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Tal vez no hayamos acertado al escoger título
y tema para esta conferencia, pero pienso que en cualquier caso el
hecho de encontrarnos en un nuevo milenio y de que este congreso
que celebramos sea el 1er Congreso virtual de Psiquiatría
en nuestro país contribuirá a justificar la
preocupación o el interés por el tema que nos ocupa,
dado que la constelación de circunstancias citada invita a
hacer con o sin " alto en el camino" cierto
balance del desarrollo y de los avatares y méritos de
nuestra especialidad.
Cabe recordar que hace ya un siglo y medio, en términos
generales, se inició el andar de nuestra especialidad, con
las importantes y sabidas aportaciones de psiquiatras europeos, en
especial alemanes y franceses, a los que poco a poco se sumaron
los de otros países de nuestro continente y del nuevo
mundo.
Obviamente, dado que aquellos iniciadores procedían
de la medicina, sus hipótesis y esquemas de trabajo clínico
vendrían enmarcados y determinados por las concepciones y
modelos que ellos mismos se habían formado manteniendo
muchas analogías con los otros campos médicos. Así,
en un principio fue la observación y la consecuente
descripción de datos, signos y síntomas desde la
cabecera del enfermo, mejor dicho la observación del
comportamiento de los pacientes alienados, de su lenguaje, de sus
manifestaciones somáticas y de su evolución.
Con ello se constituyeron los pilares de la
psicopatología y de la nosología de nuestra
especialidad, muchos de los cuales aún siguen vigentes.
Más adelante se completarían y se
enriquecerían los fundamentos de la patología psiquiátrica
con trascendentes aportaciones provenientes unas de planteamientos
psicológicos, otras de los avances somatológicos,
biológicos en un sentido más amplio, así como
desde los campos sociológico y cultural.
Con unas y otras aportaciones, sin llegar
ciertamente a la deseable integración de las
mismas, a pesar de ciertos intentos, por ejemplo aquellos
iniciados desde la medicina psicosomática o de otros de
tipo interdisciplinario y sin llegar a establecer, por lo tanto,
una teoría generalizada y aceptada por todos a cerca de la
patología que nos ocupa, hemos alcanzado y llegado no
sin progresos y adquisiciones positivas y prometedoras al
nuevo milenio.
¿Cuáles son los intentos y los
logros más significativos de los últimos cincuenta años
en nuestra especialidad? Dos citaremos, entre otros muchos, y los
citaremos por su valor intrínseco, por sus rendimientos y
por el rol que han desempeñado y siguen desempeñando
en vistas al presente y al futuro desarrollo de la Psiquiatría:
en primer lugar, las orientaciones sociales iniciadas hace
ya unos lustros y las comunitarias más recientes en
el ámbito de la asistencia psiquiátrica,
especialmente atendidas en su desarrollo, después de la última
conflagración mundial , en países como Gran Bretaña,
Estados Unidos, Francia y otros, las cuales poco a poco se han
puesto en marcha, con más o menos éxitos y eficacia
en prácticamente todo el mundo occidental, sin olvidar sus
repercusiones cada día más importantes en otros países
orientales o en el nuevo mundo.
En segundo lugar, como es sabido, en el ámbito
de la terapéutica, hemos de subrayar la introducción
y desarrollo a partir de los años cincuenta de los psicofármacos
que, si por un lado nos han dotado de unos medios terapéuticos
de primer orden en el campo de las depresiones, de los distintos
trastornos por ansiedad y de las psicosis, por otro han permitido
notables progresos en el conocimiento de los mecanismos neuroquímicos
de aquellos y de otros trastornos psíquicos.
Pero, por otro lado, entrando más en las
vicisitudes que tratamos puede observarse que las
positivas aportaciones de tales campos de progreso de la Psiquiatría
han dado lugar, lamentablemente a que, en muchos sectores de la
especialidad se mantuviera, cuando no se reafirmara la ya clásica
separación de raíces cartesianas en dos
orientaciones: la de aquellos psiquiatras que se inclinan o
militan en la vertiente social-comunitaria y la de
aquellos otros que lo hacen en la que podemos llamar vertiente
biologista, sin negar la presencia poco patente y difícil
labor de aquellos que buscan, prefieren y se mueven, hasta donde
pueden, en una vertiente integradora.
Esta diferenciación en ocasiones:
oposición viene acrecentada, en ciertos lugares y
contextos, por los respectivos marcos institucionales y
propulsores de cada una de las orientaciones citadas. Es así
como, en términos generales, en nuestro país la
vertiente social-comunitaria especialmente desarrollada
desde las respectivas administraciones, predomina obviamente en
buena parte de los programas de asistencia psiquiátrica.
Con lo cual no decimos que en los protocolos de tales programas se
excluyan las terapéuticas psicofarmacológicas y biológicas
en general.
Por otro lado, es decir, aquel de los vertientes
biológicas de la psiquiatría, dominado en su
mayor parte por las investigaciones y terapias psicofarmacológicas,
su verdadero propulsor suele ser la industria químico-farmacéutica
y con ella los determinantes económicos de alto nivel.
