RESUMEN
Este trabajo revisó 46 artículos
científicos internacionales sobre relaciones sexuales niño-adulto entre 1992 y 1998. Una
cuarta parte de los niños violados son victimizados por niños y adolescentes, y tres
cuartas partes por parejas heterosexuales de parientes cercanos, aunque la
"verdadera" pedofilia homosexual es más frecuente que la heterosexual. La
perpetración del abuso está asociada a la victimización del transgresor cuando niño.
Los infractores tienden a escoger víctimas de acuerdo a la edad de sus propias
experiencias de victimización. De esto surge la distinción de infantofilia, pedofilia y
hebefilia. Algunos pedófilos exhiben primitivismo, narcisismo y trastorno psicopático,
pero otros sólo muestran estados de ánimo negativos asociados a fantasías sexuales
desviadas. La psicoterapia utilizada incluye la empatía con la víctima, la
reestructuración cognoscitiva, y el desarrollo de destrezas sociales, logrando reducir la
negación. La castración química reversible redujo las fantasías y actividades sexuales
de algunos pacientes, siendo el hipoandrogenismo un efecto colateral observado. En
conclusión, parece irse creando un consenso de que la actividad sexual niño-adulto debe
ser combatida como una infracción a los derechos de los niños, no como algo basado en la
creencia de que ésta es invariablemente dañina.
Introducción
Conjuntamente con el tema de la Eutanasia, la
Pedofilia probablemente será uno de los temas que suscite más controversia en la
comunidad científica en las primeras décadas del próximo milenio, tal como las
orientaciones sexuales lo han sido para el fin del que despedimos con este Congreso. El
objetivo del presente trabajo es hacer una revisión crítica de la literatura científica
internacional publicada en revistas especializadas de Medicina, Psiquiatría y Psicología
sobre el tema de la Pedofilia entre 1992 y 1998. Se obtuvieron 53 artículos sobre el
tema, de los cuales se incluyen aquí 46 que fueron directamente relevantes para desplegar
lo que podríamos llamar el "estado del arte" del estudio de este tipo de
comportamiento. Los países donde se han realizado estos estudios son principalmente los
EUA y Canadá, y en menor medida Inglaterra, Alemania, Francia, Australia, Nueva Zelandia,
Rusia, Hungría, Singapur e Israel.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de
los Trastornos Mentales (DSM IV, 1994) define la Pedofilia (F65.4) [302.2] como
actividades sexuales de adultos con niños prepúberes (13 años o menos) de uno y otro
sexo. Estas actividades pueden ir, entre otras, desde desnudarlos, masturbarse en su
presencia y realizarles el sexo oral, hasta penetrarlos vaginal, oral y/o analmente con el
dedo, objetos extraños o el pene, con diversos grados de fuerza. Estas actividades pueden
ocurrir con hijos, ahijados y familiares, o niños de otras familias. Este trastorno
empieza en la adolescencia o en la edad intermedia, y su curso es habitualmente crónico,
especialmente en homosexuales. Abel & Rouleau (1995) han propuesto añadir a la
definición como criterios diagnósticos, que haya una ausencia de consentimiento por la
víctima y un abuso de poder por el perpetrador para lograr el abuso.
Salvo en la Antigua Grecia y en algunas
otras culturas mediterráneas, donde se toleraba la pederastia bisexual (Travin &
Protter, 1993), la pedofilia ha sido conceptualizada como una monstruosidad y un
escándalo per se en la cultura judeo-cristiana. De esta noción se ha derivado la
creencia de que toda relación erótica niño-adulto es invariablemente traumática,
perniciosa y dañina, independientemente del tipo y calidad de la relación en sí. Esto
ha llevado a tres consecuencias: 1) un frecuente rechazo a discutir sobre las
controversias relacionados con la llamada "edad del consentimiento", 2) la
negación de la capacidad de tomar decisiones de los "menores de edad"; y 3) lo
que algunos han llamado la "histeria del abuso sexual infantil". En el peor de
los casos, esta creencia ha producido intensas sobre-reacciones emocionales, tales como el
frecuente linchamiento de pedófilos en las cárceles, con el probable beneplácito de
amplios sectores de la opinión pública.
