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1.
Introducción.
La aparición y el explosivo desarrollo de
Internet ha repercutido en los más diversos órdenes
de la vida de las personas.
Cuestiones ni siquiera imaginables hasta hace
unos pocos años han adquirido al día de hoy un
estado de realidad tan palpable como el de las experiencias de
nuestra vida cotidiana.
En el espacio de la red mundial de computadoras
(ciberespacio) aparecen nuevos tipos de lazos interpersonales,
distintos tipos de vínculos y diferentes formas de
comunicación entre las personas (Lameiro y Sanchez, 1998b;
Sanchez, 1999b) y éstas se ven afectadas por ello.
Dentro de este panorama, la psicología en
general y la práctica psicoterapéutica en particular
no pueden quedar alejadas sino que, por el contrario, deben
abordar el fenómeno tal como corresponde a cualquier
situación donde intervengan seres humanos.
La cuestión de sí una terapia
virtual es posible ha quedado en cierto sentido zanjada por la
prepotencia de los hechos: ya existen psicoterapeutas en diversas
latitudes que ofrecen sus servicios on-line, si bien no se han
conocido los resultados de tales experiencias.
Más allá de ello, se impone,
dentro del campo de la salud mental, un debate acerca de la
factibilidad de la cyberterapia y, en caso positivo, de la manera
más óptima de llevarla a cabo. El presente trabajo sólo
pretende ser un acercamiento en ese sentido.
En el punto siguiente, se profundizará
acerca de la definición de lo que puede entenderse por
psicoterapia para luego analizar la cuestión de la
cyberterapia en lo que respecta a su mayor o menor posibilidad de
inclusión dentro del campo de la práctica psicoterapéutica.
2.
Marco general de la psicoterapia.
El fenómeno de la psicoterapia es una
cuestión relativamente reciente y compleja. La amplia
diversidad de enfoques y modelos psicoterapéuticos da lugar
a una amplia gama de definiciones de psicoterapia (Feixas y Miró,
1993) por lo que resulta imposible coincidir con una única
definición que satisfaga a los cultores de los distintos
acercamientos teóricos.
Sin embargo, pueden postularse algunos
componentes comunes a cualquier abordaje psicoterapéutico.
En líneas generales, toda psicoterapia se
compone de (Fernández Alvarez, 1998):
1. Una estructura teórica, que
incluye:
- una teoría de la actividad psíquica;
- una teoría del padecimiento psíquicamente
inducido;
- una teoría del cambio humano.
2. Un modelo de funcionamiento. La acción
de la psicoterapia se concreta a través de:
- un sistema de creencias;
- una relación terapéutica;
- un conjunto de instrumentos de aplicación.
3. Procedimientos técnicos: la psicoterapia se
basa en la aplicación de:
- dispositivo terapéutico ("encuadre")
- diseño de los objetivos terapéuticos;
- extensión del tratamiento (en duración y
frecuencia);
- evaluación;
- etc.
Todo paradigma psicoterapéutico supone
una estructura teórica acerca del funcionamiento psíquico.
Este marco incluye una teoría acerca de determinadas formas
de padecimiento, situaciones en las cuales el sufrimiento
existente ha sido inducido psíquicamente. Por lo tanto, la
estructura teórica de toda psicoterapia incluye una teoría
psicopatológica. Finalmente, la psicoterapia incluye una
teoría acerca del cambio humano por medio de la influencia
de algún otro. Esto último resulta una sucedáneo
de lo que postulara Freud hace ya un siglo: que las personas
pueden beneficiarse con procedimientos terapéuticos
apoyados en el poder curativo de la palabra.
En síntesis, puede decirse que la
estructura teórica de toda psicoterapia permite explicar
como una persona puede pasar de un estado psicológico x
a otro estado psicológico y tal que y
supone un menor padecimiento para la persona y es duradero en el
tiempo.
|
estado psicológico x +
psicoterapia1 = estado psicológico y |
El modelo de funcionamiento de una
psicoterapia refiere a la organización de su práctica.
