| RESUMEN Presentamos
el caso de una paciente de 34 años con múltiples diagnósticos: colon irritable,
cólicos nefríticos de repetición, anemia crónica, astenia, molestias somáticas
múltiples, ansiedad generalizada y distimia.
Hace siete años se hace miembro de una secta religiosa. Durante este
tiempo permanece libre de sintomatología y no recibe ningún tipo de medicación
convencional ni homeopática. Coincidiendo con problemas de disolución de la
organización y de la presión psicológica culpabilizadora ejercida por el dirigente para
evitar el abandono de los miembros, la paciente desarrolla un cuadro psicopatológico de
reacción paranoide aguda que requiere hospitalización.
El caso es representativo de cómo la imposición y adopción de un
sistema de creencias compartido en un grupo con un alto nivel de cohesión entre sus
miembros, previene la libertad personal e influye tanto en la remisión de síntomas, en
identidades poco definidas o débiles, al proporcionar un soporte existencial, así como
en la reaparición y precipitación de psicopatología con la ruptura del mismo.
Palabras clave: psicopatología, identidad, libertad, existencialismo, sectas.
INTRODUCCIÓN
Una secta podría definirse como un grupo de personas que conforman un
sistema abierto, cuyos componentes son los miembros funcionales y las creencias que
comparten, y que mantienen una estricta demarcación del límite entre el grupo y la
población general. La organización interna es jerárquica y hay una figura dominante y
dominadora que es líder, cuya idiosincrasia tiñe las normas y comportamiento del grupo.
Los miembros se adhieren a un sistema de creencias consensuado, anteponen la doctrina por
encima de la persona, tienen un alto nivel de cohesión social y emocional, son muy
influenciables por las normas comportamentales , ejercen un estricto control del medio,
atribuyen fuerza divina al grupo y a su líder, y hacen concesión de su existencia al
mismo.
M. Galanter (1) considera cuatro períodos críticos que potencialmente
involucrarían a la psicopatología: la conversión, la estancia de largo plazo (más
de un año) y el proceso de abandono.
Otros autores (2) destacan elementos predisponentes de ingreso, complicaciones
psiquiátricas que se derivan de la militancia sectaria, y el "estado de
sectarización" con sus manifestaciones propias. En cuanto a los elementos
predisponentes unos no encontraron síntomas o rasgos particularmente relevantes (2), (3)
mientras que otros destacan los problemas emocionales (4), (5) alto nivel de neuroticismo
con baja autoestima, tristeza crónica, sentimiento de insatisfacción, relaciones
parentales e interpersonales insatisfactorias, personalidad límite, dependiente y
esquizofrenia (2), (6). Episodios psicóticos agudos, estados de trance histérico,
alucinaciones conversivas de todo el espectro sensorial, fenómeno del don de lenguas,
estados de enorme desesperación y ansiedad se han visto como complicaciones
psiquiátricas de la militancia sectaria (2), (7), (8). En cuanto al fenómeno de
sectarización hay que destacar el proceso de reforma del pensamiento. Se persigue que el
individuo adopte una nueva identidad, se esfuerce por comprender y hacer suya la nueva
doctrina, identificando, exponiendo y corrigiendo sus errores (2). Dentro de este
fenómeno la conversión (1) se ha visto que tiene una función potencialmente restitutiva
al ejercer el rol de cristalización de una "experiencia de significado" (9) que
proporciona a la persona una integración del ego (4), (5), (10).
Una vez que el individuo es miembro del grupo se torna dependiente del
mismo. De sus actividades, lugares y creencias, con la consecuente búsqueda de contacto
del mismo, en forma de cercanía física, emocional, y le entrega cada vez más tiempo con
el consiguiente abandono de relaciones familiares y obligaciones laborales y sociales.
Esto va unido a una gran intolerancia a la soledad. Al adepto le invade un gran temor al
pensar que podría dejar de serlo, vivencia el universo exterior como dañino y peligroso
(2). Para que esta adherencia tenga lugar, la relación del adepto con el grupo y el
líder es en principio desigual, pasiva y sumisa. Al individuo se le inculca o potencia
una autoevaluación negativa de culpa e infravaloración que sólo podrá trascender por
medio de la militancia. El adepto idealiza a esta figura castigadora a la que inmiscuye de
bondad, omnipotencia y autoridad. Así obedece y se somete voluntariamente,
anteponiéndolo a todo lo demás, hasta el punto de renunciar al derecho de poseer
espacios y objetos propios, y a conservar en la intimidad los pensamientos y emociones.
