| ADICIÓN DE LITIO
Añadir litio al tratamiento antidepresivo en curso, constituye una de las
opciones mas eficaces para el tratamiento de DRT. Desde que De Montigny comunicó su
utilidad por primera vez, esta ha sido demostrada tanto en estudios abiertos como
controlados (De Montigny et al., 1981, 1983; Heninger et al., 1983; Zusky et al., 1988;
Schopf et al. 1989, Austin et al., 1991; Stein & Bernadt, 1993; Alvarez et al., 1994,
1997). Su eficacia ha sido demostrada también en relación a los ISRS, como fluoxetina
(Pope et al., 1985; Ontiveros et al., 1991; Fava et al., 1994) y sertralina (Dinan, 1993).
El mecanismo de acción por el cual, probablemente, el litio
potencia la acción antidepresiva se relaciona con el incremento de la síntesis y/o
liberación de serotonina. Esta acción neuroquímica del litio ha sido evidenciada
experimentalmente (Broderik & Lynch, 1982), y en pacientes afectivos a través de
estudiar el modelo periférico de indolaminas (Artigas et al., 1989). La posibilidad de
una potenciación cinética ha sido descartada (De Montigny et al., 1983). Estos datos son
particularmente importantes dado el carácter "sucio" de las acciones
neuroquímicas del litio, ya que actúa a diversos y distintos niveles y solo estos, que
están debidamente contrastados ayudan a entender el mecanismo de acción, así como las
precauciones a tener en cuenta.
La dosis y los niveles plasmáticos eficaces son claramente
inferiores a los utilizados como profiláctico de las recaídas en los trastornos
bipolares. La dosis inicial en pacientes sanos suele ser de 600 a 800 mg/día
repartidos en tres tomas. En pacientes de edad avanzada o con enfermedades medicas
importantes es recomendable iniciar el tratamiento con 400 mg/día. Un reciente trabajo
acerca de la dosis eficaz del litio en esta indicación recomendaba dosis
"normales" antes que bajas (Stein & Bernardt, 1993). Sin embargo un claro
inconveniente metodológico invalida esta conclusión: comparaban dosis bajas 750 mg/día,
contra dosis extremadamente bajas, 250 mg/día, en pacientes sanos. Los niveles en
plasma no se relacionan con la mejoría clínica (De Montingy et al., 1983; Dinan,
1993; Alvarez et al., 1994), lo cual concuerda con la eficacia de dosis bajas.
Probablemente, ello es debido a que el litio incrementa la síntesis de 5HT a partir de
una litemia de 0.1 mmol/l, pero su efecto máximo en este sentido, se produce al alcanzar
los 0.4 mmol/l (Broderick & Lynch, 1982). Unos niveles superiores a 0.20 pero siempre
inferiores a 0.60 mmol/l, deben ser suficientes para garantizar el máximo de
potenciación, y unos efectos indeseables mínimos. El margen de dosis será discretamente
inferior y la observación de la posible toxicidad mas frecuente en personas de edad
avanzada (Austin et al., 1990). La monitorización del litio es indispensable al igual que
en otras de sus indicaciones. Su empleo al margen de un control adecuado (a poder ser una
clínica de litio) constituye una mala práctica médica. En estas condiciones la
tolerancia al tratamiento es buena incluso en la asociación con ISRS, a pesar de que se
había alertado acerca de la posible sumación de efectos serotoninérgicos (Hawley et
al., 1994).
El litio se debe añadir sin interrumpir el tratamiento antidepresivo
y en el transcurso del mismo. Hasta hace pocos años se creía que asociar litio al
fármaco antidepresivo desde el inicio era menos eficaz que añadirlo en el transcurso del
tratamiento, aunque el paciente presentara antecedentes de DRT y de buena respuesta a la
potenciación con litio (Roy & Pickar, 1985). Sin embargo un estudio reciente que
compara la rapidez y eficacia del litio asociado a un ADT como la desipramina frente a
este farmaco y placebo demuestra que el grupo tratado con litio desde el inicio mejora
significativamente mas y mas rápido (Cappiello et al., 1998). El litio debe mantenerse
durante el mismo tiempo que el fármaco antidepresivo a lo largo del tratamiento
inicial y de continuación. Si el paciente requiere un tratamiento profiláctico
(indefinido), puede incluso plantearse la utilización del litio en monoterapia a partir
del segundo año de tratamiento, dada su eficacia en la prevención de recurrencias.