Esta se plasma a través de un sistema de creencias
que determina y regula la relación de demanda y oferta
sobre ciertas formas de padecimiento y su resolución y se
concreta en una relación terapéutica2
y en la implementación de una serie de técnicas
por parte del profesional.
El sistema de creencias de cada cultura
particular valida la existencia de personas debidamente
calificadas y entrenadas que por su accionar por medio de la
palabra provocan cambios positivos en los demás, cambios
que de no mediar la psicoterapia no se producirían o se
producirían en cualquier dirección.3
Los recursos tecnológicos de la
psicoterapia se basan en una aplicación apropiada de los
elementos citados anteriormente: fijación del dispositivo
terapéutico, diseño de los objetivos, estimación
de la extensión del tratamiento (en duración en el
tiempo y en frecuencia), etcétera.
3.
Los vínculos interpersonales en Internet.
Pese a su calidad casi omnipresente, Internet
suele ser concebida conforme a modelos y nociones inadecuadas para
dar cuenta de ella (Lameiro, 1999). La acepción más
difundida es la de "medio de comunicación". Otro
sentido otorgado a Internet es el de "biblioteca infinita",
donde una cantidad ingente de información está
siempre disponible. La metáfora de "la
superautopista de la información" resulta
representativa de estas concepciones de Internet.
Los conceptos anteriores suponen un profundo y
completo desconocimiento de la naturaleza de Internet, ya que lo
distintivo de la red es constituir un campo de
posibilidades interpersonales (Lameiro y Sanchez, 1998b; Sanchez,
1999b), determinando un nuevo espacio social (Lameiro,
1999). Internet aparece entonces como una tecnología
social (Salazar, 1999). Los individuos que ingresan en esta
red no son sólo entes procesadores de información,
sino que también son seres sociales (Salazar, 1999).
El ciberespacio constituye un nuevo espacio
social más que un nuevo medio de comunicación o una
gran biblioteca.
En este espacio las personas interactúan
y se encuentran, aparecen nuevos tipos de vínculos
interpersonales, nacen diferentes formas de comunicación y
de relacionarse.
Todo lo anterior se manifiesta sin las
limitaciones que el espacio físico y el tiempo imponen a
las relaciones de la vida cotidiana: las distancias y el lugar en
el espacio son aspectos irrelevantes en Internet, y el tiempo es
vivido subjetivamente. He aquí los verdaderos alcances del
término virtual (Lameiro y Sanchez, 1998a; Sanchez,
1999a).
El rasgo distintivo de Internet está en
brindar a los usuarios un mundo sin fronteras, donde pueden
establecerse múltiples relaciones con otras personas
(Lameiro y Sanchez, 1998b). Estas relaciones bien pueden ser tanto
entre dos individuos como grupales (Lameiro y Sanchez, 1998a).
Además, los vínculos establecidos
en la red conllevan un aspecto sumamente humanizado y que implica
la puesta en juego de un importante monto de afecto, lo que hace
que las personas no quieran prescindir de estas nuevas relaciones
virtuales (Lameiro y Sanchez, 1998b).
El medio más que posibilitador resulta
propiciador y facilitador de cierto tipo de contactos
interpersonales que las personas desean establecer y mantener y
donde encuentran reconocimiento y afecto. Este resulta ser el
rasgo distintivo de Internet, el que deriva de su consideración
como espacio social.
Cabe señalar también, que los
usuarios de Internet desarrollan en sus comunicaciones en la red
una característica no siempre presente en nuestros
intercambios habituales: la reflexividad (Lameiro y
Sanchez, 1998b). En las relaciones virtuales, en especial en las
mantenidas vía correo electrónico, los usuarios
muestran un estilo más reflexivo en la comunicación.
En este sentido, el correo electrónico sólo es
comparable (en cierto grado) al intercambio epistolar, del cual
resulta su sucedáneo moderno.
