| María
ha solicitado telefónicamente una cita en el centro de atención a toxicómanos de su
zona, Solo comenta que quiere una cita con el doctor para hablar de un problema
concerniente a su hijo de 14 años, y que está dispuesta a venir con el resto de su
familia, pero no quiere dar más datos por teléfono
A la hora convenida acuden todos. Se trata de una familia compuesta por
los padres (María, de 51 años y Francisco, de 53) y de dos hijos, Paco de 17 y Jaime de
14. Los padres trabajan, ambos en profesiones liberales, y los hijos estudian acorde con
su edad.
El motivo de la consulta es la preocupación de los padres por el consumo
de hachís del hijo pequeño, que han sabido los padres al haberle encontrado una
"china"en el pantalón y que el hijo ha confirmado. Ambos se muestran activos en
la entrevista y colaboradores con el terapeuta, al igual que los hijos. La madre es algo
más habladora y comenta la preocupación que les causa este descubrimiento, al que
asocian con el mal rendimiento escolar del hijo en este curso, con la desaparición de
pequeñas cantidades de dinero en casa y con el comportamiento agresivo, protestón y algo
violento del hijo que ha ocasionado discusiones con el resto de la familia. La madre
comenta que ha preferido acudir rápidamente a una consulta especializada porque han oído
en muchas ocasiones que el consumo de hachís lleva al de heroína y que ellos prefieren
actuar antes de que ocurra.
Esta actitud aparentemente preventiva de un consumo "Más
peligroso" de drogas por parte del hijo nos permite reflexionar sobre las
posibilidades de la actuación clínica con resultados preventivos.
Es cierto que los datos de la mayoría de los estudios epidemiológicos
sobre drogas confirman la opinión de la madre en sentido "a posteriori" y nunca
"a priori". La mayor parte de los toxicómanos por heroína se encuentran en el
colectivo de jóvenes adultos con fracaso escolar, trastornos del comportamiento, y se han
"iniciado " en las drogas a través del consumo de cannabis y alcohol. Pero
afortunadamente no todos los consumidores jóvenes de cannabis y alcohol con problemas
escolares han acabado consumiendo heroína, lo cual nos habla de que existen mecanismos
preventivos naturales en el propio medio que frenan el acceso al consumo de heroína y,
dado que en nuestro país las peticiones de consulta por consumo de cannabis son muy
escasas, no es la intervención profesional, clínica o no, un mecanismo importante.
Por otra parte es la percepción propia que la familia y su entorno tienen
de determinados comportamientos lo que constituye "un problema", "el
problema" que motiva una consulta. En este sentido podríamos decir que la familia de
María y Francisco se presenta a sí misma pidiendo una intervención preventiva para su
problema, aunque según dicen no es tan grave como podría llegar a ser, ya es para ellos
un problema importante que necesita de una intervención profesional desde el exterior,
más aún desde un exterior especializado en los problemas de drogas, dado que acuden a un
centro de atención a toxicómanos, Es decir que esta familia ya tiene un problema de
drogas según lo viven aunque no sea un problema de heroína.
El no llegar a situaciones más graves (la heroína) puede ser leído
desde una perspectiva sistémica como una postura de homeostasis existente hasta el
momento y un intento de darse tiempo, recomponer una nueva homeostasis para prevenir
mayores situaciones de intolerancia. Este principio deberíamos aceptarlo incluso en
aquellas situaciones en las cuales los intentos "manipuladores" de las familias
intenten reproducir hasta el infinito peticiones de ayuda contradictorias y paralizantes
de los mecanismos de cambio.
Ciertamente la familia de María y Francisco no es común en los servicios
de atención a toxicómanos. Han denunciado un problema rápidamente, acuden todos al
servicio y a las consultas, se muestran colaboradores y realizan las tareas propuestas.
Con mayor frecuencia encontraremos peticiones de atención que se presentan como la de la
familia de Rosario y Serafín. Es Rosario la que llama a la consulta. Según dice acaban
de conocer las semana pasada que su hijo Juan, de 22 años, lleva tres años consumiendo
heroína por vía intravenosa. Lo han descubierto porque ha sido detenido en una redada de
pequeños traficantes.
