quienes vivan en Andalucía o en Asturias, por ejemplo.

Con esto se constata que hay lugares en España donde es posible avanzar, transformar la profesión, estar al día en conocimientos, aplicar planes de cuidados, trabajar con diagnósticos enfermeros y con criterios de calidad, hacer investigación, etc.; y, sin embargo, en otros sitios todo ésto no es posible, porque se está anclado 20 años atrás, muy a pesar de las propias enfermeras de salud mental.

Esto nos da pie para plantear, seguidamente, una cuestión que ha sido el eje central de las reivindicaciones profesionales: la especialiadad de Enfermería de Salud Mental.

En el contexto actual, nadie cuestiona la pertinencia de una formación de postgrado reglada para las enfermeras de salud mental, toda vez que existen razones que justifican sobradamente la implantación de la especialidad de Enfermería de Salud Mental. Citemos algunas de ellas:

* Los pacientes y las familias, usuarios de los servicios de salud mental, tienen derecho a recibir unos cuidados enfermeros excelentes. Y para dar esta cobertura asistencial, las enfermeras han de poseer los conocimientos y las habilidades necesarias.

* Las enfermeras de salud mental, debemos y podemos dar cumplida respuesta en la relación de servicio que mantenemos con el usuario en el acto enfermero; para lo cual, no son válidas las buenas voluntades, el ser más o menos autodidacta, el contar con más o menos experiencia o el estar adscrito a un equipo que "te deja hacer". Para ejercer nuestras funciones y tener capacidad de respuesta frente a las necesidades de cuidados de los pacientes psíquicos, es necesario contar con una formación postgraduada especializada.

* Por otro lado, la experiencia nos demuestra que la presencia en el equipo de salud mental de una enfermera especializada, contribuye a la mejora del estado de salud del paciente psíquico; y, además, éste llega a alcanzar, en la mayoría de los casos, unos niveles de autonomía, capacitación, socialización y normalización mayores que aquel paciente al que se le priva de los cuidados enfermeros.

* Además de la actividad asistencial, conviene habilitar medios y recursos para la investigación en Enfermería de Salud mental. Cuestión ésta, imposible sin una formación especializada.

* Teniendo en cuenta la reducción del curriculum básico de los estudios de Enfermería, no cabe duda que es imprescindible contar con la posibilidad de acceder a unos estudios que permitan especializarse en Enfermería de Salud Mental, ya que una enfermera generalista, con el curriculum actual, no puede obtener la capacitación requerida para prestar esos cuidados especializados. Téngase en cuenta que, en muchas ocasiones, se produce una dicotomía absurda entre la formación que se oferta y la prestación de servicios que la sociedad requiere de la enfermera.

* Considerando, además, los rápidos cambios socioeconómicos, culturales y medioambientales, tales como el aumento de las migraciones humanas, la superpoblación urbana y abandono de las zonas rurales; así como los elevados niveles de estrés ambiental, laboral y personal; la proliferación de nuevos tipos de familias, el envejicimiento de la población, la aparición de nuevos grupos de riesgo, etc., etc., determinan las nuevas expectativas que surgen alrededor de la Enfermería especializada en Salud Mental.

Por tanto, la lógica de los hechos nos indica que era necesaria la regulación de la formación postgraduada, ya que sin formación especializada no es posible una atención especializada. Y ésto, no sólo es válido para el ámbito de la Enfermería de Salud Mental, sino también para otros ámbitos de intervención enfermera donde, por ejemplo, los avances tecnológicos exigen estar en posesión del adecuado conocimiento porque se requieren cuidados más sofisticados y acordes con aquéllos. Con lo cuál, podemos afirmar que la figura de la enfermera polivalente o "todo-terreno" hoy, sin lugar a dudas, está fuera de lugar.

En este sentido, abogamos por la implantación de los planes de estudios conducentes al resto especialidades de Enfermería. Nos consta que ya se está trabajando para el desarrollo de la especialidad de "Cuidados Especiales".

Decíamos al principio, que la Enfermería en nuestro País ha pasado por múltiples vicisitudes. Y para entender el trayecto seguido por nuestra especialidad, es necesario mencionar los siguientes antecedentes de nuestra profesión:

-A principios de los años 50 se unificaron los estudios de Enfermeras, Practicantes y Matronas, y surgieron los Ayudantes Técnicos Sanitarios (A.T.S.). La unificación Colegial tuvo lugar en 1952.

