El renacimiento de la
psicosis maníaco depresiva
Tras
sufrir un nuevo bautismo, mudando su nombre de psicosis
maníaco-depresiva a trastorno bipolar, asistimos al renacimiento de un
afección que había quedado injustamente relegada.
Hace poco más de un siglo, en 1899,
publica Emil Kraepelin la sexta edición de su tratado en la que
establece la separación entre la Demencia Precoz y la Psicosis
Maníaco-Depresiva. Esta distinción es rápidamente aceptada
por todo el mundo y forma parte hoy en día de nuestro enjuiciamiento
básico de las psicosis funcionales. Maticemos bien esta
aseveración. No fue que Kraepelin descubriera ambas afecciones como se
dice de modo hagiográfico en una dirección de la Telaraña
Mundial (http://www.kraepelin.org).
Ambas eran ampliamente conocidas desde la más remota antigüedad y
se encuentran descripciones, compatibles con esos diagnósticos, en los
textos de la medicina clásica helénica. Entre los propios
contemporáneos de Kraepelin nos encontramos ya estos cuadros claramente
descritos y delimitados (Kalbaum, Hecker, Mendel, Westphal etc.). El
mérito de Kraepelin radica, nada más y nada menos, en separar
ambas por medio de un criterio evolutivo, pero no caigamos en el Efecto San
Mateo adjudicándole méritos que él mismo hubiese rechazado
por infundados. Las modificaciones que Eugen Bleuler introduce en el concepto
de demencia precoz lo transforma en una omnipresente esquizofrenia que eclipsa
al concepto de manía. Éste queda aún mas oscurecido con el
influencia en la psiquiatría alemana de entreguerras de la Escuela de
Heidelberg, fundamentalmente Kurt Schneider y Wilhelm Mayer-Gross.
Esta situación se ha mantenido
decantándose el interés de los investigadores hacia la
esquizofrenia. Es difícil aventurar las razones por la cual lo han hecho
a lo largo de casi medio siglo. Tal vez se trata de la variopinta riqueza
sintomática de la esquizofrenia que tan bien se presta a
interpretaciones de todo tipo, tal vez el misterio de la aparición de
síntomas heterónimos tan atractivos, tal vez
Frente a esto,
la psicosis maníaco depresiva permite al observador colocarse en un
continuum que se inicia con unos sentimientos que forman parte de las
experiencias habituales de todo ser humano y que acaba en situaciones extremas,
sin que se aparezca solución de continuidad. El atractivo del misterio y
de lo ignorado se sitúa claramente en la parte de la esquizofrenia y
puede haber jugado un papel en la atención tan dispar que se le ha
dedicado a ambas afecciones. Lo cierto es que, hasta fecha reciente, los
pacientes bipolares tenían un interés muy concretos. Eran
utilizados como grupo de control de otra patología parangonable que
constituía el motivo último del estudio: las esquizofrenias. Las
búsquedas bibliográficas en los años 80 y entrados los 90
eran descorazonadoras por este motivo; salvo contadas excepciones el acento se
marcaba en estas últimas.
Esta situación ha variado en fechas
recientes y cabe reseñar algunos de los motivos que pueden haber
influido en este cambio. Por una parte los estudios epidemiológicos
más modernos nos han enseñado, que se trata de una
afección común y que limitar la incidencia y prevalencia a los
ingresos hospitalarios no es sino fijarse en la punta del iceberg. Con una
prevalencia vida que varía entre 1 y 1,6 por cada 100 habitantes, su
importancia desde el punto de vista clínico, de provisión de
recursos y de economía de la salud la igualan (si no superan) a las
psicosis esquizofrénicas. Como en el caso de éstas estamos
hablando de una afección que se inicia por lo general en épocas
tempranas de la vida, que sigue un curso crónico y que, en una
importante fracción de los casos, afecta de forma profunda al paciente
en su entorno social, laboral, conyugal y personal. Por otra parte la
existencia de remedios efectivos en el tratamiento, pero sobre todo en la
prevención de las recurrencias, orienta la investigación hacia
este campo. Este aspecto no ha pasado desapercibido a la industria
farmacéutica que ha virado sus más recientes productos hacia el
tratamiento del espectro bipolar. Así vemos surgir nuevas indicaciones,
aún no sancionadas de forma autorizada, para productos que emergen con
otra finalidad, véase la omnipresente esquizofrenia o los modernos
antiepilépticos. De nuevo asistimos al fenómeno que antes
nombrábamos, que los trastornos bipolares van a la zaga de otras
patologías. Es necesario especificar que desde que surgió el
litio en los años 40 no ha existido ninguna innovación en el
tratamiento de los trastornos bipolares que fuese específicamente
original. El resto del arsenal terapéutico no constituye sino una
adaptación, mas o menos oportunista, a este grupo tan atractivo desde el
punto de vista económico.
La situación parece estar cambiando de
forma aún tímida. Muchos son los intentos que se están
haciendo en las área de la neurofisiología, neuroimagen,
neuropsicología y genética. Intentos que no aportan aún
resultados concluyentes pero que van cercando los problemas a la espera de una
nueva visión de los datos. Es imposible jugar a adivinar el futuro,
más en un área como la que nos ocupa, pero los esfuerzos que se
están dedicando al tema son grandes y es posible que pronto se entrevean
los frutos. Sabido es que la psicometría clínica suele ir a
remolque de las necesidades de las investigaciones terapéuticas. Por
regla general la actividad clínica diaria no necesita de la exactitud de
los instrumentos que se emplean en la investigación de los medios
terapéuticos. Desde esta perspectiva, resulta sintomático que en
la segunda mitad de los años 90 hayan surgido escalas de
valoración de la manía que se han enfocado a la valoración
conjunta de ambos polos de la enfermedad. Lejos quedan los tiempos en que las
escalas valoraban uno u otro polo de la afección. Lo que importa ahora
es la valoración de ambos polos por obtener con un sólo
instrumento una medida de la afección en su conjunto y no sus aspectos
parciales. Además, que una escala tan conocida como la Impresión
Clínica Global haya sido enfocada y adaptada al campo concreto de los
bipolares es una muestra más del interés que se le está
prestando en fechas recientes.
Como vemos la comunidad científica
está prestando un renovado interés a un área que estaba
relegada y que había merecido una atención menor, aún
cuando su peso en cuanto a economía de la salud es importante.
Lorenzo Livianos Aldana, Luis Rojo
Moreno.