A través de los siglos, la pedofilia ha
suscitado un horror comparable al que provocan otros grandes temas tabú, tales como el
incesto, el matricidio y el parricidio. Es probable que los altos niveles de depresión,
ansiedad, pensamientos y conducta suicida frecuentemente asociados a la victimización
sean parcialmente producto de las mismas reacciones sociales adversas. En cierto sentido,
estos fenómenos vuelven a poner sobre el tapete el tema freudiano de la sexualidad
infantil y la posibilidad de que ésta despierte o sea despertada en el seno de la propia
familia de origen, o de manera precoz fuera de ella. Tal vez por la misma negación a
dilucidar estos temas, nuestra comprensión de la psicología profunda de estas
patologías es tan escasa.
Características
Epidemiológicas
Al igual que este trabajo, McConaghy (1998)
revisó la literatura reciente sobre la pedofilia. Afirma que la preocupación y la
notificación de la actividad sexual niño-adulto ha aumentado marcadamente en la última
década, aunque sostiene que su prevalencia real no parece haber aumentado al menos desde
los años 1960. Los perpetradores generalmente son conocidos por la mayoría de las
víctimas. Los casos de transgresores reportados son casi todos masculinos, lo que no
necesariamente implica la inexistencia de pedofilia femenina, aunque los varones no
tienden a considerar sus experiencias prepuberales con mujeres mayores como abusivas. Esto
tal vez se deba a la probable ausencia de penetración y/o violencia en la relación
adulta-niño/a. Por su parte, las mujeres abusadas reportan más efectos negativos que los
hombres, aunque un porcentaje de ellas aduce que las experiencias fueron positivas.
En Canadá, Violato & Genuis (1993) y
Bagley, Wood & Young (1994) reportan que de 14%-16% de dos muestras de hombres de
18-27 años habían sido abusados una o más veces cuando niños. En Estados Unidos,
Jenny, Roesler & Poyer (1994) sostienen que de una muestra de niños de uno y otro
sexo de 7 meses a 17 años (edad promedio seis años) víctimas de abuso sexual, 27%
fueron violados por otros niños y adolescentes, y 83% por parejas heterosexuales de un
pariente cercano del niño.
En nuestro país, particularmente en
Barahona, Muñoz & Gómez (1999) encontraron que el aumento entre 1988 y 1997 de las
querellas por sustracciones y/o violaciones sexuales a menores había sido de 37.5%,
contra 69.4% de aumento de las querellas por violaciones sexuales de adultos, casi
totalmente en mujeres.
Por su parte, Margolin (1994) encontró que
las sobrinas eran victimizadas por sus tíos cuatro veces más que los sobrinos. En esos
casos, 19 por ciento de los tíos vivían con sus sobrinos, y los otros eran dejados a su
cuidado o estaban pasando con ellos la noche. Hambridge (1994) estudió en Inglaterra las
características que hacen atractivos a los niños y no atractivos a los adultos para los
pedófilos, concluyendo que éstos pueden percibir a algunos niños y a mujeres en formas
inusuales. En el mismo país, Howitt (1995) halló que el uso de la pornografía comercial
era pocas veces significativo en los pedófilos, quienes a menudo generaban materiales
"eróticos" de fuentes relativamente inocuas, tales como anuncios de televisión
y catálogos de ropa interior infantil.
Rasgos de
Personalidad y Conducta Pedofílica
El estudio de las características de
personalidad de hombres pedófilos ha sido el área de mayor actividad investigativa del
tema entre 1992 y 1998. Diversos autores han encontrado evidencia de trastornos
psicopatológicos en esta subpoblación. Hambridge (1994), por ejemplo, encontró bajos
niveles de inteligencia y trastorno psicopático en hombres pedófilos. Moller &
Bier-Weiss (1994, 1995) reportaron rasgos de personalidad dominados por signos de conducta
pasiva y dependiente. Bridges, Wilson & Gacono (1998) documentaron la existencia de
trastornos de personalidad narcisista, introspección dolorosa, visión distorsionada de
los otros, y necesidades primitivas de dependencia en pedófilos encarcelados. Sin
embargo, no está totalmente claro cuánto de esto puede deberse a la pedofilia, a la
encarcelación, o a la combinación de ambas condiciones.