Esto siembra el terreno para la disponibilidad a la explotación (2). En una segunda etapa
la actitud pasa a ser activa. Una vez que el adepto se ha identificado y ha hecho suyas
las normas, y por la necesidad de aprobación del líder, la obediencia se torna creativa,
entusiasta y el adepto se siente impelido a satisfacer las elevadas exigencias que se le
imponen.
CASO CLÍNICO
Se trata de una paciente de 34 años, soltera, que acude a la urgencia
psiquiátrica acompañada por una hermana. Aquí se observa ideación delirante de
contenido místico, de oposición del bien y del mal, discurso enlentecido, coherente y
falta de conciencia de enfermedad. Se procede a ingreso voluntario en la Unidad de
Hospitalización Breve durante veinte días, con diagnóstico de presunción de brote
psicótico.
ANTECEDENTES PERSONALES
- Anemia crónica, que refiere padecer desde la niñez de forma
intermitente.
- Molestias somáticas múltiples desde los 18 años (estreñimiento,
diarreas, dolores abdominales, dismenorrea y metrorragias, cefaleas y cólicos nefríticos
de repetición). Se le diagnostica de colon irritable y trastorno funcional.
- Ansiedad generalizada, astenia ,tristeza y sentimiento crónico de
soledad. De forma intermitente toma de ansiolíticos y acude a terapia psicológica
durante dos meses.
- Durante ocho años toma medicación homeopática.
ANTECEDENTES FAMILIARES
Madre: muerta cuando la paciente tenía 5 años de cáncer de mama.
Padre: sano y casado al poco tiempo de enviudar por segunda vez.
Hermanos: seis hermanos, tres del primer matrimonio y tres del segundo. No
constan antecedentes psiquiátricos entre ellos.
HISTORIA PERSONAL
Parto y desarrollo psicomotor normales. Hasta la edad de seis años
permanece en el pueblo en el que nació y es cuidada por la abuela paterna. Según
recuerda, su madre sufría mucho y no podía atenderla. Del padre sólo menciona que era
cariñoso.
Al morir la madre es enviada con una hermana a un internado de monjas
donde permanece hasta los 19 años. Aquí en un principio era traviesa e inquieta, y las
comparaciones con la hermana ,"la buena", eran constantes. Después su
comportamiento se tornó más adaptado y comenzó a destacar en los estudios.
A la edad de 15 años se describe como introvertida y demasiado joven para
ir con las amigas a la discoteca o salir con chicos. Prefería estudiar y pasear. Supera
el bachillerato con nota de sobresaliente y decide estudiar Medicina, para ayudar a los
demás y en parte a sí misma. Con 17 años contacta con un grupo católico del
Cristianismo Primitivo donde hace estudios bíblicos.
Comienza los estudios de Medicina con 19 años. Invierte cinco años en
aprobar los tres primeros cursos. Durante este tiempo es mantenida económicamente por la
familia y vive en distintos pisos compartidos. Sus relaciones sociales son escasas y se
limitan al horario de clases ya que según refiere no tenía dinero para divertirse.
Contacta con un grupo de la corriente "Nueva Era" que abandona en poco tiempo.
Mantiene durante un año una relación sentimental con una hombre 20 años mayor que ella,
al que abandona por estar casado.
Marcha a otra ciudad donde permanece otros tres años y continua el cuarto
curso de carrera. Los constantes problemas de salud y de dinero impiden que continúe
estudiando por lo que vuelve con la familia. Inicia tratamiento homeopático ya que deja
de confiar en la medicina ortodoxa. Retoma sin embargo los estudios, pero el cansancio,
tristeza y un profundo sentimiento de soledad la llevan a buscar otras alternativas. Toma
clases de arte y allí conoce a un hombre 10 años mayor con quien mantiene una nueva
relación. Esta persona recibe tratamiento psicológico y ambos acuden a musicoterapia y
prácticas de yoga. La relación se rompe al cabo de unos meses por iniciativa de ésta
persona.
De nuevo la paciente vuelve con la familia y es a través de una amiga
médico que toma contacto con una secta religiosa. Abandona la medicación homeopática,
por considerarla "cosa del diablo", y cuestiona y se culpabiliza por su pasado.