Dicen que nunca hubieran pensado que algo así les pudiera pasar, que no
sospechaban nada a pesar de que había fracaso escolar y que el hijo lleva varios años
sin hacer nada, de que habían desaparecido pequeñas cantidades de dinero de casa y en
alguna ocasión le habían visto llegar algo raro aunque lo interpretaron como un dato del
consumo de alcohol existente entre los jóvenes de su edad por las noches.
El acumulo de justificaciones para negar la evidencia plantea lo que
algunos autores como Pierre Angel han dado en llamar la ceguera familiar, "ver sin
ver" y participar en un juego en el cual el consumo y sus consecuencias se admiten
sin ser nombrados, entrando a formar parte de la dinámica de intereses emocionales
existentes en la familia.
L. Cancrini describe este ciclo en estas familias ligado al comportamiento
del joven toxicómano, a la especial relación de fuerzas existente entre los padres.
También S. Cirillo sitúa este tip de ceguera familiar en el estilo de
relaciones establecidas entre los padres en función de los objetivos buscados por la
pareja paental para resolver necesidades propias de cada uno de los padres referidas a sus
propias familias de origen que van a resolverse en las interacciones de la pareja y la
familia desde su constitución.
En los toxicómanos de estructura neurótica el juego de interacciones
existente entre los padres y el hijo toxicómano queda descrito en el conocido esquema de
Cancrini.
El problema se plantea den la fase sucesiva al desarrollo de la
toxicomanía en la cual los propios mecanismos interactivos existentes entre la sustancia
y el SNC entre la sustancia y la asociación de ésta a determinados comportamientos y/o
situaciones, ayudan a perpetuar el propio comportamiento toxicómano. Es en este periodo
cuando se plantea el poder preventivo de la intervención familiar en sí misma, dado que
rompiendo el mecanismo que perpetúa la conducta toxicómana, se romper la reacción en
cascada responsable del deterioro del propio toxicómano a nivel psíquico y orgánico, y
que depende de las características de la propia sustancia, sobre todo cuando ésta es la
heroína.
McLelland, conocido investigador americano que ha dedicado sus últimos
trabajos a los métodos de evaluación de los servicios de atención a toxicómanos,
sugiere como resumen de sus investigaciones, las tres siguientes conclusiones:
Que
aquellos toxicómanos que realizan un tratamiento, sea el que fuere, mejoran su
pronóstico frente a los que no realizan ningún tipo de tratamiento.
Que
aquellos toxicómanos que se incorporan al tratamiento en servicios que plantean una
oferta de recursos plural y variada mejoran su pronóstico frente a los que se incorporan
a servicios que ofrecen una única propuesta de tratamiento, aunque ésta esté bien
estructurada.
Que
aquellos toxicómanos que se incorporan a servicios que consiguen una incorporación de la
familia al tratamiento, mejoran su pronóstico frente a aquéllos que participan en
tratamientos que no involucran a la familia.
Estos tres resultados de las investigaciones de McLelland permiten poner
el acento en aquellas características del tipo de tratamiento que permitiría desarrollar
por sí mismo resultados de orden preventivo.
Por lo tanto los tratamientos que impliquen: a) una intervención precoz,
b) que recuperen la capacidad de implicación de la familia, c) que deshagan la ceguera
familiar, d) que permitan trabajar sobre las características de la constitución de la
pareja de los padres, e) que desarrollen mecanismos de bloqueo de los efectos en cascada
en la conducta toxicómana, y f) que trabajasen sobre la estructura de la familia,
desarrollarán mecanismos de carácter preventivo de orden terciario sobre el propio
toxicómano y su familia.
Estos mecanismos de carácter preventivo permitirán llegar incluso a
abordar periodos de duelo en pacientes y familias que se enfrenan a la muerte por SIDA en
muchos toxicómanos que, habiendo abandonado la toxicomanía como conducta, han
desarrollado posteriormente la enfermedad SIDA.
Estos procesos psicopreventivos de implicación familiar no son exclusivos
de los programas libres de drogas donde clásicamente se habían refugiado, sino que en
programas de objetivos intermedios y de baja exigencia en los que no se cuestiona tanto el
consumo de la sustancia en sí misma sino que se cambia la percepción que del consumo de
la misma tiene el toxicómano y su familia, las consecuencias de carácter preventivo
sobre el mayor deterioro físico y psíquico son incluso más importantes que el cambio en
la conducta, entendiendo éste como el abandono definitivo del consumo.