Si la primera orientación, la social-comunitaria
suele desenvolverse de acuerdo con los marcos de la sanidad y
con los determinantes de organización y presupuestarios más
controlados, de año en año, en todos los países
con una medicina altamente socializada; la segunda cuenta con la
base económica prevista y necesaria para una experimentación
básica y clínica y a la vez determinante de unas
exigencias comerciales lo cual explica importantes diferencias en
medios, planteamientos, objetivos y actitudes de una y de otra de
las orientaciones citadas.
A lo dicho, volviendo con las vicisitudes
cabría añadir, a modo de recordatorio, dado que es
bien sabido y manifiesto desde hace años, la presencia y
las influencias en psiquiatría de las concepciones
psicodinámica y cognitivo-conductual, cada una
con sus estudiosos y cultivadores, ambas con ciertos puntos de
aplicación y contacto con las orientaciones
socio-comunitarias, más próximas a las orientaciones
biológicas las segundas, es decir las cognito-conductuales,
en razón mayormente de su metodología de trabajo y
de sus formas y posibilidades de investigación y de
objetivación.
Es así como devanea la Psiquiatría
entre orientaciones distintas, a menudo opuestas, con lo positivo
y negativo de cada una de ellas, cada una con sus principios y hipótesis
de trabajo, sus métodos y sus objetivos; partiendo de
modelos distintos del hombre y de la enfermedad, considerada ésta
unas veces como una entidad clínica, otras como un
síndrome o trastorno, otras como una peculiar y lógica
reacción a un entorno social más o menos
hostil. No sin razón se ha escrito que carecemos desafortunadamente
de una teoría de la psiquiatría en tanto abundamos también
diría yo, desafortunadamente en hipótesis y
modelos, que nos llevan a las distinciones (oposiciones) que veníamos
comentando y nos hacen difícil llegar a una comprensión
holística del enfermar.
Tal es a grandes trazos y sin entrar en más
profundos pormenores y análisis la situación de la
psiquiatría al inicio de los 2000 y tales son algunas de
las vicisitudes que la psiquiatría sufre y sortea
desde hace años y hasta nuestros días. Se podría
argüir que todo camino tiene sus curvas y recovecos, sus
tramos buenos y sus tramos pedregosos lo cual es cierto
y que en sus inicios ya los tuvo nuestra especialidad. Obviamente,
fue así pero el contexto social, económico y político
era muy distinto a mediados del s. XIX comparado con los actuales.
Ni la medicina en su sentido amplio tenía las connotaciones
y determinantes sociales y económicas de los últimos
lustros aunque científicos como el famoso anatomopatólogo
Rudolf Virchow afirmaron ya entonces que " la medicina es una
actividad social hasta la médula de los huesos"1
ni por supuesto los conocimientos científicos acerca del
SNC y de sus funciones podrían compararse con los actuales,
todo lo cual agudiza y acrecienta las vicisitudes actuales
de nuestra especialidad.
Por si ello fuera poco hemos de tomar en
consideración que jamás el hombre, el enfermo psíquico,
las familias y la sociedad en suma habían conocido,
reconocido y aceptado como en el presente la realidad del
trastorno psíquico y mental, lo que explica su protagonismo
creciente de forma individual o a través, por
ejemplo, de las asociaciones de familiares y justifica que
salgan en demanda de sus "derechos".
Siguiendo con el desgranar de vicisitudes
con la sucesión de elementos adversos y también
de elementos prósperos y favorables cabe citar el
crecimiento y expansión de otras especialidades que por sus
objetivos y contenidos tienden a ocupar sectores clásicamente
pertenecientes a la psiquiatría, entrando a veces en colisión
con la misma.
Nos referimos aquí, brevemente, a la
Psicología y a la Neurología, sin ocuparnos de otras
especialidades científicas y de otras ramas del saber las
cuales más que solaparse con ciertos sectores de nuestra
especialidad pensamos que vienen a nutrirla, facilitándole
bases experimentales y medios en general que conllevan su
desarrollo y actualización. Tal es el caso, entre otras, de
la bioquímica, genética, técnicas de
neuroimagen y farmacología.
En cuanto a la Psicología,
mayormente, en lo que atañe a algunas de sus ramas como la
Psicología Médica y la Psicología Clínica
y a ciertas formas de Psicoterapia es evidente que se pueden
producir solapamientos. Sin embargo, en la práctica y
teniendo en cuenta el elevado número de licenciados en
Psicología- número que sobrepasa abrumadoramente los
puestos de trabajo que actualmente la sociedad les ofrece- los
conflictos son relativamente poco frecuentes y en cualquier caso
no suelen estar en relación con la positiva labor de los
psicólogos en puestos de la Administración,
sanitarios, psicosociales, etc., sino más bien en relación
con la práctica de ciertas formas de psicoterapias clínicas.
