Bases neurobiológicas de la agresividad.

Podemos definir la agresividad como la conducta amenazante, verbal o física, dirigida hacia el ambiente o hacia las personas. Dos modelos neurocognitivos de agresividad se han descrito: 1) la agresividad reactiva y la instrumental (1). La primera correspondería a las conductas agresivas (psicopatía adquirida o secundaria) observadas en pacientes con lesiones cerebrales que afectan predominantemente del área orbitofrontal; mientras la segunda hace referencia a la agresividad observada en los sujetos que cumplirían los criterios diagnósticos de las categorías del DSM-IV: “Trastorno antisocial de la personalidad” y “Trastorno disocial”.

Las diferencias entre ambos modelos de agresividad se describen en la tabla nº 1. Estos dos modelos nos ayudan a explicar y comprender la conducta agresiva humana, no son ambos excluyentes entre sí sino que existe una interacción entre ambos. En este sentido una lesión o disfunción neurobiológica en si misma es infrecuente que sea la única causa de un acto violento; por otra parte cada vez existen más evidencias de la existencia de alteraciones neurobiológicas en los trastornos de conducta asociados en entidades como el TAP. Estos factores biológicos podemos dividirlos en: la alteración de estructuras cerebrales; la constitución física incluyendo en la misma la activación del sistema nervioso autónomo, la genética, la influencia de las hormonas y de los neurotransmisores del sistema nervioso central (SNC).

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