No obstante, otros autores no encuentran
suficiente evidencia de una psicopatología específica y claramente definible. Glaser
(1998) concluye que los pedófilos son generalmente "normales", pero diestros en
planear su conducta delictiva y negar su existencia. Algunos estudios anteriores tienden a
justificar esta conclusión: Johnston, French, Schouweiler & Johnston (1992), por
ejemplo, sólo pudieron mostrar una necesidad cínica de afecto en pedófilos
norteamericanos, y Gillespie (1993) reportó una inhabilidad de sus pacientes para ver su
actividad sexual como necesitada de tratamiento y resistencia a cambiar su conducta.
Wasiliw, Grossman & Haywood (1994) y Haywood, Grossman, Kravitz & Wasiliw (1994)
hallaron que la negación de la hostilidad estuvo asociada con la minimización de la
psicopatología y con la negación de la acusación.
Socialización y
Victimización
Tal vez el área que presenta mayor
fecundidad en sus hallazgos es la relacionada con la socialización y posible
victimización previa de los hombres pedófilos. Bass & Levant (1992) enfocaron el
posible rol de la familia en la producción de la pedofilia. Encontraron que los
transgresores sexuales infantiles habían sido criados en familias disfuncionales, tenían
menor identificación con sus padres, los cuales eran más rechazantes y controladores, y
alentaban menos autonomía. Johnston & Johnston (1997) encontraron que los pedófilos
más centrados en niños varones fuera de la familia provenían de hogares desintegrados.
Los que molestaban más a niñas fuera de la familia provenían de hogares intactos y
estaban mejor ajustados, pero consumían más alcohol que los anteriores.
Cada vez con mayor frecuencia, diversos
estudios han venido reportando una asociación entre la perpetración del abuso sexual y
la victimización del transgresor cuando niño. Esto es conocido hoy como la
"hipótesis del abusador abusado" (Freund & Kuban, 1994). Varios autores
coinciden en que todos o una buena parte de los infractores estudiados habían tenido una
o varias experiencias de abuso infantil por adultos u otros pares cuando niños.
Bagley et al. (1994) encontraron que
6.9% de un grupo de estudiantes universitarios canadienses habían sido objeto de
múltiples abusos, exhibiendo altos niveles de depresión, ansiedad, pensamientos y
conducta suicida, y más interesante aún, interés sexual o conducta real con menores.
Entre ellos, varios supuestos pedófilos activos fueron detectados. Cormier, Fugere &
Thompson-Cooper (1995) encontraron historias previas de victimización en 33% de sus casos
de ancianos pedófilos. Howitt (1995) afirma que todos los infractores estudiados por él
habían experimentado abuso infantil por adultos u otros pares cuando niños. Moller &
Bier-Weiss (1995) reportan que el número de delitos previos cometidos por pedófilos
estuvo relacionado con una edad temprana de abuso sexual al inculpado.
Infantófilos,
Pedófilos, Hebéfilos, Andrófilos y Ginéfilos
Los hallazgos anteriores han servido como
base para empezar a distinguir la complejidad de las manifestaciones del deseo sexual
hacia personas de edades y géneros diversos. Greenberg, Bradford & Curry (1993)
propusieron distinguir entre "pedófilos" (adultos que escogen como objetos
sexuales a niños/as de 12 años o menos) y "hebéfilos" (en otros trabajos
llamados "efebéfilos") (adultos que escogen como objetos sexuales a
adolescentes de más de 12 años). En su estudio, los pedófilos dijeron haber sido
molestados a una edad más temprana que los hebéfilos. Más importante aún, ambos
parecen escoger víctimas de una edad específica de acuerdo a la edad de sus propias
experiencias de victimización.