El inicio de la mejoría, puede producirse de forma
"dramática" en 24-48 horas, tal como señalaba De Montigny en sus primeras
publicaciones sobre este tema (1981, 1983). Sin embargo posteriores observaciones suelen
situar la proporción de mejorías muy rápidas entre un 20 y un 25 % de casos tratados
(Schopf, 1989; Stein & Bernardt, 1993, Alvarez et al., 1997), y algunos autores, a
pesar de constatar su eficacia, no evidencian mejorías de este tipo (Kantor et al., 1986;
Price et al., 1986). La mejoría puede presentarse, pues, de forma mas tardía. Los datos
disponibles en la actualidad, aconsejan extender la duración del intento potenciador,
hasta la 3ª o incluso 4ª semana antes de decidir que no ha sido útil (Heninger et al.,
1983; Stein & Bernardt, 1993, Alvarez et al., 1997).
En cuanto a la eficacia de la potenciación con litio, suele
situarse entre un 40 y un 60 % de remisiones completas, lo cual es un proporción
francamente alta considerando la comentada baja respuesta al placebo de estos pacientes
(Price et al., 1986; Schou, 1990; Austin et al., 1991). En la tabla IV, puede observarse
la mejoría reportada por nuestro grupo en una muestra de 105 pacientes, de los cuales
mejoraron 57 (54.3 %), así como la semana en que se produjo la remisión de los síntomas
depresivos (Alvarez et al., 1997).
| Semana mejoría |
nº de pacientes |
Total pacientes (%) |
Pacientes buena respuesta (%) |
Pacientes acumulados |
| 1 ª semana |
12 |
12.6 |
22.6 |
12 |
| 2ª semana |
18 |
18.9 |
33.9 |
30 |
| 3ª semana |
8 |
8.4 |
15 |
38 |
| 4ª semana |
12 |
12.6 |
22.6 |
50 |
Tabla IV. Semana en la que se produjo la mejoría clínica. En 7
pacientes no se pudo determinar el inicio de la respuesta terapéutica.
También se ha utilizado el litio asociado a triptófano (TP) como
precursor de la 5HT en casos extremadamente refractarios. Esta técnica, consiste en
administrar la dosis de clomipramina máxima que tolere el paciente, hasta la aparición
de ortostatismo con dosis elevadas de TP y litio a niveles en plasma convencionales (Hale
et al., 1987). Los enfermos que mejoraron con esta técnica, no lo habían hecho a
electroconvulsoterapia (ECT) y psicocirugia.
Aunque algunos clínicos tenemos la impresión de que el litio es también
eficaz añadido a IMAOs, la ausencia de referencias de suficiente entidad, no
permite efectuar demasiados comentarios a los datos acerca del tema. De todas formas,
probablemente sea igual de eficaz que asociado a otros grupos de antidepresivos (Tariot et
al., 1986). Asimismo, la potenciación con litio, si bien se acostumbra a utilizar con
antidepresivos selectivos o con actividad parcialmente serotoninérgica, algunos estudios
sugieren que puede también ser útil, asociado a fármacos nor-adrenérgicos selectivos
como la lofepramina o la recientemente introducida reboxetina. Concretamente, el cambio de
fluoxetina y litio, por lofepramina y litio, resulto eficaz en tres pacientes
resistentes a la primera combinación (Seymour & Wattis, 1992). En un estudio
controlado sobre varias formas de potenciación, añadir litio a maprotilina (fármaco
nor-adrenérgico), resulto tan eficaz como cambiar el tratamiento a IMAOs (Hoencamp et
al., 1994). En un estudio realizado en pacientes de edad avanzada, los resultados respecto
a la adición de litio a otro antidepresivo nor-adrenérgico como la nortriptilina,
son menos optimistas, 2 mejorías completas, 7 parciales y cinco sin ninguna mejoría, de
un total de 13 pacientes. Los autores, sin embargo, ponen el énfasis en la edad de los
enfermos mas que en la técnica en si, al valorar los resultados (Zimmer et al., 1991).
Así pues, la adición de litio, aunque mejor estudiada con determinados antidepresivos,
es una opción válida durante el tratamiento con cualquier fármaco de contrastada
acción terapéutica.