En las toxicomanías de tipo sociopático estas intervenciones
psicoterapéuticas combinadas con otras de carácter sustitutivo sobre la sustancia,
coordinadas en un único pensamiento que pretenda el reordenamiento del significado del
consumo en las relaciones del toxicómano con su familia y su contexto más amplio, es
decir, amigos, justicia y componentes sociales (médicos, sistema laboral, servicios
sociales
) se presentan como los más indicados en niveles de eficacia preventiva.
En definitiva nos encontraríamos con una prescripción del síntoma y con una
modificación de la visión que el propio toxicómano y su entorno relacional tiene de la
conducta sintomática, lo que nos permitiría un cambio.
De lo dicho hasta ahora deducimos que las posibilidades de producir
efectos preventivos desde el trabajo clínico en situaciones de toxicomanía desde una
perspectiva del trabajo familiar sistémico es posible en tres circunstancias: 1) cuando
estructuramos intervenciones precoces, 2) en intervenciones en las que se modifica el
significado del consumo de una sustancia más que el hecho mismo de consumirla, y 3)
cuando se trabaja sobre la funcionalidad del síntoma, siendo esta última sustancia la
más clásica.
En el primer grupo la dificultad mayor se sitúa en la detección de las
familias vulnerables y la construcción de la petición y la intervención. En un trabajo
realizado por Ana Lía Komblit, de Buenos Aires, sobre las variables de riesgo a nivel
familiar, ella detecta las siguientes: a) aislamiento familiar, es decir, una disminución
y reducción del contacto con el grupo familiar, con la familia extensa y su medio social,
b) marginación del hijo sintomático, señalado como distinto a los hermanos y a los
padres, c) ausencia de retroalimentación en la estructura de los padres, es decir, falta
de autocrítica de los padres frente al hijo problema, proyectos de vida rígidos de los
padres con respecto a los hijos y a la familia, falta de discriminación en las conductas
censuradas y falta de límites en los subsistemas familiares, d)ausencia de percepción de
conductas elogiables en el hijo sintomático, e) ausencia de percepción de conductas
elogiables en el hijo sintomático, e) ausencia de información entre hijos y padres en la
vida cotidiana, f) violencia sin autoridad con conductas invasoras mutuas entre hijos y
padres.
Estas variables de riesgo origina consultas a muchos niveles: fracaso
escolar, conductas delictivas, conflictos en las relaciones
y la intervención a
estos niveles ya produce efectos preventivos sobre posibles conductas toxicómanas.
En el segundo grupo la dificultad mayor no se encuentra tanto en la
familia, que ya habrá sido una gran consumidora de recursos y servicios asistenciales,
sino que se sitúa en las dificultades del sistema interviniente para funcionar como una
única "mente de intervención", siguiendo el pensamiento de M. Coletti; y en
las dificultades de los terapeutas sistémicos en aceptar modelos de intervención que se
han presentado hasta ahora como "modelos contaminados".
En el tercer grupo nos enfrentamos al trabajo terapéutico clásico,
centrado en la función del síntoma y en el desarrollo de los mecanismos de cambio en el
"sistema toxicomanía", que siguiendo los estudios a posteriori de carácter
evolutivo de McLelland en la medida en que se implica la familia en el proceso de
tratamiento, es decir, en la medida que que se desarrolla un trabajo familiar sistémico,
se mejora el pronóstico del paciente y de su entorno.
Podemos concluir diciendo que es posible prevenir desde la intervención
clínica, pues como dice Shakespeare en uno de sus sonetos: el proceso curativo "da
reposo al cuerpo agotado en el camino y relanza la cabeza en un viaje que comienza donde
pena mi espíritu cuando mi cuerpo ha cesado"
Como citar esta comunicación:
Abeijón Merchán, JA. Adolescentes Consumidores de Drogas
Intervención Familiar: Prevención-Cambio-Terapia . I Congreso Virtual de
Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia 11-CI-B: [13
pantallas]. Disponible en:
http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa11/conferencias/11_ci_b.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este
artículo.
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