Los efectos de la reflexividad, se constatan en
dos planos:
a. Efectos en el tratamiento de la información
o de los contenidos (es decir, el asunto de que trata la
comunicación): el correo electrónico permite una
elaboración más meditada de los temas compartidos,
permitiendo incluso descubrir, según muchos usuarios,
posibilidades nuevas en el seno de una relación ya
establecida, así como el despliegue de recursos expresivos
antes desconocidos por el propio usuario (por ejemplo, el usuario
descubre que le gusta escribir).
b. Efectos sobre la relación misma:
la reflexividad que permite este medio de comunicación, se
traslada mas allá de los contenidos, a la relación
en sí misma: las personas se ven capaces de llevar con más
cuidado la relación, pueden manejar mejor los tiempos, etcétera.
De modo que, independientemente de la mayor o menor demora
consciente con que cada cual vive el proceso, lo que se encuentra
como resultado general es que el correo electrónico, debido
a la mayor reflexividad que permite, afecta a la relación
interpersonal misma y a la evaluación que los involucrados
hacen de su participación en ella.
Ambos aspectos de la reflexividad se conjugan,
haciendo del e-mail un medio propiciador del diálogo,
un vehículo para la reflexión de temas profundos,
algo no fácil de lograr en la vida cotidiana.
4.
Cyberterapia: psicoterapia en Internet.
Hasta aquí han quedado planteadas dos
cuestiones: por un lado que es lo que debe entenderse por
psicoterapia (apartado 2., Marco general de la psicoterapia);
por otro lado, cuales son características particulares de
las relaciones establecidas en Internet (apartado 3., Los vínculos
interpersonales en Internet). Es desde el marco que ha quedado
así definido donde puede considerarse la factibilidad de
llevar a cabo una cyberterapia, vale decir una terapia psicológica
a través de algunos de los medios de comunicación
que brinda Internet.
Si se considera la estructura teórica
de la psicoterapia tenemos que, en principio, esta puede
extrapolarse a una terapia virtual. Esto es así ya que al
tratarse de cuestiones netamente de orden teórico en cierto
modo son independientes de la forma que tome su práctica.
Esto es incuestionable en lo que respecta a los
puntos a) -una teoría de la actividad psíquica-
y b) -una teoría del padecimiento psíquicamente
inducido- ya que son aspectos que se refieren a las personas
en general y a aquellos que demandan psicoterapia en particular y
no al proceso terapéutico en sí.
En cuanto al tercer punto (c. una teoría
del cambio humano), la cuestión pasa por resolver si
ese cambio puede ser logrado sin la presencia física del
terapeuta y sólo a través de su palabra. A priori,
tal eventualidad parecería posible ya que lo común
de toda psicoterapia es la apuesta de que los seres humanos son
capaces de decidir su destino por medio de alguna forma de
influencia recíproca (Fernández Alvarez, 1998). Tal
como se ha sostenido a lo largo de este trabajo, en el espacio
social que determina Internet la mutua influencia entre los
usuarios es un rasgo distintivo. Esa "alguna"
forma de influencia que refiere Fernández Alvarez bien podría
ser una influencia a través del ciberespacio.
En lo que se refiere a los procedimientos técnicos,
puede contemplarse también la posibilidad de su aplicación
en Internet. Temas tales como dispositivo terapéutico, diseño
de los objetivos o extensión del tratamiento, pueden
fijarse en una relación virtual.4
Finalmente, el modelo de funcionamiento
incluía tres aspectos, dos de los cuales aparecen como
posibles de ser aplicados a la cyberterapia sin mayores
miramientos.
Por un lado, se señalaba que la
psicoterapia se concreta a través de un sistema de
creencias que determina y regula la relación entre oferta y
demanda sobre cierta manera de padecer y una forma de ayuda. Este
sistema de creencias (y dada la omnipresencia de internet a la que
se hacía referencia anteriormente) bien puede contemplar la
posibilidad de una oferta de cyberterapia y de una demanda de tal
servicio.