En el mismo año, Freund & Kuban
(1993a) distinguieron entre pedófilos de orientación heterosexual u homosexual,
"ginéfilos" (adultos que prefieren eróticamente a mujeres adultas), y
"andrófilos" (adultos que prefieren eróticamente a hombres adultos). Cuando
niños, los pedófilos estuvieron interesados en ver fotos de niños desnudos pero no de
adultos desnudos. Según estos autores, el establecimiento de la preferencia erótica
sexual precede el de la preferencia erótica etárea. Afirman que esta parafilia es
predeterminada en una fase de desarrollo muy temprana, y especulan que puede haber un
"proceso de devaluación activa" del grupo de edad no preferido, que termine en
la pubertad.
Dos años más tarde, Greenberg, Bradford
& Curry (1995) propusieron deslindar además los "infantófilos" (adultos
que escogen como objetos sexuales a niños de cinco años o menos) de los
"pedófilos" (adultos que escogen como objetos sexuales a niños de 6-12 años).
Estos planteamientos, en general, ponen en evidencia cada vez más lo poco que sabemos de
la psicodinámica de estas parafilias, y lo urgente que resulta investigarlas con mayor
profundidad.
Diversidad de los
Pedófilos
No todos los pedófilos son necesariamente
iguales ni parecen operar con las mismas estrategias. Unos son violentos, mientras otros
son seductores de niños. Eisenman (1993), por ejemplo, encontró que los violentos
decían cosas denigrantes sobre sus víctimas en mayor proporción que los seductores.
También, unos prefieren niños y otros prefieren niñas. Miner, West & Day (1995),
por su parte, comunican que los agresores infantiles con víctimas masculinas mostraron un
perfil de excitación sexual más relacionado con el delito que los agresores con
víctimas femeninas y los violadores, es decir, parecen ser más "verdaderos
pedófilos".
Pedofilia y
Orientación Sexual
La relación de la pedofilia con la
orientación sexual ha sido objeto de pocos estudios publicados en el período 1992-1998.
Freund & Watson (1992) analizan una serie de estudios previos, reportando dos datos
importantes: 1) la razón de transgresores sexuales a niñas versus niños es de 2:1; y 2)
la razón de violadores ginéfilos versus andrófilos es de 20:1. En su estudio encuentran
que la razón de pedofilia heterosexual versus homosexual es de 11:1. Sin embargo, afirman
que en términos relativos la llamada "verdadera pedofilia" entre personas con
un desarrollo erótico homosexual es mayor que en personas con un desarrollo erótico
heterosexual.
Freund & Kuban (1993a, 1993b)
compararon pedófilos confesos y no-confesos con controles hetero- y homosexuales según
el sexo de la víctima a través de un diagnóstico falométrico. Los pedófilos hetero- y
homosexuales confesos exhibieron una diferenciación de género más débil que los
controles respectivos. Los pedófilos heterosexuales no-confesos exhibieron una
diferenciación más débil que los pedófilos heterosexuales confesos. Por su parte,
Bogaert, Bezau, Kuban & Blanchard (1997) afirman que los pedófilos homosexuales y
bisexuales estudiados por ellos tenían un orden más tardío de nacimiento que los
pedófilos heterosexuales.
Modus Operandi
El DSM-IV (1994) estipula que muchos
pedófilos se valen de amenazas a niños para impedir que hablen. También ganan la
confianza de la madre, se casan con ella, comercian con otros pedófilos, y adoptan o
raptan niños en países en desarrollo. Este individuo usualmente está muy atento con las
necesidades del niño, buscando retener su afecto, interés o lealtad y silencio. Elliott,
Browne & Kilcoyne (1995) describen el comportamiento de infractores sexuales
infantiles ingleses. Sostienen que éstos logran el acceso a los niños a través del
cuidado de bebés y niños; para atraerlos usan el chantaje, los regalos y los juegos;
para asegurar la continuación de su acatamiento usan la fuerza, la ira, las amenazas y el
chantaje; y sistemáticamente desensibilizan al niño a través del contacto físico, la
conversación sobre sexo, y la persuasión. Cerca de la mitad no manifiestan sentimientos
negativos sobre abusar sexualmente de niños.