Finalmente, en cuanto a quien responde, aunque no hay datos
concluyentes al respecto, es posible que los pacientes melancólicos (Price et al., 1986),
bipolares (Nelson & Mazure, 1986), y con mal control en la regulación de la
secreción de cortisol (Alvarez et al., 1984, 1994, 1997), tengan mas posibilidades de
mejorar con esta técnica de potenciación. Es interesante recordar la mala respuesta a
placebo (Paselow et al., 1986) y psicoterapia (Rush et al., 1983), en pacientes
no-supresores, en la prueba de supresión con dexametasona. Es decir, podríamos prever
una mejor respuesta en pacientes con un sustrato biológico claro de su patología
depresiva.
ADICIÓN DE TRIPTÓFANO
Las primeras observaciones acerca de la posible hipofunción 5HT en la
depresión, fueron efectuadas por Coppen al observar respuesta terapéutica al añadir
TP a pacientes en tratamiento con IMAOs (Coppen et al., 1963). Aunque aparentemente
agregar un precursor de la 5HT, como el TP parece una forma lógica de potenciar el efecto
antidepresivo, su uso tropieza con varias dificultades de índole química y
farmacocinética, las mismas que limitan su utilidad como antidepresivo de primera línea.
La primera de ellas es la pésima tolerancia gástrica. Las altas dosis requeridas
provocan, con frecuencia, intolerancia digestiva. Este efecto adverso puede paliarse, en
parte administrando el TP o hidroxitriptófano, con alimentos semi-sólidos como las
natillas. Las dificultades cinéticas y químicas son de mayor entidad, así, la mayor
parte del TP es hidrolizado en el estomago, y solo una pequeña parte se absorbe a nivel
intestinal en forma activa. Por otra parte, la descarboxilación que sufre en plasma es
importante y solo una pequeña parte puede llegar al sistema nervioso central (SNC).
Además, para pasar la barrera hemato- encefálica, debe competir de forma activa con
otros aminoácidos redundando, en que solo una pequeña parte de la dosis administrada,
llega a su destino. Los intentos de utilizarlo en forma de hidroxitriptófano, no han
mejorado mucho los resultados. Por todo ello, solo como potenciador, puede tener alguna
utilidad el uso de TP en clínica.
En la década de los ´70 (Van Praag et al.,1974, Walinder et al., 1976)
se comunicaron varias muestras pequeñas y no controladas en relación al uso del TP
asociado a clomipramina en DRT. Uno de estos autores (Van Praag, 1982), proponía el uso
de TP asociado a un inhibidor de la descarboxilasa con objeto de evitar algunos de los
inconvenientes comentados anteriormente. Así, publicó buenos resultados asociando
hidroxitriptófano con carbidopa a clomipramina.
A la vista de lo comentado, en este apartado y en el anterior, el TP en
forma de hidroxitriptófano, puede utilizarse asociado o no a litio (Hale et al.,
1987), o carbidopa, a dosis máximas inferiores a 1 gr./día, administrado
mezclándolo con algún alimento semi-sólido, en pacientes refractarios a otros abordajes
y en situación de ingreso hospitalario, con objeto de vigilar al máximo, los posibles
efectos adversos consecuentes a una potenciación 5HT importante. Algunos autores han
alertado acerca de reacciones idiosincráticas exageradas al utilizar estas técnicas de
potenciación indolaminérgica "masiva" (Steiner & Fontaine, 1986). Para una
completa revisión del tema, es recomendable la lectura del excelente trabajo de Young al
respecto (Young, 1991).
BLOQUEO PRESINÁPTICO SEROTONINÉRGICO: PINDOLOL.
A pesar de que los fármacos antidepresivos tricíclicos e ISRS, bloquean
de forma aguda la proteína que transporta las aminas al interior neuronal impidiendo su
recaptación, el efecto terapéutico suele demorarse mas de dos semanas. Una de las causas
mas probables es la activación brusca y masiva de los autorreceptores somatodendríticos
5HT1a al aumentar la 5HT por efectos del bloqueo de la recaptación. La estimulación de
los autorreceptores, produce una diminución de la síntesis, transporte y liberación de
neurotransmisor y, consecuentemente, una disminución del disparo serotoninérgico. A
nivel experimental, este efecto ha sido demostrado mediante técnicas de microdiálisis
cerebral en animales vivos aplicando fármacos como clomipramina o fluvoxamina, a nivel de
núcleos del rafe. El resultado, de forma aguda, es un incremento de 5HT alrededor de los
cuerpos neuronales sin ninguna repercusión en las terminaciones neuronales a nivel de
córtex frontal (Adell & Artigas, 1991, Bel & Artigas, 1992).
