Conferencias


11-CI-B


Adolescentes Consumidores de Drogas Intervención Familiar: Prevención-Cambio-Terapia

Autor:
  • Juan Antonio Abeijón Merchán

    Médico Psiquiatra. Sº Vasco de Salud-Osakidetza. Supervisor Docente de la EVTF. Coordinador del IDD de la Universidad de Deusto.

    E-mail: juananabeijon@jet.es


 

María ha solicitado telefónicamente una cita en el centro de atención a toxicómanos de su zona, Solo comenta que quiere una cita con el doctor para hablar de un problema concerniente a su hijo de 14 años, y que está dispuesta a venir con el resto de su familia, pero no quiere dar más datos por teléfono

 

A la hora convenida acuden todos. Se trata de una familia compuesta por los padres (María, de 51 años y Francisco, de 53) y de dos hijos, Paco de 17 y Jaime de 14. Los padres trabajan, ambos en profesiones liberales, y los hijos estudian acorde con su edad.

 

El motivo de la consulta es la preocupación de los padres por el consumo de hachís del hijo pequeño, que han sabido los padres al haberle encontrado una "china"en el pantalón y que el hijo ha confirmado. Ambos se muestran activos en la entrevista y colaboradores con el terapeuta, al igual que los hijos. La madre es algo más habladora y comenta la preocupación que les causa este descubrimiento, al que asocian con el mal rendimiento escolar del hijo en este curso, con la desaparición de pequeñas cantidades de dinero en casa y con el comportamiento agresivo, protestón y algo violento del hijo que ha ocasionado discusiones con el resto de la familia. La madre comenta que ha preferido acudir rápidamente a una consulta especializada porque han oído en muchas ocasiones que el consumo de hachís lleva al de heroína y que ellos prefieren actuar antes de que ocurra.

 

Esta actitud aparentemente preventiva de un consumo "Más peligroso" de drogas por parte del hijo nos permite reflexionar sobre las posibilidades de la actuación clínica con resultados preventivos.

 

Es cierto que los datos de la mayoría de los estudios epidemiológicos sobre drogas confirman la opinión de la madre en sentido "a posteriori" y nunca "a priori". La mayor parte de los toxicómanos por heroína se encuentran en el colectivo de jóvenes adultos con fracaso escolar, trastornos del comportamiento, y se han "iniciado " en las drogas a través del consumo de cannabis y alcohol. Pero afortunadamente no todos los consumidores jóvenes de cannabis y alcohol con problemas escolares han acabado consumiendo heroína, lo cual nos habla de que existen mecanismos preventivos naturales en el propio medio que frenan el acceso al consumo de heroína y, dado que en nuestro país las peticiones de consulta por consumo de cannabis son muy escasas, no es la intervención profesional, clínica o no, un mecanismo importante.

 

 

Por otra parte es la percepción propia que la familia y su entorno tienen de determinados comportamientos lo que constituye "un problema", "el problema" que motiva una consulta. En este sentido podríamos decir que la familia de María y Francisco se presenta a sí misma pidiendo una intervención preventiva para su problema, aunque según dicen no es tan grave como podría llegar a ser, ya es para ellos un problema importante que necesita de una intervención profesional desde el exterior, más aún desde un exterior especializado en los problemas de drogas, dado que acuden a un centro de atención a toxicómanos, Es decir que esta familia ya tiene un problema de drogas según lo viven aunque no sea un problema de heroína.

 

El no llegar a situaciones más graves (la heroína) puede ser leído desde una perspectiva sistémica como una postura de homeostasis existente hasta el momento y un intento de darse tiempo, recomponer una nueva homeostasis para prevenir mayores situaciones de intolerancia. Este principio deberíamos aceptarlo incluso en aquellas situaciones en las cuales los intentos "manipuladores" de las familias intenten reproducir hasta el infinito peticiones de ayuda contradictorias y paralizantes de los mecanismos de cambio.

 

Ciertamente la familia de María y Francisco no es común en los servicios de atención a toxicómanos. Han denunciado un problema rápidamente, acuden todos al servicio y a las consultas, se muestran colaboradores y realizan las tareas propuestas. Con mayor frecuencia encontraremos peticiones de atención que se presentan como la de la familia de Rosario y Serafín. Es Rosario la que llama a la consulta. Según dice acaban de conocer las semana pasada que su hijo Juan, de 22 años, lleva tres años consumiendo heroína por vía intravenosa. Lo han descubierto porque ha sido detenido en una redada de pequeños traficantes.