Los síntomas que venía arrastrando desde hacía tiempo remiten, comienza a trabajar y
vive sola. Entrega una gran parte de sus ingresos al grupo y adopta un papel activo dentro
de él: organiza reuniones domiciliarias, pasa todo su tiempo libre vinculada a las
actividades del mismo, con la aspiración de conseguir cierto puesto de responsabilidad.
Un mes antes del ingreso en la planta psiquiátrica, el líder del grupo
presiona a los miembros pidiéndoles más aportes económicos. La organización se escinde
en dos grupos, y aquel culpabiliza a los disidentes haciendo ver a los otros que es una
prueba de la actuación del diablo. El grupo disidente se reorganiza y dice lo propio de
los contrarios.
Es en una de estas actuaciones del líder, cuando la paciente nota que su
pensamiento va muy deprisa y que en su mente aparecen representaciones de las páginas del
Nuevo Testamento que no puede controlar. En la calle nota que gente de la iglesia la
vigila. Percibe en la T.V. cintas de vídeo dirigidas a ella, sin un fin concreto y que
otros conocen sus pensamientos de manera instintiva. En este estado continua trabajando y
acudiendo a la iglesia.
Dos días previos al ingreso mantiene personalmente una discusión que
califica de muy fuerte con el dirigente y es entonces cuando siente que algo malo va a
suceder, se siente perseguida por los miembros del grupo y por su familia. Nota sabores
extraños en la comida y cree que la están echando medicinas. Se encierra en una
habitación de su lugar de trabajo y escucha ruidos de aviones lo cual significaba que
podríamos estar en guerra. Ve a través de la ventana, de noche, a muchas personas que
ella sabe que no estaban ahí.
Es trasladada al servicio de urgencias donde llega aparentemente tranquila
diciendo que Jesucristo había muerto por ella... que el demonio actúa a través de las
personas y que está aquí pero que no es de éste mundo. Acepta el ingreso de forma
voluntaria.
INGRESO EN LA UNIDAD DE HOSPITALIZACIÓN BREVE
En un principio destaca el miedo a comer por si es envenenada, se siente
muy cansada y aparenta tranquilidad. Se inicia tratamiento neuroléptico (haloperidol
5mg/d) y anticolinérgico (biperideno 2mg/d). A las 24 horas del ingreso refiere que lo
que había dicho en la evaluación de urgencia, formaba parte de las creencias de su fe, y
que la crisis se debía a su debilidad física y estado de desnutrición. A los pocos
días del ingreso la sintomatología que lo motivó había remitido. Su actitud durante la
estancia fue de colaboración, se mostró tranquila pero muy aislada. En las pruebas
diagnósticas complementarias lo único destacable es anemia (HBG: 10.4 y HTC: 31.2). Se
diagnostica de trastorno delirante crónico y es remitida a Hospital de Día.
HOSPITAL DE DÍA
Su estancia aquí es de tres meses. La sintomatología predominante
durante este tiempo fue de astenia, dificultades de concentración, angustia, ansiedad,
lentitud psicomotriz, apatía, poca expresividad, tristeza e insomnio tardío. No
constatamos psicopatología de carácter psicótico positivo en ningún momento.
Ante el intento de confrontación de las experiencias psicóticas pasadas,
la paciente mostraba gran angustia en principio por lo que se pospuso el abordaje.
Sospechamos que la lentitud psicomotora, temblor, dificultades de concentración y apatía
pudieran estar provocadas por la medicación neuroléptica por lo que se procedió a
sustituir el haloperidol por dosis bajas de risperidona (2mg/d) y benzodiacepinas
(clorazepato dipotásico 10 mg/d). El estado de enlentecimiento y el temblor mejora
considerablemente y se muestra con una actitud más activa en ciertas actividades
terapéuticas grupales. Gestiona una ayuda económica e inicia el estudio de una
oposición de Auxiliar Sanitario. Hay sin embargo, otras actividades grupales que se niega
a realizar: expresión corporal guiada con música y ciertos juegos creativos. Argumenta
esto diciendo que hay cierto tipo de música que es negativa porque afecta a la parte
espiritual del ser, hasta el punto de provocar enfermedades, y que ciertos actos o juegos
suponían para ella imiscuirse en las competencias de Dios.