Utilizando el mismo modelo animal comentado en el anterior párrafo, se
utilizaron varios fármacos con teórico potencial antagonista 5HT1a siendo el mas
potente y especifico, el pindolol. Dicho preparado, ha sido utilizado en el pasado
como beta-bloqueante siendo su actividad en este sentido poco potente. El resultado fue un
incremento notable del disparo 5HT en córtex frontal, indicando que el bloqueo de los
autorreceptores somatodendríticos evitaba su activación por la 5HT su efecto de
regulación negativa sináptica y podía permitir un efecto mas rápido a la
administración de antidepresivos.
En base a los resultados obtenidos experimentalmente, nuestro grupo
(Servicio de Psiquiatría Hospital de la Santa Creu i Sant Pau-Unidad Neuroquímica
analítica del CSIC), efectuó un estudio abierto con la intención de ver el
efecto de utilizar simultáneamente, o añadido, pindolol, es decir, un bloqueante de los
autorreceptores 5HT1a , e ISRS. Se estudiaron dos muestras. La primera, compuesta por
pacientes que iniciaban su primer tratamiento antidepresivo observando el día en que se
producía la mejoría, y la segunda, compuesta por pacientes que presentaban una DRT, con
el objetivo de incrementar de forma importante, la actividad serotoninérgica de los
antidepresivos administrados hasta aquel momento.. En el primer grupo se constataron 7
respuestas de un total de 11 pacientes antes de la semana. En la muestra de DRT mejoraron
10 de 13 pacientes tratados en el mismo periodo (Artigas, Perez-Solá & Alvarez,
1994).
Estos datos permitieron realizar posteriormente un ensayo clínico,
controlado, doble ciego comparando fluoxetina 20 mg/día asociada a pindolol Vs fluoxetina
y placebo en una población constituida por 111 pacientes con Trastorno Depresivo Mayor
según criterios DSM-IV. El porcentaje de respuestas terapéuticas (disminución del
HRSD>50%) en el grupo que recibió pindolol+fluoxetina fue un 15% superior al grupo que
recibió placebo+fluoxetina. A su vez en cuanto a la proporción de remisiones (HRSD<8)
también se observó 15 puntos de diferencia entre ambos grupos. En cuanto a la evolución
temporal de la proporción de respuestas y respuestas mantenidas (variación máxima de
dos puntos hasta la última evaluación) para cada uno de los grupos, las diferencias
fueron significativas a partir del noveno día y se mantenían hasta el final del estudio.
La respuesta sostenida se obtuvo a los 19 días (mediana) para el grupo de
pindolol+fluoxetina y a los 29 días para el grupo de placebo+fluoxetina (p=0.01). No se
detectaron diferencias estadísticamente significativas en la incidencia de efectos
gastrointestinales, ansiedad o hipotensión ortostática (Perez-Solá et al., 1997).
Aunque los resultados evidenciaban que la combinación de ISRS y pindolol
era significativamente mas eficaz que el antidepresivo solo, en un estudio reciente de 10
días de duración, no se ha podido constatar su eficacia en el tratamiento de la DRT
(Perez-Solá et al., 1999). En una muestra de 80 pacientes refractarios al tratamiento con
ISRS y después de un periodo de 5 días con placebo para descartar falsas mejorías, no
se encontraron diferencias significativas entre el grupo tratado con ISRS y pindolol
frente al de ISRS y placebo. El estudio creemos que merece una lectura cuidadosa de la
discusión. En efecto el diseño del estudio se ha mostrado incapaz de evidenciar
observaciones clínicas posteriores. Muchos pacientes mejoraron después de los 10 días
de duración del protocolo cuando se les ofreció continuar el tratamiento de forma
abierta. Todo ello no induce a pensar que un nuevo estudio podría contestar
definitivamente sobre la utilidad del bloqueo pre-sináptico en el tratamiento de la DRT
observando los siguientes puntos: a) restringiendo mas el fármaco (uno solo como en el
estudio anterior) al que el paciente es resistente, b) homogeneizar mas la muestra
incluyendo pacientes en el mismo estadío de resistencia (a la adición de litio o a ECT,
únicamente) y c) sobre todo alargando el periodo de observación del efecto de la
asociación ISRS y pindolol al menos a 4 semanas (periodo similar al empleado en los
estudios con litio).