Comparación de Pedófilos con
Otros Transgresores y Controles
Una línea de investigación criminológica
compara diversos tipos de transgresores entre sí, y éstos con controles. McKibben,
Proulx & Lusignan (1994), por ejemplo, hallaron que en violadores sexuales de personas
adultas las emociones más frecuentes después de los conflictos fueron soledad,
humillación, ira, sentimientos de inadecuación y rechazo, mientras en los pedófílos
sólo encontraron una relación entre estados de ánimo negativos y fantasías sexuales
desviadas. McKay, Chapman & Long (1996) compararon pedófilos con infractores
violentos, ladrones y violadores. Los pedófilos atribuyeron su transgresión a causas
internas e incontrolables, los violentos a causas internas aunque controlables, y los
violadores y ladrones a causas externas e incontrolables.
Por otro lado, Howards, Longmore, Mason
& Martin (1994) y Howards (1995) reportan que en la llamada "variación
contingente negativa" (VCN, un índice del deseo sexual en onda cerebral) ante fotos
de desnudos infantiles, los pedófilos mostraron diferencias significativas para fotos
masculinas o femeninas por edad, mientras los no-pedófilos mostraron mayor VCN con
mujeres adultas que con niñas.
Psiquiatría
y Psicoterapia
Pocos estudios recientes sobre teorías
explicativas y abordajes psicoterapéuticos y sus efectos fueron publicados en el período
estudiado. Entre ellos, Furnam & Haraldsen (1998) encontraron estructuras conceptuales
sobre las "teorías" y "curas" folklóricas del fetichismo, la
pedofilia, el sadismo sexual y el voyeurismo similares a las de las teorías académicas
explícitas, así como una relación clara y lógica entre la etiología percibida y la
cura.
ODonohue & Letourneau (1993)
trabajaron con transgresores sexuales infantiles que tenían al menos dos años negando el
hecho. Informan que estos salieron de la negación con un tratamiento que incluyó
empatía con la víctima, restructuración cognoscitiva, educación sexual, asertividad,
destrezas sociales, y educación sobre la terapia. Pithers (1994) reportó, de manera
similar, que los pedófilos estudiados por él mostraron mayor empatía antes y después
del tratamiento psicológico que los violadores, concluyendo que la intervención puede
disminuir el endoso de distorsiones que justifican la violencia sexualizada. En la misma
dirección, Chaplin, Rice & Harris (1995) y Abel & Rouleau (1995) se refieren a la
importancia del tratamiento del perpetrador, buscando por igual aumentar la empatía con
la víctima.
Tratamientos
Anti-Androgénicos (Castración Química Reversible)
Seis estudios sobre la llamada
"castración química reversible" han sido publicados en la literatura
científica en los últimos seis años. Lamentablemente, estos estudios sólo han
intervenido de uno a seis pacientes cada uno, lo que no permite aún generalizar los
hallazgos a grupos y subpoblaciones de pedófilos. Los pacientes han sido tratados con
acetato de ciproterona (Bradford & Pawlak, 1993; Czeizel, 1996), acetatos de
ciproterona, medroxiprogesterona y leuprolida (Dickey, 1992; Cooper, Cernovsky &
Magnus, 1992), y triptorelin (GnRHa), un análogo hormonal de la gonadotropina
(Thibaut, Cordier & Kuhn, 1993).
En general estos autores reportan una
disminución de los pensamientos, fantasías y actividades sexuales experimentadas por la
mayoría de sus pacientes (Dickey, 1992; Cooper et al., 1992; Thibaut et al.,
1993; Czeizel, 1996), y una reducción de la frecuencia de las erecciones matutinas
tempranas al despertar, de la frecuencia y el placer de la masturbación, y del nivel de
frustración sexual (Cooper et al., 1992). El único efecto colateral reportado
hasta ahora ha sido el hipoandrogenismo (Thibaut et al., 1993). Sin embargo,
Bradford & Pawlak (1993) sugieren que las respuestas al tratamiento pueden diferir en
grupos de baja y alta testosterona en el plasma.