Durante las entrevistas individuales se muestra verbalmente poco
expresiva, con desinterés y actitud defensiva, hasta que se le insta a hablar de sus
creencias religiosas y no de sus síntomas, con un abordaje desde la empatía y el respeto
y no desde la confrontación que supone la postura de considerar sus creencias como
psicopatológicas. La paciente abandona la actitud anterior y se instaura un clima de
confianza en la relación terapeútica. Habla entonces con gran congruencia e implicación
afectiva sobre la iglesia de la que es miembro, se disipa el aplanamiento afectivo y el
discurso monótono pobre de contenido y disprosódico que había mostrado hasta éste
momento. Nos expone una serie de creencias acerca de Dios y del diablo y de su
manifestación en el mundo, de los poderes que la fe otorga al hombre y cómo estas
creencias han de dirigir la vida en la tierra. No consideramos ideas delirantes a estas
creencia por dos motivos: la paciente admite que esas son sus creencias y aunque ella las
tome como verdad habrá quien tenga otras; y segundo, son las creencias que componen la
doctrina de una determinada iglesia evangelista.
Es a través de esta vía que se intenta el abordaje de la psicopatología
que había motivado el ingreso. La paciente mantiene ahora una actitud de escucha ante lo
que nosotros pensamos que podría haberle ocurrida en esos momentos de crisis y no
racionaliza con sus creencias cada una de nuestras hipótesis. Admite que se había
sentido anormalmente extraña y que ciertas cosas (el ruido de aviones, el pensar que
estamos en guerra, las personas que vio por la ventana y el creer que iba a ser atacada o
envenenada) la habían asustado mucho y debieron ser resultado de una perturbación en su
mente.
Sugerimos que no era conveniente que le dedicase tanto tiempo a temas
religiosos y que se involucrase más en otras facetas de la vida que ella reconocía
había abandonado. Aceptó esta propuesta y como ya hemos mencionado comenzó a preparar
unas oposiciones, gestionó una ayuda económica y mejoró el grado de implicación con la
familia.
Conforme la paciente fue tomando conciencia de cómo la vinculación con
la organización religiosa había absorbido su vida y hasta que había negociado con ella,
aparece un sentimiento creciente de rabia y un estado de disforia que después se torna en
tristeza, sentimiento de desamparo y de angustia existencial. Esto corría paralelo al
hecho de que intuía que su periodo de estancia en Hospital de Día concluiría pronto, lo
cual acrecentaba aún más su nivel de angustia. Manifestó que no sabía qué hacer con
su vida.
Decidimos retirar la medicación neuroléptica y dejar sólo el
tratamiento benzodiacepínico. Dirigimos el foco de las entrevistas a canalizar la
expresión de la rabia y a definir y encuadrar el sentimiento de vacío que ahora sentía
la paciente al verse desprovista del vínculo del grupo. Con respecto al primer punto
mostraba una gran resistencia en la verbalización. Una de las creencias de la doctrina
era que sentir odio o verbalizarlo era hacerse daño a uno mismo. Utilizando su propia
fuente teórica, los Evangelios, intentamos hacerla ver el aspecto positivo de este
sentimiento, en el sentido de que la rabia y el desacuerdo son propiamente humanos (hasta
Jesucristo lo muestra de forma explícita en algún pasaje de Las Escrituras), que si bien
tienen una manifestación fisiológica, surgían en su caso por un conflicto en su
búsqueda de significados a la vida, y que el haberse percatado de ello posibilitaría una
búsqueda de sentidos menos dañina y más auténticos.
En lo que se refiere al sentimiento de vacío y la reacción depresiva
consecutiva, se vinculaba con que la paciente tenía delante un futuro que tenía que
"llenar de cosas y de relaciones". Sin embargo el sentido último de la
existencia que ella situaba en Dios, estaba cubierto por su incondicional fe religiosa.
Con este sólido soporte fue ella misma quien propuso cómo continuar su vida, con
proyectos adecuados a su realidad en ese momento.
Insistimos mucho en la importancia de ecologizar su tiempo y la
distribución del mismo en facetas laborales, sociales, familiares y afectivas y que la
invasión y descuido de estas parcelas por otras de carácter trascendental, la habían
llevado a una estado de desconexión de la realidad y de excisión de sí misma que había
concluido en un ingreso y tratamiento psiquiátrico.