Otros grupos han reportado resultados contradictorios. La mejoría de una
paciente altamente refractaria a cualquier maniobra de potenciación, con una buena
correlación con los cambios que se producen en la polisomnografia durante el sueño (Bell
et al., 1998). También se han comunicado resultados favorables en la potenciación de
IMAOs como la tranilciproamina (Kraus, 1997), pero no en el tratamiento de un grupo de
pacientes melancólicos refractarios (Dinan & Scott, 1996). La mejoría de pacientes
refractarios a cualquier antidepresivo, que mejoran con la adición de pindolol ISRS pero
no a nor-adrenérgicos como la desipramina confirma la hipótesis de su mecanismo de
acción (Kraus, 1996).
OTRAS ESTRATEGIAS DE ADICIÓN
Utilización de hormonas en la potenciación antidepresiva:
triiodotironina y modificación de la función adrenal.
Uso de hormonas tiroideas. La utilización de hormonas tiroideas y mas
concretamente de triiodotironina (T3), ha sido una practica habitual en el
tratamiento de adición de sustancias a fármacos antidepresivos en la DRT. Coppen y col.
(1972) ya describieron su efecto beneficioso mucho antes de su mas extensa utilización
diez años después, estos autores observaron, sin embargo, que básicamente en los
pacientes de sexo femenino obtenían óptimos resultados.
Se ha sugerido también, que los pacientes en situación de hipotiroidismo
subclínico, es decir, con una respuesta exagerada de TSH a la administración de TRH,
pero con niveles de T3 y T4 normales y sin sintomatología hipotiroidea, responderían
mejor a la adición de T3, aunque en modo alguno seria una condición indispensable. El
uso mas limitado de esta técnica por motivos obvios, y la falta de interés de la
industria en la misma, motiva la poca información valorable sobre la misma. Un estudio
controlado efectuado por Goodwin y cols. (1982) aunque con una muestra exigua (12
pacientes con DRT), sugiere la eficacia del tratamiento. Mas recientemente, su eficacia ha
sido comparada a la adición de litio en un estudio doble ciego, randomizado, con placebo.
Los resultados mostraron una eficacia mayor que el placebo y comparable al litio
(Joffe et al., 1993). Los mismos autores compararon años antes, la eficacia de la
triiodotironina (T3) con la tetraiodotironina (T4), siendo significativamente superior la
de la primera, 53 % de respuestas con T3, frente a 19 % con T4 (Joffe et al., 1990). Con
la desaparición del mercado de la T3 todos los datos sobre la eficacia de la T4 cobran
especial interés. Recientemente se ha comunicado una eficacia del 50% empleando dosis muy
altas de T4 (alrededor de 400 mcg/día) en una muestra de 17 pacientes refractarios
eutiroideos (Bauer et al., 1998). La dosis de hormona fue aumentada muy lentamente y con
una monitorización de los efectos clínicos exhaustiva.
La T3 mejora la actividad nor-adrenérgica central, aumentando la
sensibilidad de los receptores post-sinápticos. Esta puede ser la razón de su utilidad
como potenciador. Hasta cierto punto, puede resultar paradójica la utilidad de añadir T3
similar al litio, cuando este compuesto, con frecuencia, produce una situación pasajera
de hipotiroidismo subclínico al inicio del tratamiento (independientemente de su
toxicidad tiroidea a largo plazo).
La técnica de utilización es la siguiente: una vez descartado un
hipotiroidismo desde el punto de vista neuroendocrinológico, se añaden entre 25 y 50
gammas de T3 de forma muy progresiva. Nunca con incrementos superiores a 12.5
mcg/5 días y nunca mas de los 50 mcg/día señalados. Por encima de esta dosis, es
probable la supresión de la función tiroidea del paciente y su utilidad, en teoría,
decrece, aunque los resultados del empleo de dosis masiva comentado en el anterior
párrafo anima a emplearla. Así mismo, deben tomarse, por la misma razón, precauciones
al retirar el tratamiento, con dosis decrecientes en el mismo sentido que en la
instauración. Si el paciente se beneficia de esta técnica es conveniente asegurar
periódicamente su eutiroidismo desde el punto de vista químico, efectuando
determinaciones de TSH basal. La respuesta, de producirse, es evidenciable con frecuencia,
durante los primeros días, y no debe esperarse respuesta mas allá de dos semanas de
tratamiento. La eficacia de esta técnica se sitúa entre el 25 y 65 % de
remisiones, estos resultados deben ser tomados con cautela debido a la poca información
disponible. La utilidad de añadir triiodotironina al tratamiento en curso con ISRS, es
todavía desconocida, sin embargo, en teoría, no parece revestir posibilidades de
interacción graves, y en casos muy concretos no debe descartarse su uso.
