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FUENTE: THE ANNALS OF PHARMACOTHERAPY. 2001;35(4)
Malek-Ahmadi, Parviz.
[artículo original] [17/9/2001]
Recientemente, numerosos tipos de interferón han sido aprobados y se encuentran disponibles en el mercado para el tratamiento de la hepatitis viral crónica, de ciertas enfermedades malignas y de la esclerosis múltiple. El beneficio terapéutico de estos agentes a menudo se ve dificultado por la presencia de graves efectos adversos que incluyen depresión, manía y deterioro cognitivo.
Los interferones representan un grupo de proteínas recombinantes liberadas por diversos tipos de células en respuesta a infecciones virales y estímulos antigénicos. Con gran variedad de efectos biológicos, se caracterizan por su participación en la defensa del huésped y su capacidad para inhibir la proliferación viral. Se los divide en dos grupos: tipo I, dentro del cual se incluyen los alfa, beta, omega y tau (sólo en ganado y ovejas) que se unen a un receptor común a todos; y tipo II, que incluye al interferón gamma, que tiene un receptor específico. Debido a sus potenciales efectos terapéuticos, el interferón ha sido utilizado en el tratamiento de un gran número de patologías. Sin embargo, los usos aprobados por la FDA son limitados: hepatitis viral crónica, algunas enfermedades malignas y esclerosis múltiple.
En este trabajo se realiza una revisión de los aspectos clínicos y teóricos de los trastornos afectivos asociados con el uso de interferón.
Materiales y métodos
Mediante la base de datos de medline y de búsquedas manuales, se seleccionaron estudios clínicos y de laboratorio, artículos de revisión, cartas, resúmenes y capítulos de libros sobre trastornos afectivos secundarios al uso de interferón procedentes de publicaciones en inglés de las últimas dos décadas.
Resultados
La observación clínica y la información resultante de las investigaciones sugieren que el tratamiento con interferón se asocia con la aparición de trastornos afectivos. Éstos suelen presentarse a pocos días o semanas de iniciado el tratamiento y tienden a ser dosis dependientes. El uso de interferón se asocia con depresión y con otros trastornos neuropsiquiátricos.
Dusheico categorizó los efectos adversos del interferón alfa en 4 grupos: efectos adversos leves a moderados que no requieren ajuste de dosis; leves a moderados que requieren ajuste de dosis; graves; e irreversibles. Dentro del grupo de efectos adversos graves se incluyen síntomas neuropsiquiátricos como ceguera cortical, convulsiones, ataxia, acatisia, parestesias, delirio y síntomas afectivos.
A comienzos de la década del 80 un grupo de investigadores finlandeses informó la presencia de retardo psicomotor, como efecto adverso neurotóxico secundario al uso de altas dosis de interferón en pacientes con esclerosis lateral amiotrófica.
Por su parte, Mc Donald y colaboradores realizaron un seguimiento en 27 pacientes con hepatitis B crónica tratados con interferón alfa. Los síntomas más comúnmente observados en este grupo fueron fatiga, falta de concentración, ansiedad y depresión.
La frecuencia de trastornos afectivos inducidos por el uso de interferón varía según los diferentes estudios. Fent y Zbinden informan la presencia de depresión como efecto adverso poco frecuente secundario al uso de interferón alfa, y no observable con interferón beta y gamma. Davis y colaboradores informan la presencia de depresión e irritabilidad con igual frecuencia en pacientes con hepatitis C crónica con y sin tratamiento con interferón alfa; y frecuencia muy baja (2%) para la depresión grave. Sin embargo, otros estudios, como el de Janik y Steits, señalan una incidencia más elevada (28%).
También la frecuencia de depresión en pacientes tratados con interferón beta (1a y 1b) es variable. Mohr y colaboradores informan una incidencia de síntomas depresivos del 41%. Por el contrario, Rudick y colaboradores señalan la presencia de unos pocos casos. En algunas oportunidades, los síntomas depresivos en pacientes tratados con interferón pueden ser graves e incapacitantes. De hecho, se han informado intentos de suicidio y suicidios consumados. Dado que no se puede predecir la aparición de síntomas depresivos, la disminución de la dosis o la suspensión del tratamiento puede ser útil en el alivio de los síntomas. También puede serlo el uso de agentes antidepresivos, especialmente inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (IRSS).
No obstante, algunos autores consideran que el interferón podría revertir los efectos terapéuticos de los antidepresivos. Por último, en caso de depresión grave con conductas suicidas, también se ha recomendado el empleo de la terapia electroconvulsiva (TEC).
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