En cuanto a la Neurología,
especialidad médica como es sabido, cuyos devaneos con la
Psiquiatría en lo docente y en lo profesional han originado
frecuentes discusiones, ya desde la creación de la Neurología
como especialidad, las posibilidades de solapamiento han ido en
aumento, a lo largo de los últimos lustros, en función
del progresivo conocimiento de los microsistemas cerebrales y de
las bases neuropatológicas y neurofisiológicas del
SNC, campos en los que nuestras especialidades se encuentran. Es
así como, al profundizar en los mecanismos cerebrales, la
Psiquiatría se ha acercado hacia campos de estudio comunes
con la Neurología, con lo cual el encuentro y en ocasiones
el roce han sido inevitables. Asimismo, no debemos pasar por alto
cierto desinterés mostrado por amplios sectores de la clínica
y aún de la investigación psiquiátricas por
capítulos clásicamente tratados en los textos de
dicha especialidad, de los que, en cambio, la Neurología
tiende a ocuparse cada vez más en los últimos años:
tal sería el caso de las demencias.
Pensamos que por las razones citadas, entre
otras, el establecimiento de unos criterios profesionales
definidores de nuestra especialidad y de aquellas más o
menos colindantes permitirá establecer los marcos
profesionales correspondientes, sin olvidar que al profundizar en
los mecanismos y génesis de cada rama del conocimiento y
del saber mayores son, a menudo, las probabilidades de llegar a
puntos de vista comunes y unitarios, teniendo que aceptar la
integración de los mismos y, en la práctica, la
imposición del verdadero trabajo en equipo.
Otras vicisitudes las tenemos en
el hecho, en general poco valorado, de que la Psiquiatría,
superados los lejanos decenios del pasado siglo en los que elaboró
su cuerpo de conocimintos psicopatológicos y fenomenológicos,
posteriormente perfeccionados en su nosología y en nuevos
esquemas nosotáxicos, progresa en buena parte a expensas de
otras ramas del conocimiento y de la ciencia. Tales progresos,
determinados a su vez por los avances tecnológicos, nos
llevan a puntos de vista ciertamente diferenciados y distantes de
aquellos que podemos considerar " clásicos" de
nuestra especialidad, obligando al psiquiatra de nuestros días
a un esfuerzo adaptativo menos arduo, tal vez, en las jóvenes
generaciones por su mejor y más actualizada formación
a partir de los recientes planes de estudio.
En tal sentido, como hemos apuntado en anterior
publicación2
las preferencias de los psiquiatras pueden conducirnos a una nueva
dicotomía entre aquellos que centran predominantemente su
estudio y dedicación en los nuevos campos tecnológicos
(v. gr.: neuroimagen, genética, inmunología, etc,
etc.) a los que cabría llamar tecnopsiquiatras y
aquellos que podrían considerarse psiquiatras de orientación
psicosocial o humanística, apresurándonos
a decir que ello no comportaría necesariamente un escollo
para nuestra especialidad siempre que unos y otros queramos,
podamos y sepamos complementarnos en nuestras funciones.
Finalmente citaremos, aunque sea brevemente, la
importancia en un inmediato futuro de las nuevas formas de
comunicación de las que este Congreso virtual ya
es un significativo ejemplo, formas que influenciarán a no
dudar, cada vez más, el desarrollo de nuestra especialidad
y de toda la Medicina.
Terminaremos esta escueta referencia de algunas
vicisitudes de la Psiquiatría subrayando que no por
ellas podemos caer en un pesimismo desalentador. Ciertamente,
desde la compleja realidad de los factores y determinantes biológicos,
psíquicos y sociales en todos los ámbitos del
comportameinto normal y patológico, se nos abren de día
en día nuevos horizontes explicativos y comprensivos y
nuevas líneas de estudio y de investigación.
Ahora bien; nos encontramos en la necesidad de
analizar, valorar e integrar con espíritu ecuánime y
sentido práctico los viejos y clásicos paradigmas
con los nuevos horizontes científicos, sacando provecho de
las perspectivas positivas y negativas de cuantas vicisitudes
surjan, en beneficio de los pacientes y del harmónico
desarrollo de la especialidad.
La Psiquiatría ya no es, como dijo M.
Greenblatt (1975) "el niño vapuleado de la medicina"
sino el adolescente que con sus altibajos, impulsos, dificultades
de adaptación y problemas de identidad se abre
necesariamente a un alentador futuro.
- Citado de Segovia de Arana JM, et al. La
formación de los profesionales de la salud. Bilbao:
Fundación BBV; 1999.
- Ballús C. Tecnología y
Psiquiatría [Editorial]. Rev Psiquiatr Fac Med Barc 1999
Oct-Nov;26(6):175.
Como citar
esta conferencia:
Ballús C. Psiquiatría: vicisitudes de nuestra
especialidad. En: Primer Congreso Virtual de Psiquiatría;
1 de Febrero - 15 de Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia de
Clausura: [11 pantallas]. Disponible en:
http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/clausura.htm * La
fecha de la cita [citado...] será la del día que se
haya visualizado este artículo. |