Falometría y
Evaluación
Cuatro estudios sobre la medición del
volumen y la circunferencia del pene como instrumentos diagnósticos de la pedofilia han
sido publicados en el período. Becker & Quinsey (1993), por ejemplo, destacan cómo
la historia de delitos sexuales y las mediciones falométricas son útiles para el
tratamiento, la supervisión, y la evaluación del riesgo. McAnulty & Adams (1992)
afirman que las "respuestas de la circunferencia peneana" (RCP) y las
"respuestas del volumen peneano" (RVP) son índices de excitación y
orientación sexual. Castonquay, Proulx, Aubut, Mckibben & Campbell (1993) señalan,
por su parte, que los agresores sexuales más jóvenes exhiben una magnitud de respuesta
máxima mayor que los menos jóvenes. Finalmente, Simon & Schouten (1993) cuestionan
la validez y confiabilidad del "pletismógrafo" peneano, indicando que esta
herramienta no ha sido estandarizada y está sujeta a fingimiento. Por tanto, afirman que
su uso en escenarios legales y clínicos debe hacerse con cautela.
Discusión
A pesar de un nivel de actividad
investigativa que aún podría considerarse como relativamente exiguo entre 1992 y 1998,
el interés por el tema de las relaciones sexuales adulto-niño parece haber comenzado a
describir una curva ascendente en términos tanto de su complejidad como de su
profundidad. Una parte importante de los nuevos giros que toman los debates es el
concerniente a los criterios diagnósticos. La ausencia de consentimiento por parte de la
víctima y el abuso de poder por el perpetrador para lograr el abuso, anteriormente
minimizados, probablemente serán tenidos más en cuenta en escenarios clínicos y legales
para determinar la naturaleza de la relación. Como consecuencia de esto, paulatinamente
parece irse creando un consenso de que la actividad sexual niño-adulto debe ser combatida
como una infracción a los derechos de los niños, no como algo basado en la creencia de
que ésta es invariablemente dañina (McConaghy, 1998).
Hasta hace unos años en nuestra sociedad,
y probablemente aún en nuestros días, una relación de este tipo descubierta
públicamente estaba regularmente acompañada por un fuerte estigma social. Esto tiende a
ocurrir principalmente cuando el hecho involucra una violación sexual. El estigma no
sólo recae sobre el infractor, sino que se refleja en la víctima, tal vez más
agudamente. A ésta a menudo se atribuye la culpa de su propia violación (principalmente
cuando se trata de una mujer o de un hombre homosexual). Así, esta persona tiende a ser
condenada a un doble silencio por las frecuentes burlas de la comunidad, tanto por haber
sido violada como por su profetizada complicidad en el hecho.
Una cierta conciencia global ha ido
surgiendo al final de la última década de este siglo, produciendo el marcado aumento de
la notificación de la actividad sexual niño-adulto y de la violencia contra la mujer,
particularmente cuando ambos hechos ocurren fuera de la familia. Sin embargo, sabemos que
los perpetradores generalmente son conocidos por la mayoría de las víctimas, y que en
alta proporción se trata de padrastros, primos, tíos y abuelos de aquellas. Estos
conflictos familiares probablemente sean ocultados aún debido a que parecen funcionar
como juegos donde la posible implicación de la revelación sería que todos sus miembros
salieran perdiendo, gracias a las actitudes sociales hacia la pedofilia.
Afortunadamente, la preocupación genuina,
azuzada por algunos "apocalípticos" que parece que buscan mantener un estado de
pánico entre los padres, no ha ido acompañada por un aumento de la prevalencia real
internacional al menos desde los años 1960, según nos dice McConaghy (1998). Igualmente,
de acuerdo con los datos de Muñoz & Gómez (1999), el aumento porcentual de las
querellas por violaciones sexuales de mujeres adultas virtualmente duplicó el aumento de
las querellas por sustracciones y/o violaciones sexuales a menores de edad en Barahona en
los últimos diez años.