Lo anterior se relaciona con la credibilidad que
pueda tener un paciente en la eficacia de la cyberterapia. Una
alta credibilidad en el proceso terapéutico que se inicia
suele ser un buen predictor de buenos resultados para los
pacientes (Fernández Alvarez, 1992). La creencia de los
propios pacientes en que serán beneficiados por una
psicoterapia juega un papel primordial en el logro de resultados
positivos. Esto puede trasladarse a la cyberterapia: si el
paciente (posiblemente influido por vínculos anteriores
mantenidos en la red) se muestra confiado en los beneficios que
puede obtener en una cyberterapia, el camino ya ha sido en gran
parte allanado.
Por otro lado (además del sistema de
creencias), existía un conjunto de instrumentos de aplicación
que son las técnicas propias del psicoterapeuta. Algunas de
estas podrán usarse en la terapia virtual y otras tal vez
no, por lo que esta cuestión tampoco parece resultar
conflictiva en principio.
Por lo revisado hasta aquí, la inclusión
de la cyberterapia dentro del campo más vasto de las
psicoterapias parecería ser una eventualidad muy probable.
Sin embargo, ha quedado por analizar un punto
crucial no sólo para esta cuestión sino para el
funcionamiento de la psicoterapia en general: la relación
terapéutica que se establece entre el consultante y el
terapeuta.
Al menos desde las investigaciones de Jerome
Frank a principios de la década del 60, es bien sabido que
la calidad del vínculo interpersonal establecido entre la
persona que consulta en busca de ayuda y el profesional que se
ofrece para ayudarlo está claramente relacionada con la
mejora que pueda lograr el primero. Esto es, hay una mayor
correlación positiva entre una adecuada relación
interpersonal y la mejora del paciente que entre ésta y
cualquier tipo de técnicas de tratamiento usadas por los
terapeutas.5
La relación terapéutica es el
elemento distintivo esencial de la psicoterapia. En tal sentido,
resulta cualitativamente diferente al vínculo establecido
en otras relaciones que también pueden resultar de ayuda.
Calidez, empatía, autenticidad,
consideración positiva, son algunas de las características
que los terapeutas deben poner en juego en sus vínculos con
sus pacientes para que estos puedan hallar una mejora en su
padecer.
La relación terapéutica (alianza,
en el marco psicoanalítico) es un factor de cambio esencial
y depende de la calidad del vínculo que puedan establecer
paciente y terapeuta.
Todo lo anterior no es óbice para que
cada terapeuta apele a diferentes modos de comunicación
para influir sobre el paciente en vistas al logro de los cambios
que desea promover en él. Esto constituye su estilo
personal (Fernández Alvarez, 1996).
Según Fernández Alvarez, el estilo
personal resulta de la ubicación del terapeuta respecto a
una serie de funciones que operan integradamente y que admiten
posiciones intermedias en un continuo entre características
polares (rígido/flexible, próximo/distante,
directivo/persuasivo, etc.).
Del análisis de las funciones propuestas
por el autor, surge que una de ellas es decisiva al momento de
determinar el perfil de un cyberterapeuta: la función
corporal/mental. Respecto a esta dimensión, característica
esencial del estilo personal, es posible encontrar terapeutas que
utilizan preferentemente modalidades corporales (gestos, miradas,
tonos de voz) y otros que se expresan a través de recursos
mentales (fluidez verbal, riqueza asociativa, etc.). Resulta obvio
señalar que un terapeuta que se dedique a la terapia
virtual debe tener un estilo de comunicación más
mental.
Como se ha visto anteriormente, Internet es un
espacio propicio para el establecimiento de relaciones
interpersonales sumamente humanizadas. Por lo tanto, puede
sostenerse que es posible crear un vínculo terapéutico
sólido y fructífero en el ciberespacio. Esto supone
salvar el último escollo en el camino que lleva a la
cyberterapia.