 

Dicen que nunca hubieran pensado que algo así les pudiera pasar, que no sospechaban nada a pesar de que había fracaso escolar y que el hijo lleva varios años sin hacer nada, de que habían desaparecido pequeñas cantidades de dinero de casa y en alguna ocasión le habían visto llegar algo raro aunque lo interpretaron como un dato del consumo de alcohol existente entre los jóvenes de su edad por las noches.

 

El acumulo de justificaciones para negar la evidencia plantea lo que algunos autores como Pierre Angel han dado en llamar la ceguera familiar, "ver sin ver" y participar en un juego en el cual el consumo y sus consecuencias se admiten sin ser nombrados, entrando a formar parte de la dinámica de intereses emocionales existentes en la familia.

 

L. Cancrini describe este ciclo en estas familias ligado al comportamiento del joven toxicómano, a la especial relación de fuerzas existente entre los padres.

 

También S. Cirillo sitúa este tip de ceguera familiar en el estilo de relaciones establecidas entre los padres en función de los objetivos buscados por la pareja paental para resolver necesidades propias de cada uno de los padres referidas a sus propias familias de origen que van a resolverse en las interacciones de la pareja y la familia desde su constitución.

 

En los toxicómanos de estructura neurótica el juego de interacciones existente entre los padres y el hijo toxicómano queda descrito en el conocido esquema de Cancrini.

 

El problema se plantea den la fase sucesiva al desarrollo de la toxicomanía en la cual los propios mecanismos interactivos existentes entre la sustancia y el SNC entre la sustancia y la asociación de ésta a determinados comportamientos y/o situaciones, ayudan a perpetuar el propio comportamiento toxicómano. Es en este periodo cuando se plantea el poder preventivo de la intervención familiar en sí misma, dado que rompiendo el mecanismo que perpetúa la conducta toxicómana, se romper la reacción en cascada responsable del deterioro del propio toxicómano a nivel psíquico y orgánico, y que depende de las características de la propia sustancia, sobre todo cuando ésta es la heroína.

 

McLelland, conocido investigador americano que ha dedicado sus últimos trabajos a los métodos de evaluación de los servicios de atención a toxicómanos, sugiere como resumen de sus investigaciones, las tres siguientes conclusiones:

 

  1. Que aquellos toxicómanos que realizan un tratamiento, sea el que fuere, mejoran su pronóstico frente a los que no realizan ningún tipo de tratamiento.

  2. Que aquellos toxicómanos que se incorporan al tratamiento en servicios que plantean una oferta de recursos plural y variada mejoran su pronóstico frente a los que se incorporan a servicios que ofrecen una única propuesta de tratamiento, aunque ésta esté bien estructurada.

  3. Que aquellos toxicómanos que se incorporan a servicios que consiguen una incorporación de la familia al tratamiento, mejoran su pronóstico frente a aquéllos que participan en tratamientos que no involucran a la familia.

 

Estos tres resultados de las investigaciones de McLelland permiten poner el acento en aquellas características del tipo de tratamiento que permitiría desarrollar por sí mismo resultados de orden preventivo.

 

Por lo tanto los tratamientos que impliquen: a) una intervención precoz, b) que recuperen la capacidad de implicación de la familia, c) que deshagan la ceguera familiar, d) que permitan trabajar sobre las características de la constitución de la pareja de los padres, e) que desarrollen mecanismos de bloqueo de los efectos en cascada en la conducta toxicómana, y f) que trabajasen sobre la estructura de la familia, desarrollarán mecanismos de carácter preventivo de orden terciario sobre el propio toxicómano y su familia.

 

Estos mecanismos de carácter preventivo permitirán llegar incluso a abordar periodos de duelo en pacientes y familias que se enfrenan a la muerte por SIDA en muchos toxicómanos que, habiendo abandonado la toxicomanía como conducta, han desarrollado posteriormente la enfermedad SIDA.