La llamada "hipótesis del abusador
abusado" (Freund & Kuban, 1993b; Bagley et al., 1994; Cormier et al.,
1995; Howitt, 1995; Moller & Bier-Weiss, 1995) ha mostrado una generalidad más bien
sorprendente a través de los estudios de diversos países. La asociación entre la
perpetración del abuso sexual y la victimización del transgresor cuando niño promete
ser un área cada vez más explorada de la sexualidad humana. La importante observación
de que los pedófilos escogen víctimas de una edad específica de acuerdo a la edad de
sus propias experiencias de victimización, ha comenzado a abrir nuevos campos de
pesquisa. También ha generado las nuevas categorías de infantófilos, pedófilos,
hebéfilos, andrófilos y ginéfilos. Hace falta estudiar más profundamente, por
supuesto, el hallazgo de que el establecimiento de la preferencia erótica sexual precede
el de la preferencia erótica etárea (Freund & Kuban, 1993b).
Vimos que no todos los pedófilos son
necesariamente iguales ni parecen operar con las mismas estrategias. La mayoría son
reclutados entre reclusos condenados por pedofilia, pero pocos fuera de esta condición
han sido estudiados. Unos exhiben rasgos psicopáticos, otros son "normales".
Unos son violentos, otros seductores de niños. Unos prefieren niños, otros prefieren
niñas. Unos son heterosexuales, otros homosexuales. Unos son "confesos", otros
"no-confesos". El modus operandi de los pedófilos, entonces,
podría ser tan variado y complejo como el panorama de tipos y combinaciones diferentes
que van surgiendo de la investigación.
En términos del tratamiento de esta
condición parece que se han producido avances más bien discretos en los años
estudiados, aunque la consideración de la necesidad y deseabilidad del tratamiento ya es
en sí un logro. La psicoterapia ha tendido a inclinarse por una estrategia de crear
empatía con la víctima, buscar una reestructuración cognoscitiva, y desarrollar
destrezas sociales en los transgresores, reduciendo sus tendencias a negar los hechos. Los
tratamientos antiandrogénicos, en sus primeros pasos, se han inclinado por el uso de los
acetatos de ciproterona, medroxiprogesterona y leuprolida, y triptorelin, con algunos
efectos hipoandrogénicos. Hace falta, naturalmente, continuar profundizando esta área
con una conciencia clara de la bioética de la investigación e intervención con sujetos
humanos.
Sin dudas, múltiples "nichos vacíos
de investigación" en el área serán descubiertos en la próxima década. Nuestro
país difícilmente escapará a esta empresa, particularmente cuando se nos ha acusado
internacionalmente de no perseguir con suficiente energía y vigor el empleo de jóvenes
menores de edad en lo que hoy llamamos la Industria del Sexo. ¿Podría ser que diferentes
sociedades y culturas tengan formas diversas de percibir y tratar las relaciones sexuales
entre adultos y niños, adultos y adolescentes, y adolescentes y niños? Este es sólo uno
de los nuevos retos que plantea a la Psiquiatría y la Psicología el advenimiento del
nuevo milenio.
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Como citar esta comunicación:
E. Antonio de Moya, E. García-Alvarez, R. Infantofilia, Pedofilia y Hebifilia: Hallazgos recientes
(1992-1998). I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo
2000 [citado: *]; Conferencia 26-CI-B: [23 pantallas]. Disponible en:
http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa26/conferencias/26_ci_b.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este
artículo.
*Trabajo presentado en el IX Congreso Dominicano de
Psiquiatría, Santo Domingo, Septiembre 29-Octubre de 1999
**Psicólogo Social y
Epidemiólogo, Coordinador de Investigación del ISH/UASD.
***Médico Psiquiatra,
Director de la Maestría en Sexualidad Humana, ISH/UASD.
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