Conferencia de Clausura


PSIQUIATRÍA: VICISITUDES DE NUESTRA ESPECIALIDAD.

Autor:
  • Prof. C. Ballús.
    Catedrático de Psiquiatría.
    Profesor Emérito. Universidad de Barcelona


Tal vez no hayamos acertado al escoger título y tema para esta conferencia, pero pienso que en cualquier caso el hecho de encontrarnos en un nuevo milenio y de que este congreso que celebramos sea el 1er Congreso virtual de Psiquiatría en nuestro país contribuirá a justificar la preocupación o el interés por el tema que nos ocupa, dado que la constelación de circunstancias citada invita a hacer –con o sin " alto en el camino"– cierto balance del desarrollo y de los avatares y méritos de nuestra especialidad.

Cabe recordar que hace ya un siglo y medio, en términos generales, se inició el andar de nuestra especialidad, con las importantes y sabidas aportaciones de psiquiatras europeos, en especial alemanes y franceses, a los que poco a poco se sumaron los de otros países de nuestro continente y del nuevo mundo.

Obviamente, dado que aquellos iniciadores procedían de la medicina, sus hipótesis y esquemas de trabajo clínico vendrían enmarcados y determinados por las concepciones y modelos que ellos mismos se habían formado manteniendo muchas analogías con los otros campos médicos. Así, en un principio fue la observación y la consecuente descripción de datos, signos y síntomas desde la cabecera del enfermo, mejor dicho la observación del comportamiento de los pacientes alienados, de su lenguaje, de sus manifestaciones somáticas y de su evolución.

Con ello se constituyeron los pilares de la psicopatología y de la nosología de nuestra especialidad, muchos de los cuales aún siguen vigentes.

Más adelante se completarían y se enriquecerían los fundamentos de la patología psiquiátrica con trascendentes aportaciones provenientes unas de planteamientos psicológicos, otras de los avances somatológicos, biológicos en un sentido más amplio, así como desde los campos sociológico y cultural.

Con unas y otras aportaciones, sin llegar ciertamente a la deseable integración de las mismas, a pesar de ciertos intentos, por ejemplo aquellos iniciados desde la medicina psicosomática o de otros de tipo interdisciplinario y sin llegar a establecer, por lo tanto, una teoría generalizada y aceptada por todos a cerca de la patología que nos ocupa, hemos alcanzado y llegado –no sin progresos y adquisiciones positivas y prometedoras– al nuevo milenio.

¿Cuáles son los intentos y los logros más significativos de los últimos cincuenta años en nuestra especialidad? Dos citaremos, entre otros muchos, y los citaremos por su valor intrínseco, por sus rendimientos y por el rol que han desempeñado y siguen desempeñando en vistas al presente y al futuro desarrollo de la Psiquiatría: en primer lugar, las orientaciones sociales iniciadas hace ya unos lustros y las comunitarias más recientes en el ámbito de la asistencia psiquiátrica, especialmente atendidas en su desarrollo, después de la última conflagración mundial , en países como Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y otros, las cuales poco a poco se han puesto en marcha, con más o menos éxitos y eficacia en prácticamente todo el mundo occidental, sin olvidar sus repercusiones cada día más importantes en otros países orientales o en el nuevo mundo.

En segundo lugar, como es sabido, en el ámbito de la terapéutica, hemos de subrayar la introducción y desarrollo a partir de los años cincuenta de los psicofármacos que, si por un lado nos han dotado de unos medios terapéuticos de primer orden en el campo de las depresiones, de los distintos trastornos por ansiedad y de las psicosis, por otro han permitido notables progresos en el conocimiento de los mecanismos neuroquímicos de aquellos y de otros trastornos psíquicos.

Pero, por otro lado, entrando más en las vicisitudes que tratamos puede observarse que las positivas aportaciones de tales campos de progreso de la Psiquiatría han dado lugar, lamentablemente a que, en muchos sectores de la especialidad se mantuviera, cuando no se reafirmara la ya clásica separación de raíces cartesianas en dos orientaciones: la de aquellos psiquiatras que se inclinan o militan en la vertiente social-comunitaria y la de aquellos otros que lo hacen en la que podemos llamar vertiente biologista, sin negar la presencia poco patente y difícil labor de aquellos que buscan, prefieren y se mueven, hasta donde pueden, en una vertiente integradora.

Esta diferenciación –en ocasiones: oposición– viene acrecentada, en ciertos lugares y contextos, por los respectivos marcos institucionales y propulsores de cada una de las orientaciones citadas. Es así como, en términos generales, en nuestro país la vertiente social-comunitaria especialmente desarrollada desde las respectivas administraciones, predomina obviamente en buena parte de los programas de asistencia psiquiátrica. Con lo cual no decimos que en los protocolos de tales programas se excluyan las terapéuticas psicofarmacológicas y biológicas en general.