Supresión de la función esteroidea. Aunque a titulo casi de
curiosidad, merece la pena mencionar brevemente, los intentos de mejorar la DRT resaltando
las similitudes con los síntomas inducidos por la enfermedad de Cushing y la mejoría
clínica que se produce al controlarse el hiperadrenalismo. Con este objetivo, son
tratados 10 pacientes que presentaban DRT, suprimiendo el tratamiento psicotropo e
instaurando durante 2 meses, uno o dos supresores esteroideos como el ketoconazol y/o la
metirapona. De los 8 que terminaron el estudio, 6 mejoraron por completo y dos mostraron
una remisión parcial, presentando una tolerancia aceptable (Pearson et al., 1991).
Tal como comentábamos en la introducción, la hipofunción adrenal
también puede producir cuadros depresivos endogenomorfos. Por ello no es de extrañar que
el empleo de dexametasona haya sido reportado como útil en 6 de 10 pacientes con
DRT, con mejor respuesta en los pacientes con cortisol basal mas alto ( Dinan et al.,
1997).
Aunque la implicación de la función esteroidea en la depresión y su
mantenimiento ha sido repetidamente sugerida desde los estudios de Carroll (1981),
merecería la pena profundizar en que dirección. Este es, pues, un campo que al contrario
de lo que muchos piensan enterrando prematuramente al celebre TSD (test de supresión con
dexametasona), ofrece resultados de interés en todas las incursiones realizadas en él.
Es necesario conocer en profundidad la relación entre el control hipotalámico de la
función hipofisaria, la regulación de la actividad adrenal y su conexión con los
probables subtipos bioquímicos de enfermedad depresiva, que nuestros pobres y primitivos
recursos diagnósticos no aciertan a discriminar.
El uso de estimulantes en el tratamiento de la DRT.
También se han utilizado sustancias estimulantes para potenciar el efecto
antidepresivo de los tricíclicos como la dextro-anfetamina y el metilfenidato (Wharton et
al., 1971). El metilfenidato puede ser añadido a los tricíclicos a dosis de 10 a 30
mg/día de forma gradual, aunque su uso prolongado suele levantar polémica en torno a la
posibilidad de crear adicción o provocar sintamos psicóticos, la realidad es que suele
tolerarse bien en periodos cortos de tiempo y con precaución siendo la latencia de su
respuesta antidepresiva muy corta, en ocasiones, a las pocas horas de ingerir la primera
toma. La d-anfetamina se usa a dosis parecidas y con resultados superiores, aunque su
restricción en el mercado español dificulta su empleo. Estos fármacos estimulantes del
SNC parecen ser mas útiles en trastornos distímicos, doble depresión y pacientes de
edad avanzada. Autores como Feighner (1985) aconsejan la utilización conjunta de IMAOs y
dosis de 5 mg dos veces al día de las sustancias mencionadas anteriormente remarcando la
seguridad de esta asociación.
Merece la pena comentar también, un trabajo de Fawcett y colaboradores
(1991), sobre el uso concomitante de estimulantes e IMAOs en pacientes con DRT.
Estos autores combinan fármacos como la d-anfetamina o el pemolide, con IMAOs
convencionales (no selectivos e irreversibles) como tranilciproamina, isocarboxacida,
fenelzina y pargilina (solo uno de cada con los dos últimos) en un estudio abierto.
Mejoran 25 de 32 pacientes (78 %), y 10 mantienen esta mejoría medio año después.
Aunque concluyen que la técnica parece bastante segura, comentan la necesidad de
efectuarla en medio controlado rigurosamente y por clínicos "prudentes", en
todo caso, comunican no haber evidenciado ninguna crisis hipertensiva.
De todas maneras la información disponible hasta el momento es escasa y
la peligrosidad teórica de esta técnica desaconseja por el momento que sea utilizada de
forma regular o en medio ambulatorio.
En general, el papel que pueden tener los estimulantes del SNC en el
tratamiento de la depresión refractaria permanece oscuro. Es indispensable que ensayos
controlados suministren datos acerca de su eficacia y tolerancia.
Como citar esta conferencia
Álvarez, E. Pérez-Solá, V. Pérez-Blanco, J. TRATAMIENTO DE
LA DEPRESIÓN RESISTENTE. I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de
Febrero - 15 de Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia 38-CI-A: [49 pantallas]. Disponible
en: http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa38/conferencias/38_ci_a.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este
artículo. |