-Para los A.T.S. se creó la especialidad de Psiquiatría en 1970 (Decreto 3193/1.970, de 22 de octubre).

-En 1977, se produce un hecho histórico, de gran magnitud para nuestra profesión, como es la integración en la Universidad de las Escuelas de A.T.S., como Escuelas Universitarias de Enfermería (E.U.E.) (Real Decreto 2128/1977, de 23 de julio, del Ministerio de Educación y Ciencia). Y una Orden Ministerial, del 31 de octubre de 1977, estableció posteriormente las directrices de los planes de estudio de las E.U.E. A pesar de implatarse los estudios universitarios, se siguieron impartiendo las especialidades existentes apara los A.T.S., entre ellas la de Psiquiatría.

-Otro hecho importante es que, en noviembre de 1984, se celebran en Madrid las Jornadas Constituyentes de la Asociación de Enfermería en Salud Mental, que hoy tenemos el honor de presidir; y que, desde que inició su andadura, ha propugnado la especialidad.

-En 1986, la Comisión de las Comunidades Europeas publica las recomendaciones para una Directiva (III/D/5) sobre enfermeros psiquiátricos europeos, editada en Bruselas el 21 de octubre de 1986.

-En todo ese tiempo, se siguen impartiendo las especialidades de los A.T.S. a las que acceden muchos diplomados en Enfermería; hasta que, por fin, tras diez años en la universidad, se publica el Real Decreto 992/1987, de 3 de julio, por el que se regula la obtención del título de enfermera especialista para las/los Diplomadas/os en Enfermería, en el que se contempla la especialidad de Enfermería de Salud Mental, que viene a sustituir al "A.T.S. Psiquiátrico".

En este punto, citemos una anécdota. En agosto de 1987, después que se publicara el decreto de las especialidades de Enfermería, el extinguido Instituto Andaluz de Salud Mental (IASAM), convocó a un grupos de enfermeras expertas para diseñar una propuesta de formación postgraduada de Enfermería de Salud Mental. Se elaboró un proyecto similar al que hoy tienen médicos y psicólogos, es decir, se pensó que era viable y asumible la figura del Enfermero Interno Residente (E.I.R.). Pero casi de inmediato, el IASAM dejó en suspenso el proyecto para "no adelantar acontecimientos" y esperar el desarrollo del Decreto antes citado. Pero como ese desarrollo no llegaba, la Reforma Psiquiátrica andaluza estaba en marcha y era preciso contar con enfermeras cualificadas, el IASAM puso en marcha, entre 1990-91, un Curso de Formación Postgraduada que, en definitiva, vino a suplantar al proyecto E.I.R. Mencionamos esta experiencia por lo que pudo llegar a ser y finalmente no fue, y porque no tenemos constancia de que se hiciera un intento tan importante en ninguna otra Comunidad Autónoma.

-Otro hecho importante, que conviene resaltar, es que, en 1990, nos sorprendieron a todos con la publicación del Real Decreto 1466, de 26 de octubre (publicado en B.O.E. núm. 278 del 20 de noviembre). Con este Decreto se produjo un gran atropello a la profesión enfermera y se la perjudicó enormemente, pues en él se contemplaba la reducción del curriculum básico, dejando las horas exigidas entre un mínimo de 1.800 y un máximo de 2.700; cuando antes se contaba con 4.600 horas, de acuerdo con la normativa de la C.E.E., y estábamos equiparados con otros países europeos como Bélgica que contaban con el mínimo exigido de 4.380 horas, Irlanda con 6.240 horas, Grecia con 5.047 horas, o el Reino Unido con 5.480 horas.

-Tras la publicación del "decreto de especialidades" en 1987, se realizaron algunos intentos para su desarrollo pero no cuajó ninguno. Lo que sí parece cierto es que siempre se consideró que, después de la especialidad de Matronas -a la que obligaba una Directiva europea-, era preciso desarrollar la de Enfermería de Salud Mental. De hecho, hubo algunos borradores; pero no fue hasta finales de 1995 cuando el Ministerio de Sanidad y Consumo, a petición del Comité Asesor de Especialidades de Enfermería, convocó a un grupos de expertos para que elaboráramos el Programa de Formación de la Especialidad que finalmente ha visto la luz.