Sin embargo, no deben obviarse ciertas
limitaciones propias de la comunicación en Internet, en
especial aquellas relativas a la carencia de los componentes analógicos
de la comunicación.
Como bien demostraran Bateson (1972) y sus
seguidores (Watzlawick, Bavelas y Jackson, 1989) los componentes
analógicos (miradas, tono de voz, gestos, posturas, etc.)
son determinantes en toda comunicación. Mas precisamente,
es la componente analógica la que determina como debe ser
interpretado o comprendido un mensaje comunicacional. El otro
componente, el digital, equivale al contenido de la comunicación
(el texto).
Resulta obvio señalar que todo componente
analógico se pierde en una comunicación virtual, ya
que esta se limita al contenido digital. Esto intenta ser
subsanado de diversas maneras, por ejemplo, usando emoticones6,
onomatopeyas o mayúsculas para destacar algunas frases
importantes.
Esta falencia resulta más notoria en las
comunicaciones mediadas por computadora que en el intercambio
epistolar a través del correo postal. En este caso, la
caligrafía o el trazo de la letra conservan aún algún
rasgo analógico.
Filogenéticamente, la comunicación
digital es una adquisición reciente y no resulta
especialmente útil para transmitir emociones, estados de ánimo
o para establecer la relación en una comunicación.
En una comunicación virtual esos aspectos deben ser
definidos digitalmente, lo que supone cuando menos un engorro.
Esta limitación recorta seriamente las
posibilidades de eficacia de la cyberterapia y debe ser
cuidadosamente ponderada al momento de decidir si ésta se
lleva adelante o no, sopesando cuanto es lo que se pierde en el
establecimiento de la relación.
Igualmente, si la cyberterapia es finalmente
iniciada, debe tenérsela en cuenta en cada momento del
proceso terapéutico para evitar interpretaciones erróneas
de los mensajes del paciente y para evitar que los mensajes del
terapeuta sean ambiguos o factibles de ser malinterpretados.
5.
Cyberterapia, ¿SI o NO?
A la luz de los conceptos revisados hasta aquí
respecto a la factibilidad de una práctica psicoterapéutica
a través de Internet, resulta posible esbozar una respuesta
a este interrogante: ¿es posible realizar eficazmente
una cyberterapia?
Existen elementos de juicio para responder esta
pregunta en ambos sentidos:
- SI: porque no existen elementos teóricos
o técnicos que lo impidan. En cuanto al elemento crucial,
la relación terapéutica, se ha visto como en
Internet pueden establecerse vínculos interpersonales muy
satisfactorios. Por lo tanto, no hay razones de peso para suponer
que sería inviable el establecimiento de una adecuada
relación terapéutica en este marco. Más aún,
el ciberespacio resulta el lugar ideal para que terapeuta y
paciente no mantengan otro tipo de relación mas que la
propia del proceso terapéutico que llevan adelante. Existe
un consenso generalizado en recomendar tal situación para
toda relación terapéutica (Feixas y Miró,
1993); sin embargo, esto no siempre es posible de mantener en las
practicas psicoterapéuticas cotidianas del mundo físico.
Además, la comunicación por correo electrónico
favorece la expansión de la reflexividad, lo que resulta
esencial para el mantenimiento de cualquier proceso psicoterapéutico.
Por todo lo anterior, al menos a priori y sujeto a estudio, es
posible concebir una terapia virtual a través de correo
electrónico.7
- NO: la mejor fundamentación de
esta respuesta está en la inversión de la pregunta: ¿por
qué si?, ¿por qué debería
realizarse una cyberterapia cuando es posible realizar una terapia
presencial?, ¿por qué debería correrse el
riesgo que conlleva prescindir de los aspectos analógicos
de la comunicación?, ¿la evitación de la
presencia del terapeuta no podría estar yendo en el mismo
sentido que el problema que se busca solucionar?. Los
interrogantes se multiplican y varios mas podrían agregarse
a esta lista.
