Diagnóstico de
Depresión en Atención Primaria
La
depresión es la cuarta causa de disminución de la calidad de vida
y se espera que sea la segunda en veinte años más (y la primera
en las mujeres). La padece al menos una vez en la vida la cuarta parte de las
mujeres y un octavo de los hombres. La OMS la considera "epidemia" La mitad de
los deprimidos no consulta. Del resto la mitad no es diagnosticada y una cuarta
parte más no tiene un tratamiento adecuado.
Todos los informes sobre depresión, con
más o menos palabras, repiten lo mismo. Y no por eso no dejan de
asombrarnos. ¿Cómo puede ser tal subregistro?
Nos acercamos a la respuesta cuando leemos que
en un estudio con una prevalencia de depresión de un 20.9% en
consultorios de médicos de familia solo el 1.2% de los pacientes
presentaron depresión como motivo de consulta. Los pacientes no saben
que su padecer es aquello que los médicos llamamos "depresión".
Seguramente para ellos "depresión" es otra cosa.
En general, quienes marcan el paso en la
atención de una patología son los especialistas. En el caso de la
depresión solo una minoría de los pacientes llegan a esta
instancia. Y los pacientes que llegan al especialista son una población
distinta que aquellos que son atendidos en atención primaria. Una
condición para llegar a esa consulta es creer (el paciente o quien
promovió la entrevista) que tiene un problema relacionado con lo mental.
Los pacientes hablan con sus médicos de acuerdo a sus expectativas y
creencias de cómo debe ser el médico. A los psiquiatras los
pacientes van a hablar en términos de angustia, tristeza y
síntomas de la esfera de lo psicológico. Al médico
general, no. Tienen un relato distinto. No es la misma "depresión" la
que se atiende en atención primaria que en el consultorio del
especialista, aunque en ambos casos se cumplan con los criterios del DSM IV.
Esto genera una serie de malos entendidos entre los psiquiatras y los
especialistas en AP.
La depresión tiene un gran cortejo
sintomático. Más allá de la tristeza característica
los pacientes pueden sufrir de: cansancio, estar desatentos, mala
concentración, con menos memoria que lo habitual, duermen mal, tienen
cambios en el apetito, menos interés en sus actividades cotidianas, nada
les da placer, menos deseos sexuales, dolores de cabeza, malestares digestivos,
tensión muscular, y sintomatología física diversa. Y
según como juntemos 5 de estos síntomas durante 2 semanas
cumpliremos con los criterios del DSM IV para Episodio Depresivo Mayor. Muchas
veces el paciente no relaciona sus síntomas unos con otros. Esta
correlación es la que hacemos los médicos cuando conformamos un
"síndrome". O puede no percatarse de algunos síntomas. Por
ejemplo, puede reconocer en un interrogatorio que está enlentecido, pero
sin darle hasta el momento de la pregunta la categoría de
"síntoma" y vincularlo con su insomnio y otras quejas.
Juana B tiene 38 años,
está casada con Juan B. Tienen 2 hijos en edad escolar. Se atiende con
el Dr. AP desde 1997. Este último año lo visitó con
más frecuencia por episodios gastrointestinales banales, sin
complicaciones. También aumentaron sus dolores de cabeza y tiene otras
molestias menores. El 12 de octubre pasado fue a la consulta para repetir la
receta de paracetamol y solicitó, ya que estaba allí, un
medicamento para dormir.
Para un médico de familia entrenado
este nuevo pedido será información suficiente para considerar que
debe rever su diagnóstico. Pero, si le pregunta directamente a la
paciente si cree que tiene depresión, ella lo negará.
Podría, incluso, molestarse si la pregunta le suena parecida a las
quejas que debe soportar de su esposo. El le dice que ella se inventa las
enfermedades y le pide que se esfuerce un poco más.
En cambio si su médico se toma unos
minutos para charlar con ella (el tiempo es un recurso mucho más escaso
en atención primaria que en psiquiatría) Juana le podrá
contar que
duerme mal, se despierta varias veces de
noche, y le cuesta volver a dormirse. Se levanta cansada, y con dolores de
cabeza. Este estado le dura casi todo el día, ya no tiene paciencia con
sus hijos, le cuesta más ayudarlos con la tarea y hacer las cosas de la
casa.
Está es posiblemente una típica
paciente de atención primaria que padece de depresión. Presenta
varios síntomas al comienzo de la consulta que nos deberían hacer
sospechar la presencia de un cuadro depresivo: cefaleas, tres o más
síntomas no vinculados entre si, trastorno en el sueño. Pero ella
no consulta por ello.
Hacer el diagnóstico de
depresión requiere que el médico lo sospeche y que pueda ir
dialogando con la paciente para que ella misma se de cuenta que tipo de padecer
tiene. Seguramente Juana B. cumple con los criterios del DSM IV para Episodio
Depresivo Mayor. Su padecimiento dura más de 2 semanas, está
desanimada, con una molesta sensación de vacío (criterio A1,
aunque ella no lo llame depresión), le cuesta hacer sus tareas
cotidianas, tanto por perdida de interés (A2), como por falta de
energía (A6), tiene problemas para dormir (A4), le cuesta concentrarse
(A8). Todo esto le molesta mucho (C), no tiene hipotiroidismo ni otro problema
que pueda explicar este cuadro (D), ni está de duelo (E), ni tiene
síntomas maníacos (B).
Un hábil interrogatorio, pautado,
siguiendo las especificaciones del DSM IV, le servirá al médico
para aclarar su diagnóstico y para que la paciente comience a vincular
entre sí una serie de síntomas que ella no percibía como
relacionados y con una única explicación. Tan importante como el
diagnóstico correcto es el convencimiento del paciente que ese posible
diagnóstico tiene que ver su padecer. La adherencia, y por lo tanto la
efectividad del tratamiento depende de ello. La diferencia está entre
"El Doctor descubrió lo que yo
tenía" y "me dio una pastilla y no sé
porqué"
Dr. Jorge
Bernstein.
Psicoterapeuta.
Docente de Medicina Familiar de la
Universidad de Buenos Aires y Fundación Favaloro.
Secretario de
Publicaciones de la Asociación Argentina de Medicina Familiar.