Aquel grupo de expertos estuvo coordinado por Dña. Berta SANCHÍZ RAMOS, Secretaria del Comité Asesor de Especialidades de Enfermería y compuesto por:

-Dña. María Luisa NORIEGA MORÁN y D. Armando José COLOMER SIMON, como representantes del Ministerio de Sanidad y Consumo.

-Dña. María Isabel LEAL CERCÓS y D. José Luis VIAÑA CABALLERO, como representantes del Consejo General de Colegios de Enfermería de España.

-Y D. Germán PACHECO BORRELLA, en representación de la Asociación de Enfermería en Salud Mental.

Las sesiones de trabajo de este grupo tuvieron lugar entre noviembre y diciembre de 1995. El borrador que elaboramos pasó los trámites preceptivos, se introdujeron las modificaciones que se consideraron oportunas y, finalmente, el B.O.E. del 30 de junio de 1998 publicó la Orden del 24 de junio, del Ministerio de la Presidencia, por el que se desarrolla el Real Decreto 992/1987, de 3 de julio, sobre la obtensión del título de Enfermera especialista.

Téngase en cuenta, llegados a este punto, que en 1977 entramos en la Universidad, que los procesos de Reforma, en varias Comunidades Autónomas, habían comenzado a principios de los años 80, lo que supuso la contratación de muchas enfermeras para los nuevos dispositivos; que hasta julio de 1987 no se publica el famoso decreto "especialidades de Enfermería", que a finales del 1995 se redactó el borrador del Programa de Formación y que hasta junio de 1998, es decir: 11 años después, no se ha desarrollado dicho decreto.

Posteriormente, el 9 de julio de 1998, la Secretaría de Estado de Universidades, Investigación y Desarrollo del Ministerio de Educación y Cultura, firma una Resolución por la que se aprueba con carácter provisional el Programa formativo de la Especialidad de Enfermería de Salud Mental. Y en esa misma fecha, se hace pública la Resolución de la Secretaría de Estado de Universidades, Investigación y Desarrollo del Ministerio de Educación y Cultura y de la Subsecretaría de Sanidad y Consumo, por la que se aprueban los requesitos específicos de acreditación de las Unidades Docentes para la formación de enfermeros especialistas en salud mental.

Después de todo lo cual, el 30 de julio de 1998 se publica la orden del Ministerio de la Presidencia, por la que se convoca la prueba selectiva para iniciar los programas de formación de las especialidades de Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matronas) y de Salud Mental, en el año 1999.

Fueron convocadas 97 plazas de Matronas y 21 plazas para las enfermeras de salud mental, repartidas entre las cuatro Unidades Docentes acreditadas en Andalucía, Asturias, Madrid y País Vasco. En 1999, se han acreditado más unidades docentes y la oferta para el año 2000, si es cierta la información que manejamos, asciende a 57 plazas de enfermeras residentes.

Sin duda alguna, nos congratulamos de que por fin, tras 11 años de larga espera, nuestra tan ansiada y reivindicada especialidad se haya puesto en marcha y sea, como es, una realidad.

No obstante, hemos de hacer público que el día 6 de marzo de 1998, es decir, mucho antes de que se publicara la orden que desarrolla el decreto de especialidades, mientras se seguían los trámites preceptivos, en carta dirigida al Secretario General Técnico del Ministerio de Sanidad y Consumo, planteamos, en nombre de nuestra asociación, que considerábamos que el programa de formación de la enfermera residente de salud mental debía tener una duración de dos años, en lugar de uno como proponía el Ministerio de Sanidad. Asimismo, considerábamos que era necesario el desarrollo de las Disposiciones Transitorias Primera y Segunda del Real Decreto 992 y, ya entonces, proponíamos al Ministerio de Sanidad que, bien a través de un grupo de expertos convocados al efecto, o bien a través del Comité Asesor de Especialidades de Enfermería, se elaborara una propuesta normativa que regulara dichas disposiciones.

Como el tema de las transitorias afecta a una gran parte de nuestro colectivo, la A.E.S.M., tras consultar con socios y expertos de reconocido prestigio en nuestra profesión, elaboró una serie de propuestas que fueron presentadas y aprobadas en la Asamblea General de Socios celebrada el 21 de mayo de 1999 en la ciudad de Toledo. Dichas propuestas fueron presentadas en su día en el Ministerio de Sanidad y Consumo.

En síntesis, nuestras peticiones son:

1.- Que se haga efectiva la equivalencia del título de "Psiquiatría" por el de "Enfermería de Salud Mental", a tenor del contenido de la Disposición Final Primera del Real Decreto 992, y se proceda a la inscripción en el registro de Especialistas a cuantos Diplomados en Enfermería posean la titulación de especialistas en Psiquiatría.