¿Entonces? Dado que, como se dijo en la
Introducción, la cyberterapia ya se está realizando
en diversos lugares, es menester proceder a su consideración
con el propósito de optimizar sus resultados.
A tales efectos, a continuación sigue una
no exhaustiva serie de ideas o hipótesis respecto a como
conseguir el mejor funcionamiento de la práctica cyberterapéutica8:
- La cyberterapia no es recomendada para cualquier paciente, ni
para cualquier trastorno, ni para cualquier terapeuta. Sólo
algunos trastornos de algunos pacientes podrán ser
tratados "virtualmente" por algunos terapeutas9.
La decisión última, como siempre, debe quedar en
manos del profesional (obviamente, con la anuencia del
paciente).
- Cualquier cyberterapia debe conllevar la idea de que en
cualquier momento puede convertirse en terapia presencial con el
mismo u otro terapeuta.
- La frecuencia y tamaño de los intercambios debe
pautarse de antemano y respetarse.
Quedan muchas cuestiones para resolver, las
cuales demandan análisis adicionales. Por ejemplo, ¿cuáles
serían las patologías más favorables para la
indicación de una cyberterapia?, ¿en cuáles
otras sería contraindicada?
Quizá la cyberterapia, por ejemplo, no
sea lo más indicado para un trastorno que implique ansiedad
social, pero si tal vez sea posible llevarla a cabo en los
comienzos de un tratamiento de tal tipo fijando entre sus
objetivos el paso a una terapia presencial.
Algunos trastornos de personalidad (siempre y
cuando no estén aparejados con síntomas muy
invalidantes) podrían tratarse eficazmente con
cyberterapia, en especial si se apela a la mayor reflexividad que
posibilita el uso del correo electrónico.
Ninguna de estas u otras cuestiones que pudieran
surgir están cerradas. La necesidad de un profundo debate
se impone, considerando que Internet estará cada día
más presente en nuestras vidas. Sin embargo, tales
consideraciones escapan a los límites de este trabajo ya
que sólo se pretendía realizar un primer análisis,
necesariamente insuficiente, de esta problemática.
Como punto final, se citan algunas definiciones
de psicoterapia extraídas de Feixas y Miró (1993)
con el propósito de intentar extrapolarlas a la
cyberterapia. Si no resultare incongruente tal extrapolación,
supondría un nuevo elemento de juicio a favor de la
existencia de la psicoterapia en Internet:
- Dado que todas las formas de influencia personal pueden
afectar el sentido de bienestar de una persona, la definición
de psicoterapia debe ser, necesariamente, algo arbitraria.
Consideraremos como psicoterapia sólo aquellos tipos de
influencia caracterizados por:
- Una persona que cura, capacitada y socialmente
autorizada, cuyos poderes curativos son aceptados por el que
sufre y por su grupo social o por una parte importante de él.
- Una persona que sufre que busca alivio en la persona que
cura.
- Una serie de contactos circunscritos, más o menos
estructurados, entre la persona que sufre y la que cura, por
medio de los cuales el que cura, a menudo con la ayuda de un
grupo, intenta producir ciertos cambios en el estado
emocional, las actitudes y la conducta del que sufre. Todos
los implicados creen que estos cambios le ayudarán.