DISCUSIÓN
A lo largo de la historia de ésta paciente encontramos diversos síntomas
y signos psicopatológicos y somáticos que podemos dividir en dos grandes grupos: unos de
carácter crónico y otros agudos. En cuanto a los primeros cabe situarlos en su inicio
entre los 18 y los 20 años: ansiedad, astenia, hipotimia, tristeza, sentimiento de
soledad, anemia crónica, molestias digestivas múltiples, colon irritable, cólicos
nefríticos de repetición y dismenorrea. En función de este complejo sintomático y de
su evolución en el tiempo la paciente recibió múltiples diagnósticos: trastorno de
ansiedad generalizada, distimia, trastorno somatomorfo indiferenciado y anemia crónica
que cabe considerar en su doble vertiente de entidad clínica propia y por la repercusión
a nivel psíquico que tiene esta patología.
En cuanto a la constelación de síntomas agudos señalar que comienzan
aproximadamente un mes antes del ingreso psiquiátrico. Como ya apuntamos antes
consistieron en trastornos del curso y contenido del pensamiento, alteración de la
heteroconciencia con sensación de desrealización y perplejidad y trastornos perceptivos
en forma de ilusiones auditivas con distorsión del sentido del objeto, intuición y
percepciones delirantes. En función de esta descripción fenomenológica consideramos
este cuadro como un episodio psicótico. Si tenemos en cuenta su evolución en el tiempo y
la relación que mantiene con el acontecimiento estresante cargado de significado paralelo
al cual surgió, podemos considerar que se trata de un trastorno psicótico breve.
Un tercer grupo de síntomas aparecen después de la resolución del
cuadro agudo( astenia, dificultades de concentración, ansiedad, angustia, lentitud
psicomotora, apatía, tristeza, insomnio, acatisia, temblor, sentimiento de rabia y de
vacío). Aquí cabe considerar un cuadro extrapiramidal provocado por la medicación
neuroléptica, el cual remite con la retirada del fármaco, además de una reacción
adaptativa con características ansioso-depresivas asociada con la ruptura del vínculo
con el grupo religioso, la toma de conciencia de haber tenido un episodio psicótico o
bien la emergencia de la psicopatología crónica y rasgos de personalidad.
Según deducimos de la historia longitudinal de esta paciente observamos
en su personalidad rasgos de introversión y de inferioridad, tendencia al aislamiento y a
la intelectualización. Dependencia y pasividad en las relaciones interpersonales y poca
tolerancia a la soledad. Durante su estancia en el Servicio de Hospital de Día, vimos una
alto nivel de neuroticismo, escasa sociabilidad, gran sentido del orden, del deber y
autodisciplina. Uso predominante de la negación, distorsión, intelectualización y
racionalización, idealización, ascetismo y represión.
Desde el punto de vista evolutivo y del establecimiento de relaciones
objetales hay aspectos marcados de interés. La enfermedad de la madre y su muerte con el
recuerdo de sufrimiento e invalidez que ha permanecido asociado a esta figura. La
sustitución de la madre por la abuela paterna y la figura ausente del padre. La
separación del núcleo familiar al ser enviada a un internado. En la etapa de
adolescente, momento de búsqueda de la identidad y autodefinición hace un giro hacia la
introversión y se desmarca de las actividades de encuentro social y de exploración de
relaciones con el otro sexo, volcándose en los estudios y vinculándose a grupos
religiosos y de ideología alternativa. Inicio de problemas de salud al abandonar el
internado y comenzar los estudios universitarios, con la demanda de autonomía que este
momento supone. Establecimiento de dos relaciones afectivas con hombres 20 y 10 años
mayor que ella, ninguna de las cuales llega a consolidarse y acaban en ruptura. Ingreso en
una secta religiosa en la que permanece siete años con remisión de síntomas y abandono
de la medicación homeopática que había mantenido durante años, y aparición de
sintomatología de carácter psicótico, paralela a la ruptura de éste vínculo sectario,
con necesidad de internamiento psiquiátrico.
Aparte de los síntomas psicopatológicos y trastornos psíquicos y
somáticos descritos, creemos merece la pena ir un paso más allá de lo fenomenológico y
nos permitimos hacer un intento de interpretación dinámica.