2.- Que se constituya, a la mayor breveda posible, la Comisión Nacional de la Especialidad de Enfermería de Salud Mental, tal como contempla el Real Decreto 992, ya citado, toda vez que, entendemos, no existe ningún impedimento para su constitución inmediata.

3.- Que el Progranma de Formación de la Especialidad de Enfermería de Salud Mental, sea de dos años de duración, en lugar de uno, para conseguir así una formación más cualificada.

4.- Para el desarrollo de la Disposición Transitoria Primera del Decreto aludido, proponemos que puedan obtener el título de especialistas:

a) Quienes hayan ejercido cuatro años en los últimos diez -como dice el Decreto- y además acrediten una formación reglada de un mínimo de 250 horas.

b) Quienes hayan ejercido la profesión con carácter especializado durantes seis años de forma ininterrumpida hasta el 30 de junio de 1998 y, además estén provistos de un curriculum vitae que acredite su capacitación y conocimientos.

c) Quienes no puedan acojerse a ninguno de los dos puntos anteriores, deberán desarrollar un trabajo de investigación que no deberá requerir más de un año para su realización; o bien deberá someterse a una prueba para valorar sus conocimientos y capacitación, que versará sobre el Programa formativo de la Especialidad de Enfermería de Salud Mental aprobado por el Ministerio de Educación y Cultura, en Resolución del 9 de julio de 1998.

5.- Para el desarrollo de la Disposición Transitoria Segunda del Decreto aludido, proponemos que puedan obtener el título de especialistas:

a) Quienes hayan ejercido funciones docentes durante tres años ininterrumpidos en el área de conocimientos de Enfermería de Salud Mental hasta el 30 de junio de 1998 y además acrediten una formación reglada en ésta misma área de conocimientos y en el perfil de Enfermería de Salud Mental con un mínimo de 250 horas.

b) Quienes hayan ejercido funciones docentes durante seis años ininterrumpidos en el área de conocimientos de Enfermería de Salud Mental hasta el 30 de junio de 1998 y, además estén provistos de un curriculum vitae que acredite su capacitación y conocimientos.

c) Quienes pudiendo justificar el haber ejercido la docencia en el área de conocimientos de Enfermería de Salud Mental dutante tres años initerrumpidos hasta el 30 de junio de 1998 y no puedan acojerse a ninguno de los dos puntos anteriores, deberán desarrollar un trabajo de investigación que no deberá requerir más de un año para su realización; o bien deberá someterse a una prueba para valorar sus conocimientos y capacitación, que versará sobre el Programa formativo de la Especialidad de Enfermería de Salud Mental aprobado por el Ministerio de Educación y Cultura, en Resolución del 9 de julio de 1998.

6.- Que en todo caso, la Comisión Nacional de la Especialidad de Enfermería de Salud Mental o, en su defecto, el Comité Asesor de Especialidades de Enfermería, sea quien valore la calidad y pertinencia de los méritos presentados por los aspirantes a la hora de proponer el acceso a la titulación referida.

7.- Que para acceder a la titulación de enfermera especialista en Enfermería de Salud Mental por las vías propuestas, haya un período de carencia de tres años como máximo y que el aspirante cuente para tales supuestos con dos convocatorias.

Independientemente de que se acepten estas u otras propuestas similares, es obvio que el futuro inmediato de muchos profesionales estará condicionado por la regulación o no de su titulación académica. Y, en cualquier caso, es legítimo que las enfermeras de salud mental, que hacen profesión y prestan cuidados especializados, reivindiquen que se regule su situación y no tengan que esperar otros diez o doce años para que se desarrollen las Disposiciones Transitorias antes citadas. Está claro, además, que cuanto más tiempo pase, mayor será el conflicto a resolver, porque afectará a un número mayor de profesionales que ejercen como especialistas.

Por tanto, bienvenida sea la especialiadad, porque los profesionales necesitábamos que se desarrollase. Pero tendrá el beneplácito de todos, si trae consigo el desarrollo para el acceso a la titulación académica para todos cuantos, durante tanto tiempo, llevan ejerciendo la función social de prestar cuidados especializados, y la de formar a futuros profesionales, en nuestra área de concimientos.