Aunque pueden utilizarse accesorios físicos y químicos,
la influencia curativa se ejerce principalmente por medio de
la palabra, actos y rituales en los que el que sufre, el que
cura y el grupo -si existe- participan conjuntamente. (Frank
1961)
- término genérico para cualquier tipo de
tratamiento basado principalmente en la comunicación
verbal o no verbal con el paciente, específicamente
distinto de los tratamientos electrofísicos, farmacológicos
o quirúrgicos. (Asociación Psiquiátrica
Americana 1969)
- describe cualquier aplicación intencionada de técnicas
psicológicas por parte de un profesional clínico
con el fin de llevar a cabo los cambios de personalidad o
conductas deseados. (Korchin 1976)
- es el tratamiento, por medios psicológicos, de
problemas de naturaleza emocional, en el que una persona
entrenada establece deliberadamente una relación
profesional con el paciente con el objeto de 1) suprimir,
modificar o paliar los síntomas existentes; 2) intervenir
en las pautas distorsionadas de conducta; 3) promover el
crecimiento y desarrollo positivos de la personalidad. (Wolberg
1977)
- es un proceso interpersonal destinado a promover el cambio de
sentimientos, cogniciones, actitudes y conductas, que han
resultado problemáticas para el individuo que busca ayuda
de un profesional entrenado. (Strupp 1978)
- proceso orientado al cambio que ocurre en el contexto de una
relación profesional, empática, poderosa y
contractual. Su razón de ser se centre explícita o
implícitamente en la personalidad de los clientes, la técnica
de la psicoterapia o ambas cosas. Afecta a un cambio duradero en
múltiples aspectos de las vidas de los clientes. El
proceso es idiosincrásico y está determinado por
las posiciones preconcebidas de los pacientes y terapeutas.
(Zeig y Munion 1990)
6.
Conclusiones.
Como dice Umberto Eco (1996), cada nuevo
dispositivo tecnológico causa preocupación porque
puede debilitar las capacidades humanas que sustituye. Ello se
dijo de las computadoras, de la imprenta y aún incluso de
la misma escritura (como nos recuerda Eco: "...la memoria
es un gran don que debe ser mantenido con continuo ejercicio. Con
tu invención la gente ya no se sentirá obligada a
ejercitar la memoria. No se recordarán las cosas gracias a
su esfuerzo sino por la potencia de un dispositivo externo",
le dice el Faraón Thamus al supuesto inventor de la
escritura según el Fedro de Platón). Internet no
puede dejar de provocar el mismo temor.10
Sin embargo, se trata sólo de una nueva
tecnología y lo decisivo será el uso que de ella se
haga.
Descartar más allá de cualquier
consideración la posibilidad de una terapia virtual se
asemeja más a una postura dogmática que a una
actitud regida por los cánones científicos.
Inversamente, apelar a la cyberterapia sin una mínima
consideración de sus aspectos más relevantes
(algunos de los cuales fueron tratados hasta aquí) suena a
una práctica irresponsable y hasta iatrogénica en
una alta probabilidad.
Como de costumbre, lo adecuado pasa por someter
la experiencia al análisis, al estudio, a la observación,
en suma, a la investigación. Sólo así
lograremos alguna certeza aunque esta sólo nos depare
nuevos interrogantes.-
Bibliografía
- Bateson, Gregory (1972). Pasos hacia una ecología
de la mente. Planeta - Carlos Lohle. Buenos Aires, 1991.
- Eco, Umberto (1996). De Internet a Gutemberg.
Conferencia Accademia italiana degli studi avanzati, USA. (12 de
noviembre).11
- Feixas, Guillem y Miró Mª. Teresa (1993). Aproximaciones
a la psicoterapia. Editorial Paidós. Barcelona, 1997
(4ª reimpresión).
- Fernández Alvarez, Héctor (1992). Fundamentos
de un modelo integrativo en psicoterapia. Editorial Paidós.
Buenos Aires, 1996 (1ª reimpresión).
- Fernández Alvarez, Héctor. Características
personales del psicoterapeuta. Revista Dinámica Nº
4, Asociación Argentina de Psiquiatras (pág.
323-330). Buenos Aires.
http://
www.aaps.com.ar/dinamica/4/Fernadez.htm
- Fernández Alvarez, Héctor (1998). El
panorama de la terapia cognitiva. En Dr. Humberto Mesones
Arroyo (comp.), Teoría de la Psicoterapia.