Por otro lado, es decir, aquel de los vertientes biológicas de la psiquiatría, dominado en su mayor parte por las investigaciones y terapias psicofarmacológicas, su verdadero propulsor suele ser la industria químico-farmacéutica y con ella los determinantes económicos de alto nivel.

Si la primera orientación, la social-comunitaria suele desenvolverse de acuerdo con los marcos de la sanidad y con los determinantes de organización y presupuestarios más controlados, de año en año, en todos los países con una medicina altamente socializada; la segunda cuenta con la base económica prevista y necesaria para una experimentación básica y clínica y a la vez determinante de unas exigencias comerciales lo cual explica importantes diferencias en medios, planteamientos, objetivos y actitudes de una y de otra de las orientaciones citadas.

A lo dicho, volviendo con las vicisitudes cabría añadir, a modo de recordatorio, dado que es bien sabido y manifiesto desde hace años, la presencia y las influencias en psiquiatría de las concepciones psicodinámica y cognitivo-conductual, cada una con sus estudiosos y cultivadores, ambas con ciertos puntos de aplicación y contacto con las orientaciones socio-comunitarias, más próximas a las orientaciones biológicas las segundas, es decir las cognito-conductuales, en razón mayormente de su metodología de trabajo y de sus formas y posibilidades de investigación y de objetivación.

Es así como devanea la Psiquiatría entre orientaciones distintas, a menudo opuestas, con lo positivo y negativo de cada una de ellas, cada una con sus principios y hipótesis de trabajo, sus métodos y sus objetivos; partiendo de modelos distintos del hombre y de la enfermedad, considerada ésta unas veces como una entidad clínica, otras como un síndrome o trastorno, otras como una peculiar y lógica reacción a un entorno social más o menos hostil. No sin razón se ha escrito que carecemos –desafortunadamente– de una teoría de la psiquiatría en tanto abundamos –también diría yo, desafortunadamente– en hipótesis y modelos, que nos llevan a las distinciones (oposiciones) que veníamos comentando y nos hacen difícil llegar a una comprensión holística del enfermar.

Tal es a grandes trazos y sin entrar en más profundos pormenores y análisis la situación de la psiquiatría al inicio de los 2000 y tales son algunas de las vicisitudes que la psiquiatría sufre y sortea desde hace años y hasta nuestros días. Se podría argüir que todo camino tiene sus curvas y recovecos, sus tramos buenos y sus tramos pedregosos –lo cual es cierto– y que en sus inicios ya los tuvo nuestra especialidad. Obviamente, fue así pero el contexto social, económico y político era muy distinto a mediados del s. XIX comparado con los actuales. Ni la medicina en su sentido amplio tenía las connotaciones y determinantes sociales y económicas de los últimos lustros –aunque científicos como el famoso anatomopatólogo Rudolf Virchow afirmaron ya entonces que " la medicina es una actividad social hasta la médula de los huesos"1– ni por supuesto los conocimientos científicos acerca del SNC y de sus funciones podrían compararse con los actuales, todo lo cual agudiza y acrecienta las vicisitudes actuales de nuestra especialidad.

Por si ello fuera poco hemos de tomar en consideración que jamás el hombre, el enfermo psíquico, las familias y la sociedad en suma habían conocido, reconocido y aceptado como en el presente la realidad del trastorno psíquico y mental, lo que explica su protagonismo creciente –de forma individual o a través, por ejemplo, de las asociaciones de familiares– y justifica que salgan en demanda de sus "derechos".

Siguiendo con el desgranar de vicisitudes –con la sucesión de elementos adversos y también de elementos prósperos y favorables– cabe citar el crecimiento y expansión de otras especialidades que por sus objetivos y contenidos tienden a ocupar sectores clásicamente pertenecientes a la psiquiatría, entrando a veces en colisión con la misma.

Nos referimos aquí, brevemente, a la Psicología y a la Neurología, sin ocuparnos de otras especialidades científicas y de otras ramas del saber las cuales más que solaparse con ciertos sectores de nuestra especialidad pensamos que vienen a nutrirla, facilitándole bases experimentales y medios en general que conllevan su desarrollo y actualización. Tal es el caso, entre otras, de la bioquímica, genética, técnicas de neuroimagen y farmacología.

En cuanto a la Psicología, mayormente, en lo que atañe a algunas de sus ramas como la Psicología Médica y la Psicología Clínica y a ciertas formas de Psicoterapia es evidente que se pueden producir solapamientos. Sin embargo, en la práctica y teniendo en cuenta el elevado número de licenciados en Psicología- número que sobrepasa abrumadoramente los puestos de trabajo que actualmente la sociedad les ofrece- los conflictos son relativamente poco frecuentes y en cualquier caso no suelen estar en relación con la positiva labor de los psicólogos en puestos de la Administración, sanitarios, psicosociales, etc., sino más bien en relación con la práctica de ciertas formas de psicoterapias clínicas.