Por cuanto hemos dicho hasta aquí, es evidente que se han producido, se producen y seguirán produciéndose cambios cualitativos en nuestra profesión. Pero aún tenemos pendientes otras cuestiones que, dependiendo de cómo se resulevan, van a afectar al futuro de la Enfermería en general y de la de Salud Mental en particular.

Una de esas cuestiones es el reconocimiento de la especialidad por las Instituciones Sanitarias. Esto deberá suponer, entre otras cosas, que una enfermera especialista en Enfermería de Salud Mental no pueda ser sustituida en su puesto de trabajo por otra sin especialización; ya que de lo contrario, sería malgastar los fondos públicos que se están invirtiendo en formar a nuevos especialistas.

Por otro lado, si a la falta de reconocimiento de nuestro trabajo especializado que hoy tenemos, le unimos la nula incentivación económica, no cabe duda de que, en un futuro próximo, habrá que buscar fórmulas que eleven el nivel de satisfacción subjetiva de las enfermeras de salud mental. Y una manera de incentivación podrá venir de la mano del desarrollo de lo que se ha dado en llamar la Carrera Profesional.

Y casi a la par con lo anterior, habrá que ordenar la profesión enfermera. Y un instrumento útil para esta ordenación será un Estatuto Jurídico de Funciones que nos ampare y se adecúe al rol profesional que desempeñamos y que contemple las atribuciones reconocidas para las enfermeras de salud mental, en los países de nuestro entorno sociocultural.

Además de todo esto, las enfermeras de salud mental tendremos que seguir luchando y exigiendo que se transformen las estructuras de atención a la salud mental y se adapten al devenir de una sociedad democrática como la nuestra, dejando atrás para siempre lo manicomial como estructura mental y de defensa fóbica de las ansiedades sociales; y abogar por un cambio actitudinal y filosófico que implique medidas conducentes a llevar la atención y los cuidados al lugar donde vive el ciudadano y reprobar que éste tenga que ser enclaustrado en un Hospital Psiquiátrico por padecer un trastorno mental. Suficientes son el sufrimiento y las pérdidas que la dislocación mental conlleva, como para que añadamos la pérdida de todo cuanto le rodea en su entorno natural y que le identifica como persona y ser social.

Todas estas cuestiones, son suficientemente importantes como para que se planifique el presente y el futuro de nuestra profesión.

Para terminar, aportemos alguna reflexión respecto a los avances tecnológicos y sus repercusiones para el futuro de nuestro ejercicio profesional.

En el ámbito de la salud mental -como en otros ámbitos de la sanidad y de la sociedad en general-, una tecnología que se está imponiendo es la Informática. Efectivamente, la informatización de los servicios sanitarios, en breve, afectará profundamente a los usuarios del Sistema Nacional de Salud; y podrá serles muy útil si se planifica y ordena de forma adecuada y se salvaguardan los derechos de aquellos. Asimismo, para los profesionales aportará ventajas en cuanto a la agilización de las tareas administrativas, a la interconexión entre ellos y entre dispositivos del propio servicio de salud mental y entre los servicos hospitalarios y los de la atención primaria de salud.

Las enfermeras de salud mental deberán adaptarse a esta tecnología y hacer un buen uso de ella para el desarrollo de sus funciones. La informatización facilitará el debate "virtual" permanente sobre los cuidados, los procesos de Enfermería de Salud Mental y sobre tantos y tan variados temas. No obstante, no deberá olvidar a la persona, de cuyos cuidados es responsable. Porque detrás del diseño de un plan de cuidados escrito en una pantalla del ordenador, habrá siempre un ser humano que nos necesita. La enfermera no deberá olvidar la vertiente humanística de su trabajo. Por mucha tecnología que podamos emplear en el futuro, seguiremos trabajando con las relaciones interpersonales. La presencia, la relación de ayuda, el hecho mismo de cuidar, esto es, hacer lo que una persona no sabe o no puede hacer por sí misma, son cosas que se nos antojan insustituibles por artilugios técnicos. La acción intecionada para satisfacer necesidades de usuarios y familias, la acción humana, no puede ser sustituida por tecnología alguna y menos en el ámbito de la Enfermería de Salud Mental.

Como citar esta conferencia:

Germán Pacheco BorrellaPRESENTE Y FUTURO DE LAS ENFERMERAS DE SALUD MENTALI Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia 57-CI-B: [28 pantallas]. Disponible en:  http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa57/conferencias/57_ci_b.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo. 

 
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