Observamos como hechos destacados en esta persona: que hay un compromiso
en lo que se refiere al vínculo y la separación, una falla en el establecimiento de su
autodefinición e identidad y en la asunción de la función de libertad que adecúa para
desarrollar un proyecto existencial basado en la búsqueda de significados propios y no
alienantes, que son coartadores y falsificadores de libertad.
Como apunta Erich Fromm, desde que el bebé comienza a reconocerse a sí
mismo como ser humano distinto, ha de enfrentarse a la ansiedad de la soledad con el
anhelo de expresarse en plenitud. La soledad puede ser muy dolorosa y se suprime la
tendencia a la individuación en aras de una ilusión de vínculo y al deseo universal
humano de fusión y seguridad. El hombre además tendría necesidad de trascendencia,
elevándose por encima de los instinto básicos, de identidad, de sentirse aceptado y
único y de un marco de orientación que entre otros representa la religión.
Esta persona probablemente por una carencia de figuras de identificación
e introyecciones inadecuadas, no ha podido construir una identidad lo bastante definida y
sólida como superar la separación y la demanda de autonomía que la vida en la etapa
adulta exige. Manifiesta síntomas ante la angustia que esto la supone, y la respuesta
somática y psíquica crónica repetida refleja un modelaje biológico determinado de
respuesta.
En otro punto destaca la necesidad de dar sentido y buscar significados a
la existencia que de acuerdo con V. Frankl (9) es un fenómeno inherente al ser humano y
cuya represión puede desencadenar una neurosis noogénica (sentimiento de falta de
sentido y desespero existencial que conduce a huir de la propia vida, refugiándose en
drogas y por extensión grupos de carácter sectario). Tengamos en cuenta la constante
tendencia de esta persona de vincularse a grupos de temática autotrascendente, obviando
la potencialidad de destructividad individual de los mismos. Continuando con Frankl (9) ,
estamos de acuerdo en que existe una función de religiosidad inconsciente de carácter
espiritual y existencial en el hombre, con distintos moldes culturales, que le permite
nacer en la realidad con distintos grados de verdad. Andreasen (11) sugiere que la
religión tiene un valor positivo en el relleno de un vació y proporciona fuerza y
significado a la vida. Freud (12) refirió que los creyentes estaban salvaguardados en un
alto grado contra el desarrollo de cierto tipo de trastornos neuróticos.
Dentro de este marco teórico podemos hacer una aproximación a la
evolución sintomática en relación con la vinculación al grupo sectario de esta
paciente. Diversos autores han encontrado que el estrés psicológico como antecedente, es
frecuente en personas que se hacen adeptos: deprimidos, inadecuados, solos, rechazados y
tristes (13). Schwartz y Kaslow (14) vieron que el grupo era una solución a los
conflictos despertados por la demanda de autonomía que impone la sociedad. Estas personas
no estarían cómodas en el papel de un modelo adulto que valora la autonomía personal.
Las preocupaciones concernientes a los propósitos y el destino se asocian con una
insatisfacción de las relaciones interpersonales que conducen a la soledad. Se puede
recurrir a estos grupos como forma de disminuir la sensación de incomplitud personal .
En cuanto a la psicopatología entre los miembros, Galanter y
colaboradores (4),(5) encontraron problemas emocionales; otros, (6) hablan de ciertas
sectas que atraen a miembros con un alto grado de psicopatología: tristeza crónica,
relaciones parentales insatisfactorias, trastorno límite y dependiente de la personalidad
y esquizofrenia. Kiev y Francis (15) encontraron que el grupo en principio permitía la
remisión temporal de los síntomas en los adeptos, aunque más tarde se podría exacerbar
la sintomatología por la presión que se ejerce sobre aquellos que no consiguen progresos
claros, lo cual exacerba la ansiedad. La mayoría de miembros dicen que la adhesión ha
tenido efectos positivos en sus estados psicológicos, con una disminución del
autodesprecio, mayor sensación de calma y mejora en las relaciones (16),(17).
Hasta aquí vemos que nuestra paciente arrastraba un cuadro afectivo
crónico de carácter distímico, trastorno de ansiedad, dificultades en el
establecimiento de la autonomía personal, insatisfacción en las relaciones
interpersonales con sentimiento de vacío y soledad. Destaca la remisión de síntomas con
su ingreso en la organización.