Editorial Ananké. Buenos Aires, 1999 (2ª edición).
- Lameiro, Máximo y Sanchez, Roberto (1998a). Los
cibergrupos: su formación y mantenimiento. Boletín
Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de
grupo. Epoca IV, Nº 13 (pág. 179-182). Barcelona.
- Lameiro, Máximo y Sanchez, Roberto (1998b). Vínculos
e Internet. Boletín Sociedad Española de
Psicoterapia y Técnicas de grupo. Epoca IV, Nº 14 (pág.
45-66). Barcelona.
- Lameiro, Máximo (1999). La Internet como espacio
social. Campo Grupal Nº 8 (pág. 16). Buenos
Aires.
- Salazar, Javier (1999). El ciberespacio: ¿Espacio
para la socialización real o irreal?. II Congreso
Internacional de Grupo Análisis "Multitudes
Virtuales en la Sociedad del Espectáculo", Río
de Janeiro (12 al 14 de noviembre).
- Sanchez, Roberto (1999a). Internet y vida cotidiana: ¿qué
son los cibergrupos?. Campo Grupal Nº 5 (pág.
7). Buenos Aires.
- Sanchez, Roberto (1999b). Las dos caras de Internet.
Revista Dinámica Nº 10, Asociación Argentina
de Psiquiatras (pág. 136-142). Buenos Aires.
http://www.aaps.com.ar/
dinamica/10/Sanchez.htm
- Watzlawick, Paul; Bavelas, Janet y Jackson, Don (1989). Teoría
de la comunicación humana. Herder. Barcelona.
Notas
- No debe caerse en la simplificación de pensar que la
psicoterapia consiste en "sumar" algo a alguien. El
artificio matemático ha sido usado, un tanto
arbitrariamente, sólo para presentar una visión
esquemática de la cuestión. A los mismos efectos
bien podría haberse usado la multiplicación.
- Particular relación interpersonal donde una de las
personas solicita ayuda a otra, calificada y entrenada para
hacerlo.
- "cualquier dirección" incluye, por su
puesto, "dirección positiva", lo que equivale a
decir que las personas pueden cambiar para mejorar sin
psicoterapia.
- Y de hecho, de una u otra manera lo hicieron quienes realizan
algún tipo de terapia virtual en la actualidad.
- Véase, por ejemplo, Fernández Alvarez, 1992 o
Feixas y Miró, 1993.
- Pequeñas figuras armadas con letras y signos de
puntuación y que intentan remedar expresiones faciales.
Por ejemplo "risa" :-) o "tristeza" :-( .
Existen cientos de tales figuras.
- El chat, al constituir un medio de comunicación con
características y efectos muy distintos a los del correo
electrónico, ameritaría un análisis
particular. De la misma manera, debería considerarse la
posibilidad de un abordaje combinado de medios asincrónicos
(como el correo electrónico) y sincrónicos (como
el chat).
- Solicito las pertinentes disculpas por este y otros
neologismos deslizados en este trabajo.
- El tema de cuales pacientes, cuales trastornos y cuales
terapeutas necesitaría de otro debate, lo que habla de la
complejidad del tema que se está abordando.
- Por esto suelen tener tanta difusión periodística
supuestos informes, de base científica dudosa, que
pretenden "demostrar" que Internet "causa"
depresión, aislamiento, problemas conyugales y varias
calamidades mas.
- Disponible en
ftp://ftp.rediris.es/rediris/mail/
LISTSERV/catalog/edulist/ (archivos eco3.txt y eco4.txt;
original en italiano archivos eco1.txt y eco2.txt).
Como
citar este
trabajo:
Roberto
Sánchez. Cyberterapia: ¿una alternativa válida?
I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero -
15 de Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia 15-CI-A: [24 pantallas].
Disponible en:
http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa15/conferencias/15_ci_a.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día
que se haya visualizado este artículo. |