En cuanto a la Neurología, especialidad médica como es sabido, cuyos devaneos con la Psiquiatría en lo docente y en lo profesional han originado frecuentes discusiones, ya desde la creación de la Neurología como especialidad, las posibilidades de solapamiento han ido en aumento, a lo largo de los últimos lustros, en función del progresivo conocimiento de los microsistemas cerebrales y de las bases neuropatológicas y neurofisiológicas del SNC, campos en los que nuestras especialidades se encuentran. Es así como, al profundizar en los mecanismos cerebrales, la Psiquiatría se ha acercado hacia campos de estudio comunes con la Neurología, con lo cual el encuentro y en ocasiones el roce han sido inevitables. Asimismo, no debemos pasar por alto cierto desinterés mostrado por amplios sectores de la clínica y aún de la investigación psiquiátricas por capítulos clásicamente tratados en los textos de dicha especialidad, de los que, en cambio, la Neurología tiende a ocuparse cada vez más en los últimos años: tal sería el caso de las demencias.

Pensamos que por las razones citadas, entre otras, el establecimiento de unos criterios profesionales definidores de nuestra especialidad y de aquellas más o menos colindantes permitirá establecer los marcos profesionales correspondientes, sin olvidar que al profundizar en los mecanismos y génesis de cada rama del conocimiento y del saber mayores son, a menudo, las probabilidades de llegar a puntos de vista comunes y unitarios, teniendo que aceptar la integración de los mismos y, en la práctica, la imposición del verdadero trabajo en equipo.

Otras vicisitudes las tenemos en el hecho, en general poco valorado, de que la Psiquiatría, superados los lejanos decenios del pasado siglo en los que elaboró su cuerpo de conocimintos psicopatológicos y fenomenológicos, posteriormente perfeccionados en su nosología y en nuevos esquemas nosotáxicos, progresa en buena parte a expensas de otras ramas del conocimiento y de la ciencia. Tales progresos, determinados a su vez por los avances tecnológicos, nos llevan a puntos de vista ciertamente diferenciados y distantes de aquellos que podemos considerar " clásicos" de nuestra especialidad, obligando al psiquiatra de nuestros días a un esfuerzo adaptativo menos arduo, tal vez, en las jóvenes generaciones por su mejor y más actualizada formación a partir de los recientes planes de estudio.

En tal sentido, como hemos apuntado en anterior publicación2 las preferencias de los psiquiatras pueden conducirnos a una nueva dicotomía entre aquellos que centran predominantemente su estudio y dedicación en los nuevos campos tecnológicos (v. gr.: neuroimagen, genética, inmunología, etc, etc.) a los que cabría llamar tecnopsiquiatras y aquellos que podrían considerarse psiquiatras de orientación psicosocial o humanística, apresurándonos a decir que ello no comportaría necesariamente un escollo para nuestra especialidad siempre que unos y otros queramos, podamos y sepamos complementarnos en nuestras funciones.

Finalmente citaremos, aunque sea brevemente, la importancia en un inmediato futuro de las nuevas formas de comunicación de las que este Congreso virtual ya es un significativo ejemplo, formas que influenciarán a no dudar, cada vez más, el desarrollo de nuestra especialidad y de toda la Medicina.

Terminaremos esta escueta referencia de algunas vicisitudes de la Psiquiatría subrayando que no por ellas podemos caer en un pesimismo desalentador. Ciertamente, desde la compleja realidad de los factores y determinantes biológicos, psíquicos y sociales en todos los ámbitos del comportameinto normal y patológico, se nos abren de día en día nuevos horizontes explicativos y comprensivos y nuevas líneas de estudio y de investigación.

Ahora bien; nos encontramos en la necesidad de analizar, valorar e integrar con espíritu ecuánime y sentido práctico los viejos y clásicos paradigmas con los nuevos horizontes científicos, sacando provecho de las perspectivas positivas y negativas de cuantas vicisitudes surjan, en beneficio de los pacientes y del harmónico desarrollo de la especialidad.

La Psiquiatría ya no es, como dijo M. Greenblatt (1975) "el niño vapuleado de la medicina" sino el adolescente que con sus altibajos, impulsos, dificultades de adaptación y problemas de identidad se abre necesariamente a un alentador futuro.

  1. Citado de Segovia de Arana JM, et al. La formación de los profesionales de la salud. Bilbao: Fundación BBV; 1999.
  2. Ballús C. Tecnología y Psiquiatría [Editorial]. Rev Psiquiatr Fac Med Barc 1999 Oct-Nov;26(6):175.

 

Como citar esta conferencia:

Ballús C. Psiquiatría: vicisitudes de nuestra especialidad. En: Primer Congreso Virtual de Psiquiatría; 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia de Clausura: [11 pantallas]. Disponible en: http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/clausura.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo.

 
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