 

Estos procesos psicopreventivos de implicación familiar no son exclusivos de los programas libres de drogas donde clásicamente se habían refugiado, sino que en programas de objetivos intermedios y de baja exigencia en los que no se cuestiona tanto el consumo de la sustancia en sí misma sino que se cambia la percepción que del consumo de la misma tiene el toxicómano y su familia, las consecuencias de carácter preventivo sobre el mayor deterioro físico y psíquico son incluso más importantes que el cambio en la conducta, entendiendo éste como el abandono definitivo del consumo.

 

En las toxicomanías de tipo sociopático estas intervenciones psicoterapéuticas combinadas con otras de carácter sustitutivo sobre la sustancia, coordinadas en un único pensamiento que pretenda el reordenamiento del significado del consumo en las relaciones del toxicómano con su familia y su contexto más amplio, es decir, amigos, justicia y componentes sociales (médicos, sistema laboral, servicios sociales …) se presentan como los más indicados en niveles de eficacia preventiva. En definitiva nos encontraríamos con una prescripción del síntoma y con una modificación de la visión que el propio toxicómano y su entorno relacional tiene de la conducta sintomática, lo que nos permitiría un cambio.

 

De lo dicho hasta ahora deducimos que las posibilidades de producir efectos preventivos desde el trabajo clínico en situaciones de toxicomanía desde una perspectiva del trabajo familiar sistémico es posible en tres circunstancias: 1) cuando estructuramos intervenciones precoces, 2) en intervenciones en las que se modifica el significado del consumo de una sustancia más que el hecho mismo de consumirla, y 3) cuando se trabaja sobre la funcionalidad del síntoma, siendo esta última sustancia la más clásica.

 

En el primer grupo la dificultad mayor se sitúa en la detección de las familias vulnerables y la construcción de la petición y la intervención. En un trabajo realizado por Ana Lía Komblit, de Buenos Aires, sobre las variables de riesgo a nivel familiar, ella detecta las siguientes: a) aislamiento familiar, es decir, una disminución y reducción del contacto con el grupo familiar, con la familia extensa y su medio social, b) marginación del hijo sintomático, señalado como distinto a los hermanos y a los padres, c) ausencia de retroalimentación en la estructura de los padres, es decir, falta de autocrítica de los padres frente al hijo problema, proyectos de vida rígidos de los padres con respecto a los hijos y a la familia, falta de discriminación en las conductas censuradas y falta de límites en los subsistemas familiares, d)ausencia de percepción de conductas elogiables en el hijo sintomático, e) ausencia de percepción de conductas elogiables en el hijo sintomático, e) ausencia de información entre hijos y padres en la vida cotidiana, f) violencia sin autoridad con conductas invasoras mutuas entre hijos y padres.

 

Estas variables de riesgo origina consultas a muchos niveles: fracaso escolar, conductas delictivas, conflictos en las relaciones … y la intervención a estos niveles ya produce efectos preventivos sobre posibles conductas toxicómanas.

 

En el segundo grupo la dificultad mayor no se encuentra tanto en la familia, que ya habrá sido una gran consumidora de recursos y servicios asistenciales, sino que se sitúa en las dificultades del sistema interviniente para funcionar como una única "mente de intervención", siguiendo el pensamiento de M. Coletti; y en las dificultades de los terapeutas sistémicos en aceptar modelos de intervención que se han presentado hasta ahora como "modelos contaminados".

 

En el tercer grupo nos enfrentamos al trabajo terapéutico clásico, centrado en la función del síntoma y en el desarrollo de los mecanismos de cambio en el "sistema toxicomanía", que siguiendo los estudios a posteriori de carácter evolutivo de McLelland en la medida en que se implica la familia en el proceso de tratamiento, es decir, en la medida que que se desarrolla un trabajo familiar sistémico, se mejora el pronóstico del paciente y de su entorno.

 

Podemos concluir diciendo que es posible prevenir desde la intervención clínica, pues como dice Shakespeare en uno de sus sonetos: el proceso curativo "da reposo al cuerpo agotado en el camino y relanza la cabeza en un viaje que comienza donde pena mi espíritu cuando mi cuerpo ha cesado"

Como citar esta comunicación:

    Abeijón Merchán, JA. Adolescentes Consumidores de Drogas Intervención Familiar: Prevención-Cambio-Terapia . I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia 11-CI-B: [13 pantallas]. Disponible en:  http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa11/conferencias/11_ci_b.htm
    * La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo.

 
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