Clark (18) observó que los miembros fuera de la secta se muestran con
frecuencia monótonos y distraídos, estereotipados e inexpresivos cuando la conversación
no es relativa a su nueva experiencia. Destaca el compromiso de la riqueza de vocabulario.
Esta observación aparecía patente en la paciente como ya señalamos.
El sistema credencial del grupo es primordial y básico a la hora de
considerar lo que fenomenológicamente constituiría un delirio si se tomara al adepto
fuera del contexto de su grupo. Cada secta tiene una "ciencia secreta" cuyo
dogma incuestionable puede explicar todas las facetas de la vida. Por el gran rol de
grandiosidad de que se inviste al líder, el test de realidad de los miembros se puede ver
suspendido al no cuestionar sus mandatos. En nuestro caso ya mencionamos el momento en que
la paciente se negaba a realizar determinadas tareas de expresión corporal y la
argumentación correspondiente que daba al respecto, así como también que en
determinados estados podía "hablar en lenguas" y admitía la curación por la
fe. No podemos considerar esto como delirio en cuanto que forma parte del dogma del grupo.
A la hora de aproximarse a los miembros de un grupo de estas
características, Galanter (1) enfatiza en la necesidad de adoptar una postura empática
ante las creencias del individuo y no confrontarlas como síntomas de enfermedad. Nosotros
observamos que el establecimiento de la relación terapeútica sólo fue posible desde
éste ángulo.
Muy importante es estudiar la psicología del grupo ya que conductas que
podrían tildarse de patológicas en un individuo aislado serían adaptativas cuando es un
adepto. Además ciertos comportamientos sólo se pondrían de manifiesto ante una
situación que se viviera como amenazante para la integridad del grupo. De esto se deduce
la trascendencia que tiene la forma en que un observador se aproxima, ya que su actitud va
a modificar la respuesta de aquellos y el fenómeno psicopatológico que podría emerger
(18), (19).
Se comprobó (1) que la variable de cohesión social que más se
correlacionó con la remisión de síntomas neuróticos era la temeridad conjunta hacia
los no miembros y con ello la facilidad con que puede aparecer una defensa paranoide ante
presiones de abandono.
Para los adeptos su identidad y la integridad de su yo está supeditada al
grupo o al líder del mismo. Una escisión de este soporte va a suponer para una identidad
que no descansa en cimientos propios una repercusión análoga. En nuestro caso la
paciente comenzó a presentar síntomas graves de compromiso en su integridad psíquica
que culminaron en una reacción psicótica, coincidiendo con la excisión del grupo al que
se había mantenido fuertemente vinculada durante siete años. Por todo lo argumentado en
el análisis de éste caso no coincidimos en el diagnóstico de trastorno delirante
crónico, que según nuestra opinión fue confundido con un sistema de creencias
compartido por un grupo sectario.
CONCLUSIONES
En psiquiatría se tienden a construir las creencias religiosas en
términos psicopatológicos. Hay que tener muy en cuenta la complejidad del contenido
existencial de la experiencia religiosa como fenómeno humano y de la necesidad de
autotrascendencia que tiene el hombre.
Destacamos la importancia de considerar el fenómeno psicopatológico no
sólo en el contexto de la psicología del individuo sino de indagar la posibilidad de
estar ante una manifestación psíquica en la que subyazca una dinámica grupal, que
modificaría la interpretación y abordaje de síntomas que fenomenológicamente
sugerirían enfermedad.
La actitud empática, flexible y de respeto hacia las creencias del otro,
en contra de la confrontación y abordaje desde los síntomas, creemos que es la mejor
vía para comprender el por qué y el desde dónde surgen, ya que van a permitir que el
paciente nos deje entrar en algo tan propio como es su sistema credencial. De lo contrario
podríamos no recibir contenidos esenciales de información y basar nuestro juicio
clínico en lo que es sólo apariencia.
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Como citar esta comunicación:
de Hortega de Frutos, E. Benítez
Montero, M. Gutiérrez Rodríguez, M. PSICOPATOLOGÍA Y SECTAS: A PROPÓSITO DE
UN CASO. I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000
[citado: *]; Comunicación 52-CO-E: [26 pantallas]. Disponible en:
http://www.psiquiatria.com/congreso/mesa52/comunica/52_co_e.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este
artículo. |