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FUENTE: INTERPSIQUIS. 2000; (1)
Francisco Traver Torras
Psiquiatra.[otros artículos] [26/12/2000]
Antes que leer o escribir, estuvo el contar, el relatar o el escenificar. Todo para comunicarse, para ampliar los horizontes, para describir realidades y para trasmitir experiencias, visitar mundos inhóspitos o anticipar peligros mediante la capacidad constructora de mundos del lenguaje. Lenguajes callados (preverbales) y lenguajes hablados (verbales) a disposición de la manía comunicativa de los humanos, pero ¿sólo comunicativa? Esta pregunta nos lleva de cabeza a hacernos otra en clave genérica ¿Para qué hablamos los humanos?.
Se dirá con celeridad y cierta ingenuidad, que lo hacemos para comunicarnos, mi impresión sin embargo es que no es toda la verdad, porque para comunicarnos ya tenemos, el gruñido, la mueca, o el gesto. ¿Para qué necesitamos la sintaxis?. ¿Para qué el lenguaje? ¿Para qué tan amplio vocabulario? ¿Qué necesitamos nombrar de forma tan precisa del mundo más allá del imperativo, o el interrogativo?. Si el lenguaje se desarrolló para obtener una mayor comunicación y hacerla más precisa o como se dice ahora para integrar la complejidad ¿podemos concluir desde el punto de vista evolutivo, que estamos en mejores condiciones comunicacionales que nuestros antepasados de Neanderthal, que nunca pudieron superar un tosco sistema de señales preverbales?. La manía logorreica del hombre parece indicar que nos encontramos ante una actividad humana fundamental, pero ¿sirve el lenguaje a algún otro fin distinto al comunicacional?. ¿Hablamos por alguna otra razón distinta al hacernos entender?. Y más ¿qué queremos hacer entender?.
El mismo hecho de querer comunicar algo a alguien permite suponer que hay algo previo, que preexiste y que pretendemos comunicar. Ese algo que preexiste es el pensamiento. ¿Puede existir pensamiento sin lenguaje?. Es difícil de imaginar un proceso cognitivo dislocado del lenguaje, aun el más primitivo, sin embargo hay que hacer notar que cualquier emisión de señal comunicacional procede y es en si misma también un lenguaje preverbal. Si existe un "lenguaje" que articule estos procesos preverbales, es algo que pertenece a lo mistérico. Trate usted de explicar racionalmente el qué significa esa música que está oyendo en este momento y se hallará con esta dificultad. Es imposible explicar (traducir) los lenguajes preverbales al lenguaje verbal. Afortunadamente no nos hace ninguna falta porque disponemos de un registro emocional que nos permite eludir el sistema cognitivo y "comprender sin pensar", un proceso que llamamos intuición y también corazonada, quizá para distinguirlo gráficamente de todo proceso racional consciente.
Este procedimiento nos permite apresar y jerarquizar significados por medio de las emociones, y propicia una comprensión gestáltica, global y total de cualquier percepción, connotándola o tiñéndola afectivamente. (la importancia de este fenómeno se verá mas adelante) El lenguaje no sirve sólo para comunicar-se sino también para pensar, sin lenguaje no hay pensamiento. No me estoy refiriendo al lenguaje hablado, claro está, dado que un sordomudo puede pensar, me refiero más bien al lenguaje como matriz de significados distintos en cada idioma según su sintaxis. De manera que hablamos no sólo para comunicarnos sino también para saber qué pensar acerca de las cosas, para enriquecer de matices nuestra percepción siempre tosca y rudimentaria de la realidad, pegoteada al determinismo puro, para ir más allá de la tempestad de movimientos. Hablamos y a veces escribimos o leemos lo que otros escribieron para entendernos a nosotros mismos, como nos enseñaron los maestros de la curación por la palabra.
Cualquier forma de psicoterapia o interacción entre humanos se sostiene sobre la logorrea o la charla sin objetivos definidos ( el hablar por hablar, como decía Seferis). Dado que hablamos, entendemos como pensamos, pero también, -atención- nos confundimos y confundimos a los demás de cómo pensamos. Hablar sirve tanto para entenderse como para confundirse, esta es la esencia equívoca del lenguaje. La alienación que propicia cualquier símbolo. El símbolo que nos separa del determinismo puro y nos permite ser más fuertes en nuestro control sobre la naturaleza, es también un artefacto que nos conduce al error y al malentendido. Porque pensar y hablar son sinónimos de interpretar, nombrar lo ausente y permutar lo real por un símbolo que le es adjudicado por medio de un consenso social. Porque podemos hablar, podemos, mentir, engañar, disimular, fingir, callar. No todo en el lenguaje es ganancia evolutiva sin más al grito, la onomatopeya, al gemido o al susurro, desde el punto de vista de la precisión comunicativa, al menos es cierto que hay algún tributo que pagar a las ganancias de su adquisición. El lenguaje en cierto modo es un exceso de equipaje para el hombre y algunos autores creen que la esquizofrenia es desde el punto de vista evolutivo la representante nosológica más importante de este tributo.
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